lunes, 9 de julio de 2018

El Califato Abasí.

Hasta el siglo VIII, los abasíes no habían dado mucho de que hablar. Descendientes de Abbás, un tío del Profeta, habían apoyado del califa Ali, y no mantuvieron relaciones cordiales con los omeyas.
Era en base a su ascendencia que sostenían su aspiración al califato, y fue esta la que les permitió servirse de los grupos opuestos a los omeyas, que buscaban establecer como califa a un familiar de Muhammad, con lo que empezaron a conspirar en Kufa.
Para no cometer los mismos errores que en revueltas anteriores, se trasladaron al Jurasán, donde habían emigrado muchos árabes, enviando a Abu Muslim, un personaje misterioso que proclamó que los omeyas habían traído opresión, por lo que se necesitaba restituir el califato a sus legítimos dueños.
Mucha gente se unió a su ejército, y en el 748, aprovechando la debilidad de Marwan II, Abu Muslim conquista Merv, un año mas tarde Kufa, siendo proclamado califa Abu al-'Abbás Abdul·lah, también conocido como Al-Saffah (sucesor del conspirador inicial, Ibrahim bin Muhammad bin Ali, que había sido asesinado), para poco después vencer en la batalla del Zab. Abu Muslim fue ejecutado a causas de intrigas políticas cuatro años mas tarde.
El caso es que durante el reinado de Al-Saffah, la economía del país mejoró y la cultura floreció. Se tradujeron al árabe textos griegos, persas y siríacos, lográndose grandes avances científicos.
Excelente provisión heredaron sus descendientes, cuyos reinados no estuvieron sin embargo excentos de problemas.
Los jariyistas tomaron Mosul dos veces, siendo derrotados. Los bereberes volvieron a rebelarse en Ifriqiya y Al-Andalus, y en Fez, un rebelde llamado Idrís fundó el reino de los idrísidas. Para colmo de males, una sublevación en Túnez resultó en la dinastía de los aglabíes, con capital en Kairuán. Sin embargo, se logró controlar la situación.
En el año 803, el califa  Harún al-Rashid hizo pública su sucesión. Uno de sus hijos, Al-Amín, se convertiría en califa, mientras que su hermano Al-Mamun sería gobernador de Jurasán, con un gobierno independiente en la práctica. El resultado fue una catastrófica guerra civil, que se llamó la Cuarta Fitná, y que culminó con la derrota de Al-Mamún. Pero este no sería el fin del califato abasí.
Curiosamente, este llegó en el momento de mayor expansión del Islam, que había generado un aumento de las divisiones sectarias. Serían estas las que finalmente llevarían al fin del Imperio en el siglo XIII.

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