viernes, 20 de abril de 2018

La Armada Invencible.

En Latinoamérica tenemos la costumbre de aceptar y ademas de modo acrítico  la peor versión de la imagen del Imperio Español, una imagen fabricada por los enemigos del mismo que incluso los mismos españoles asumen como propia. Un buen ejemplo es la aventura de la Gran Armada (Que los españoles jamás llamaron así pero que los ingleses bautizaron de tal forma para realzar su victoria, fue ciertamente una campaña que salió mal. Pero no fue definitivamente la quintaescencia del comienzo del fin del Imperio Español, pese a que se ha asumido como tal.
En este artículo, me propongo contarles por que.

El de la Gran Armada es solo  un episodio de la guerra que enfrentó a España con Inglaterra entre 13
1583 y  1604, guerra que por cierto se saldó favorablemente para España en el Tratado de Londres. Las causas del conflicto hay que buscarlas en el ascenso de Inglaterra al rango de potencia europea en la segunda mitad del siglo XVI, durante el reinado de Isabel II. Desde el mismo momento de su subida al trono, Isabel se posicionó contra España en el escenario internacional, que España dominaba. El Imperio se acrecentaba año tras año, lo que se acentuaria tras heredar Felipe II  la corona portuguesa. La alianza con los Habsburgo alemanes era firme y también la que se tenía con un gran número de gobiernos italianos.
Para mayor ventura de Madrid, Francia se encontraba debilitada a causa de sus guerras de religión.
Además, por su persecución a los católicos, Isabel había sido excomulgada por el Papa Pío V en 1570. La reina, por su parte, alentaba la resistencia protestante en la difícil guerra que España mantenía en Flandes, así como las disenciones en Portugal contra Felipe II. Además de esto, los ataques piratas no dejaban de ser una molestia promovida desde la corte de Londres, que en la década de 1570, llegaron verdaderamente a irritar a su católica majestad. La guerra comenzó con el ataque de Drake a las costas peninsulares entre 1585 y 1587, y continuó con la expedición a las Azores. En el curso de la campaña del pirata se perdieron unos 100 buques de distintos calados, y aunque fue derrotado en La Palma, sus siguientes expediciones en Santo Domingo, San Agustín y Cartagena de Indias, las coronó con importantes victorias, lo que decidió a Felipe II a invadir Inglaterra, mas aún cuando se conoció la noticia de  la ejecución de la reina católica de Escocia, María Estuardo.
La  campaña empezó con malos auspicios, ya que el rey retiró a Don Álvaro de Bazán, el mejor marino de su época, del mando, al sospechar que el granadino retrasaba a propósito la puesta a punto de la flota. La dirección de la campaña le fue entregada entonces al duque de Medina  Sidonia.
La elección del monarca no podría haber sido mas desafortunada. El mismo Medina Sidonia reconoció su falta de experiencia, y sus mareos a bordo.
No mentía ni exageraba. La campaña fue un desastre, pero relativo. Emprendida en Julio de 1588, el balance fue de unas 37 naves perdidas de un total de 129, si bien la flota inglesa tambien sufrió enormes pérdidas ante las epidemias. Una flota inglesa que, contra la creencia popular, no era inferior en número de navíos ni de hombres, aunque si en número de cañones por un pequeño margen.  Un año después, en 1589, Isabel I ordenaría la conocida como contraarmada, que representaría un fracaso mucho mayor que el sufrido por la llamada Invencible.

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