domingo, 18 de marzo de 2018

Sobre el marxismo cultural.

En numerosas ocasiones en este blog he dejado en claro que creo que, en efecto, existe al menos la intención de parte de la izquierda de crear nuevos sujetos revolucionarios como resultado de la práctica desaparición del proletariado tras la irrupción del keynesianismo.
Sin embargo, creo que existe una mala comprensión en los círculos de derecha con respecto a lo que esto significa, hasta el punto de que algunos han llegado a utilizar el título de "marxismo cultural" para nombrar a este fenómeno.
Personalmente, prefiero no hacerlo así. ¿Porqué? Por una simple razón: El origen del término
Verán: 
El término parece provenir de un artículo intitulado New Dark Age: The Frankfurt School and Political Correctness, escrito en 1992 por Michael Minnicino en Fidelio (Una revista del Instituto Schiller, que forma parte del Movimiento LaRouche). En este artículo, el autor sugiere que la Escuela de Frankfurt, un grupo de intelectuales seniles, formaba parte de un grupo secreto y poderoso de izquierda que buscaba destruir y reemplazar la cultura occidental. Los medios que, según Minnicino, se emplean son los movimientos anti-racistas y feministas. Según él, todos los movimientos contraculturales de los años 60 eran orquestados por este omnipotente grupo en el que un viejo cascarrabias de apellido Adorno planificaba cómo dominar el mundo y movía las piezas de lo que ellos llaman ‘la Guerra Cultural’.

¿Y porqué esto no podría ser así? Pues, por que a la izquierda de la época le desagradaba profundamente la Escuela de Frankfurt.

Para marxistas radicales como Lukács, la Escuela de Frankfurt había disociado la teoría de la práctica y convertido a la filosofía en un puro ejercicio elitista. Y así fue: A excepción de Marcuse, los pensadores de Frankfurt se escondieron en la teoría en un momento en el que había protestas en todo el mundo occidental. La izquierda radical no les perdonó. Manifestantes entraban en sus clases, gritaban, destruían sus oficinas, escribían insultos en las paredes, entre otras cosas. En uno de sus últimos artículos, Adorno llega al punto de decir que esos manifestantes utilizan la liberación como pretexto ideológico para constreñir moralmente a otros a que se unan a su causa. De esta forma, él llegó a ver en estos movimientos una semilla de la personalidad autoritaria que llevó a Occidente a su mayor tragedia (El fascismo de la Alemania Nazi). Habermas, quien sería director de la Escuela luego de la muerte de Adorno, tildó a las protestas de ‘fascismo de izquierda’. Para Adorno, el verdadero acto radical es pensar y no crear caos.
Pero hay mas: En líneas generales, la Escuela de Frankfurt no buscaba destruir la cultura occidental en su totalidad.
Adorno veía a la familia como un espacio a proteger y como zona de resistencia contra el totalitarismo, Habermas se alió con la Iglesia Católica para promover su proyecto de integración cosmopolita, y Axel Honneth, el director actual de la Escuela de Frankfurt, considera a la familia, la amistad, la igualdad frente a la ley y a la solidaridad intra-grupal (Todo lo que el agrupa bajo el concepto de esferas de reconocimiento) como elementos básicos para la realización humana, la autonomía y el florecimiento.

Por supuesto, es innegable la agenda de influyentes pensadores como Marcuse, y el enorme gasto en subversión cultural de la KGB.
Es por esta razón que creo que en realidad, es necesario, sino descartar, redefinir el marxismo cultural.
El marxismo cultural, si aspira a ser un término académico, ha de entenderse como el resultado de la suma de los diferentes pensamientos de la Escuela de Frankfurt, el feminismo y el movimiento LGBT materializados en una hegemonía ideológica mas adecuadamente llamada neomarxismo.
Aún así, soy mas partidario de la primera opción.


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