viernes, 27 de octubre de 2017

Nación, fe y cohesión: Sobre la política del individuo primero.

Siguiendo a Baumann; la cultura moderna, que exalta la juventud y la ausencia de compromisos; ha generado como consecuencia lógica un rechazo por cualquier manifestación cultural que plantee una alternativa a ese ideal dionisíaco; siendo la expresión nacional y el nacionalismo como ideología el mejor ejemplo de ello. Que si retrógrado, que si opresivo; y tantas expresiones desfavorables mas lo coronan como una de las mas vapuleadas ideologías de la modernidad.
Modernidad que, sobre la base de la Ilustración; rechaza todo aquello que no pueda ser medido y justificado sobre la base argumentos racionales. Cosa positiva; pero que se ha manifestado en la práctica en un culto a la técnica que ha tenido numerosos efectos perniciosos.
Sin embargo ¿Es posible rescatar al nacionalismo y mas aún, a la importancia de la fe por medio de la razón? Pues si. 
La violencia está, a mircorescala; explotando en todas partes. La pérdida de lazos sociales genera en los individuos una sensación de inseguridad que conduce, como lógico resultado; a la postura de preferir atacar antes de ser agredido uno mismo. Y es testigo el hombre y la mujer promedio de mis palabras: ¿Temían sus padres que usted jugara en las calles por la noche? La respuesta la dictará la experiencia de cada uno; que es curiosamente similar en la mayoría de los individuos.
Hay otros efectos; como el desinterés por el bienestar colectivo, la soledad, la depresión e incluso el suicidio (En aumento e todas partes); que reflejan bastante bien los efectos de esta consecuencia de la postmodernidad. El mas peligroso es, desde luego; la despolitización de los individuos que conduce a una mayor capacidad para grupos de presión peligrosos para imponerse. Incluso puede dar lugar a una debilidad autopercibida de un individuo sin lazos a ser explotada por grupos de poder; e incluso por otras culturas; como se observa en la actual Europa que, con una mayoría que no tiene una familia muy unida; no es capaz de hacer frente a un grupo de cincuenta individuos con una identificación tribal potente.
Es en ese sentido que el pensamiento de comunidad que provee el sentimiento nacional y la religiosidad común pueden ser útiles a una sociedad; esto por supuesto siempre que la educación liberal sea capaz de detener y limitar los aspectos peligrosos de estas instituciones.
Y es que no debemos olvidar lo importante de las libertades individuales; especialmente las de expresión y asociación; sin que estas sean exacerbadas hasta lo antifuncional como se hace en la actualidad.

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