lunes, 26 de marzo de 2018

Repartirse el mundo: De Teherán a Yalta.

Hubo un momento en el siglo XX en que el mapa del mundo cambió. Los viejos imperios  europeos perecieron para siempre y en su lugar emergieron dos grandes potencias. Y ese momento tiene dos nombres: Teherán y Yalta. Dos conferencias en que el mapa del globo cambió.
Y es que si. Estos fueron los dos esceenarios  en que el norteamericano Roosevelt, el soviético Stalin y el británico Churchill decidieron el mundo durante la Segunda Guerra Mundial. Todas las partes estuvieron de acuerdo en dos cosas: Primero, la necesidad de  coordinar esfuerzos para derrotar a Alemania y  Japón, la segunda, procurar que esa victoria fuera definitiva, de tal manera que Alemania no levantara  cabeza y Japón quedara reducido al estatuto de nación vasalla.
Ahora bien: Cada cual guardaba además ambiciones para su respectivo país, ambiciones que implicaban un perjuicio para sus otros dos socios. Comenzó así un complejo proceso de acuerdos y desacuerdos en que cada cual jugó sus cartas. Stalin necesitaba el apoyo de la industria americana y que sus socios abrieran un frente occidental en Europa para atrapar a Alemania entre dos fuegos. Churchill, por su parte, necesitaba que la oposición soviética quedara fortalecida en el Este para que Hitler no pudiera volverse contra Gran Bretaña en el Oeste, y pretendía además que la hegemonía americana en el Pacífico protegiera las posesiones imperiales británicas frente al Japón, y Roosevelt, en fin, necesitaba británicos y soviéticos para aplastar el poderío alemán en Europa y redefinir el mapa del mundo. Pero cada socio alentaba proyectos que inevitablemente lesionaban a los otros dos. Roosevelt quería desmantelar el Imperio Británico y convertir a los  Estados Unidos en una nueva potencia hegemónica mundial. Stalin ambicionaba  extender la influencia soviética en Europa, Asia Central y el Oriente Medio en perjuicio de los británicos. En cuanto a Churchill, que era el jugador menos fuerte de los tres, sus aspiraciones en Europa le oponían a los soviéticos y sus pretensiones de mantener el imperio chocaban contra los objetivos norteamericanos.  De  Yalta y Teherán salieron muchas decisiones fundamentales, el desembarco  de Normandía, la entrega de media Europa a Stalin, la aniquilación del poderío alemán, la creación de las Naciones Unidas.  Stalin propuso en Teherán ejecutar a cien mil oficiales alemanes, y Roosevelt le contestó que con cuarenta y nueve mil serían suficientes. El dato  da una idea de o que allí se ventiló. Poco después de Yalta Roosevelt moría y Churchill perdía las eleccones. Stalin quedaba solo.
Una conferencia ulterior, la de Postdam, terminará de dibujar el mapa, pero lo esencial, estaba sentado ya. Estados Unidos y la Unión Soviética serían los nuevos amos del mundo.

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