viernes, 3 de noviembre de 2017

¿Sobrevivirá el libre mercado a la revolución tecnológica?

El término automatización se refiere a la mecanización de procesos anteriormente realizados por seres humanos. Un proceso que, si bien es propio del capitalismo; se ha intensificado y se intensificará con el tiempo; hasta el punto de, según cada vez mas expertos; poner en jaque al sistema neoliberal que le hizo nacer.
Pero no todos están de acuerdo. El economista Javier Milei publicó el 4 de Abril del 2016; un artículo pretendiendo refutar la tesis de que los avances tecnológicos representarán una crisis para el mercado libre bajo el argumento de que, si bien las empresas podrán prescindir de ciertos empleos; el aumento de capacidad productiva se traducirá en un aumento de ganancias que servirá para realizar nuevas inversiones; y por tanto creará nuevos empleos.
En este artículo me propongo analizar esta argumentación; tendiente a comparar con el ludismo a las modernas preocupaciones sobre el impacto de los avances tecnológicos.
Hay que empezar por hablar un poco de un concepto conocido como singularidad tecnológica; que se refiere al punto en la historia de la inteligencia artificial en que esta adquiere la capacidad de autoperfeccionarse y de crear otras máquinas; volviéndose de esta forma mas inteligente y veloz de forma cada vez mas rápida.
Se cree que llegaremos hasta este punto en el año 2040; lo que nos lleva a preocuparnos por el hecho de que, en algún momento; nos veremos obligados a competir con una máquina que podrá inventar reemplazos para nosotros mas rápido de lo que podemos conseguir un empleo.
Y esto será especialmente cierto a partir del advenimiento de las computadoras cuánticas; de las que una sola tendría el mismo poder de procesamiento que todas las computadoras del mundo puestas juntas.
Pero incluso así el sistema podría empezar a tambalearse mucho antes de no tomarse las medidas necesarias. Esto por que la tesis de Milei presupone que todos los agentes productivos tendrán la misma capacidad de reacomodarse en el mercado en cuanto sean despedidos; lo cual no necesariamente es así. Tengamos en cuenta que, para eso; todos los agentes deberían aprender a tiempo y ordenadamente una nueva profesión; con toda la dificultad que eso implica. Cosa que, no está de mas decirlo; no sucede ni con los profesionales desempleados en la actualidad. Tal cosa requiere un enorme sacrificio; y en particular los grupos sociales desfavorecidos no podrán adaptarse a ello. También hay que plantearse el hecho de que en algún momento será simplemente mas rentable invertir en máquinas que en humanos; y que una caída del consumo en este punto es bastante predecible.
Por estas razones; es probable que una política keynesiana que aplique medidas como la renta báscia (De la que hablaré en un próximo artículo) sea lo ideal.
Es aquí donde se puede argumentar la falta de ética de una redistirbución; pero los argumentos en contra de la misma son mas bien débiles. Se apela en principio a la justicia; y en segundo lugar al que se requiere violencia para aplicarla. Sin embargo, nadie se ha preguntado cual es la razón para obedecer a estos principios aún a nuestro propio coste. "Yo soy yo y mis circunstancias" decía el maestro Ortega "si no las salvo a ellas; no me salvo yo". Ese es el único principio inescapable desde lo moral; y es el que, desde el nihilismo filosófico; he decidido adoptar como propio.
Siendo así; no hay, ni nunca habrá; una razón por la que yo no deba tratar de manipular mi entorno a mi favor en perjuicio de otros; PERO este siempre ha de estas limitado por su respuesta. En ese sentido; cosas como el robo, el asesinato o el excesivo sometimiento de otros son actos que podríamos considerar nocivos para el individuo.


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