domingo, 30 de diciembre de 2018

Biografía de los patriarcas hebreos: Jacob y Esaú.

Isaac sería el segundo de los patriarcas del pueblo de Israel. Su nombre significa "hará reír", y se debe a la hilaridad que produjo en su madre el anuncio del viajero de que concebiría un hijo, a una edad tan avanzada. Según el relato bíblico, Sara contaba 90 años en ese momento, y Abraham con 100.

Su esposa, Rebeca, contaba con sesenta años cuando dio a luz dos mellizos: Esaú y Jacob. La preferencia de Isaac por Esaú, el primogénito dio lugar a la historia de engaño de Jacob. En Génesis 27, se nos narra como Jacob compra la primogenitura de Esaú por un plato de lentejas, un día que este llegó hambriento a casa. Luego de esto, Rebeca obligó a Jacob a disfrazarse con piel de cordero para simular que era su velludo hermano y así obtener la bendición paterna de un casi ciego Isaac.
 Tras un período de carencias, Isaac emigra hacia Gerar, donde firma un tratado con el rey filisteo Abimelec, para luego afincarse y vivir en Beerseba, en donde renovó su alianza con HaShem.

Por su parte, Esaú juró que mataría a Jacob en cuanto su padre muriera, y anticipando esto, Rebeca le aconsejó a Jacob huir adonde su tío Labán, hasta que la furia de Esaú disminuyera. También le dijo que buscara una esposa mientras viviera allí. Cuando Jacob huyó, Esaú envió a su hijo Elifaz para que le matara y le despojara de todas sus pertenencias. Elifaz, célebre arquero, se hizo acompañar de sus dos tíos maternos para la persecución y alcanzó a Jacob en Siquem. Jacob le suplicó, entonces, que tomara todo lo que tuviera, pero le perdonara la vida, asegurándole que Dios consideraría su pillaje una acción justa, a lo que este accedió, dejándolo completamente desnudo, y llevándose el botín a casa, mas esa muestra de misericordia de Elifaz enfureció a Esaú.
En el camino a la ciudad de Harán, experimentó una extraña visión, en la que sostenía una escalera que llegaba hasta el cielo, una visión que es constantemente referida en las escrituras como "la escalera de Jacob". Desde la cima de la escalera, escuchó la Voz de Dios, que repetía muchas bendiciones hacia Jacob. Continuando su camino, llegó a Harán, encontrando a la mas joven de las hijas de su tío, su prima Raquel. Después de que Jacob hubiera vivido un mes con sus familiares, Labán le ofreció paga por la ayuda que le había dado. Jacob indicó que le serviría por siete años, pues no tenía dote que ofrecerle a cambio de la mano de Raquel, a lo cual Labán accedió.
Estos siete años le parecieron a Jacob "unos pocos días, por el amor que le tenía a ella". Pero una vez que se completó el tiempo establecido, Labán le dio su hija mayor, Lea, en su lugar. Por la mañana, cuando Jacob descubrió el cambio, se quejó ante Labán, quien dijo que en su país era inaceptable dar en matrimonio a la hija menor antes que a la mayor. Entonces, ofreció darle también a Raquel, mas sólo si permanecía con Lea, con lo que Jacob trabajó otros siete años. Una vez que se casó con ambas, "Jacob amó a Raquel y despreció a Lea". Y viendo Dios esto, hizo que Lea procreara muchos hijos, dando a luz  a Rubén, Simeón, Leví y Judá, antes de partir al desierto. Raquel, viendo que era incapaz de procrear un hijo, y celosa de su hermana, pidió a Jacob que tuviese hijos con su criada, Bilha, para poder tener un hijo a través de ella. Así hizo Jacob, y Bilha dio a luz a Dan y Neftalí. Así, Lea entró en celos, y pidió a Jacob también con su criada, Zilpa, que dio a luz a Gad y Aser. Entonces, Lea volvió a ser fértil y dio a luz a Isacar, Zabulón y Dina. Dios se acordó luego de Raquel, y le concedió dos hijos: José y Benjamín.
Para el tiempo en que nació José, Jacob deseaba volver a casa. No obstante, Labán notó que Dios le había bendecido sobremanera cuando él estuvo en su hogar, por lo que le rogó que se quedara. Labán ofreció pagarle, con lo que Jacob mencionó como posible pago, parte del hato de ganado de Labán, el cual había aumentado grandemente. Labán accedió, e inmediatamente le dio todas las reses que Jacob había solicitado.
Conforme el tiempo pasaba, los hijos de Labán se dieron cuenta de que Jacob tomaba la mejor parte de sus rebaños, además de que la actitud amistosa de Labán hacia Jacob había cambiado. Entonces, Dios le advirtió a Jacob que saliera de su pueblo, y después de una rápida consulta con sus esposas, partió sin dar aviso a Labán. Antes de marcharse, Raquel robó los ídolos religiosos de la casa de su padre. Labán, en gran ira, persiguió a Jacob durante siete días, pero la noche antes de que lograra alcanzarle, HaShem le habló en sueños, advirtiéndole de no hablarle mal a Jacob.
El día en que se encontraron en el monte Gilead, Labán acusó a Jacob de escabullirse con sus hijas, como si fueran cautivos, y le cuestionó sobre los ídolos robados, a lo que Jacob, sin saber nada del hurto de su mujer, le dijo que quien los hubiera robado debía ser muerto. Labán decidió, entonces, pedirle que le permitiera buscarlos, pero cuando este revisó la tienda de Raquel, ella los escondió sentándose sobre ellos.
Terminada la búsqueda, y queja de Jacob de por medio, ambos hicieron la paz y cada uno siguió por su camino.
Tan pronto se acercó a la Tierra Prometida,  Jacob envió un mensaje a su hermano Esaú. Sus sirvientes volvieron con la noticia de que Esaú se aproximaba con un ejército de 400 hombres. Siendo así, Jacob invocó a HaShem implorando protección, para luego voltearse a su familia y los que con ellos estaban ordenandoles quitar a los ídolos de en medio de sí.

"Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú" (Génesis 35:1).

Resulta conveniente, entonces, dar una breve explicación del porqué de la existencia de esos ídolos (en el texto original, "dioses ajenos") en la familia de Jacob.

Originalmente, su abuelo Abraham y su bisabuelo Taré adoraban a dioses ajenos (posiblemente el dios Anu), ya que hay que tener en cuenta que durante centurias, toda la región había estado influida por las religiones de origen cananeo, cuya deidad principal era El, dios mayor de los nómadas y, por ende, con funciones eminentemente éticas y sociales. Es descrito como tolerante y benigno.
Por otra parte, es sabido que, en la narrativa hebrea, fue Abraham llamado por HaShem, quien también llega a su mayordomo, a su sobrino Lot, a su sobrino Betuel, a su nieto Labán, y a su hijo Isaac.
Posteriormente, cuando Abraham  llega a Canaán, se encuentra con que los locales denominaban a su dios principal El, en diferentes combinaciones.

Todo parece, entonces, contribuir a la idea de un sincretismo entre el dios El y HaShem, según estudiosos.

Posteriormente, en el capítulo 35, la Biblia nos narra cómo Dios renombra a Jacob como Israel

Isaac murió a los 180 años de edad, 44 años después de que bendijera a Jacob y lo enviara a Labán a buscar esposa. En ese tiempo, ya José había sido liberado de prisión en Egipto y había sido nombrado gobernador de esas tierras.

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