miércoles, 5 de diciembre de 2018

El don de la misericordia.

Si escribo esta última entrada de mi blog antes de retirarme de manera definitiva, es porque he sido testigo del revuelo que el escrito que la precede ocasionó, de las numerosas interrogantes acerca de cuál fue el destino de su autora, y de la preocupación de mas de una persona bienintencionada en la caja de comentarios. Es mi deber, entonces, poner las cosas en su lugar antes de irme dignamente.



Empiezo por decir lo obvio: no, no me suicidé, y aquí estoy para terminar con todo el drama. No tanto por mera soberbia, como cuando escribí la entrada anterior, sino mas bien porque he aprendido mucho desde mi última publicación, y creo que lo aprendido puede ser le útil a mas de uno.



Nos trasladamos hasta justo después del final de la mencionada publicación. Con lágrimas en los ojos, empecé a buscar los elementos con los que acometer tan terrible acto, y pensé en una soga para saltar con la que habría jugado de niña. Sin embargo, había un problema: no la había usado en años. Me tomó varios minutos buscarla entre cajones de viejos juguetes, que me produjeron una nostalgia enorme.

Cuando finalmente la encontré, me trasladé silenciosamente al patio de la casa, donde un árbol plantado por mi abuelo antes de morir me esperaba. Pero en medio de mi caminata, escuché como mi teléfono celular sonaba. No se porqué me volví. Quizá en el fondo, no quería morir. Quizá buscaba algo que me salvara.



El caso es que, al llegar y ver la pantalla, me extrañé al encontrarme con un número desconocido. Pese a todo, decidí responder.



-¿Hola? ¿Quién me llama?



-Hola, Amalia.-dijo una voz del otro lado-¿Cómo estás?



-¿Jorge? ¿Quién te pasó mi número?-pregunté, realmente sorprendida.



-Pues...es una larga historia. Estoy enterado de tu situación. Me preocupé, y quería saber si estabas bien.



Me propuse por un momento cortarle y seguir con lo que estaba haciendo. Pero, quizá por las razones anterior citadas, no lo hice.



-La verdad...-le dije-no, no estoy bien.



En los siguientes minutos, charlamos largo y tendido sobre lo que me había pasado, y de cómo me sentía al respecto. Él debe haberse asustado cuando le confesé que había estado a punto de ahorcarme, puesto que empezó a actuar como si tratara de mantenerme al teléfono. No me di cuenta de eso, sin embargo, hasta que oí la puerta abrirse, y a mi madre entrar, llamándome a gritos.



-¡Acá estoy!-le respondí, para su alivio. Ella se acercó hasta mí, y, para mi sorpresa, no me gritó ni me castigó, sino que se limitó a abrazarme.



Una hora mas tarde, yo me encontraba llorando de desesperación y miedo en sus brazos. Ella me consoló, y se disculpó conmigo por los golpes y las palabras duras de la última vez. Me pidió perdón por no haberme acompañado como tenía que hacerlo durante todos estos años, y me dijo que iba a estar bien, y que íbamos a salir de esta juntas.



Esa noche, poco antes de cenar, mantuve una conversación con Jorge, que me confesó que había sido nada menos que Sandra quien, aún ofendida por nuestra última conversación, le había pasado mi número para poder estar al tanto de lo que me ocurriera. Me vi realmente conmovida por su fidelidad a nuestra antigua amistad. Otra persona, seguramente hubiera pasado de mí como de la mierda después de tantos disgustos. En ese estado, decidí pedirle a Jorge que le dijera a Sandra que me desbloqueara, que necesitaba hablar con ella.



Pocos minutos después recibí un mensaje de Sandra:



-Ahora sí estás metida en un problema grave...-escribió, sin siquiera saludar.



-Sí...-le respondí yo, aún preocupada por lo que pudiera pasarme.-Tendría que haberte hecho caso.



-¿De qué querías hablar?-me respondió, queriendo ir directo al grano.



Me disculpé entonces por mi comportamiento inmaduro y altanero. Por el desprecio con el que la había tratado. Después de eso, comenzamos a charlar sobre cómo habían evolucionado nuestras vidas desde la última vez. Ella estaba enterada de lo grave de mi situación, y me recomendó cambiarme de colegio cuanto antes.



-Si te atrevés a volver, tu vida va a ser un infierno el resto del año.



-Lo sé. Lo voy a hablar con mi mamá cuanto antes.-dije, para luego sumirme otra vez en la melancolía-Pero la verdad-confesé-no creo que sirva de mucho.



-¿Por qué?-preguntó Sandra, confundida.-¿Por lo de la extorsión?



-Sí...-contesté-Me pregunto cómo pude ser tan tonta para permitir que usaran mi cuenta para eso. Ahora, no se que se va a hacer conmigo.



-Ami...-respondió Sandra.-Tenés quince años.



A continuación, me explicó que, dado el defectuoso sistema legal argentino, a lo sumo se me iba a multar o a dar servicio comunitario. Me sentí de repente mucho mas tranquila, aunque también perturbada, pensando en lo que estuve a punto de hacer por miedo a acabar detenida.



-Es una de esas cosas que no funcionan bien en este país. Así que no, no vas a ir a la cárcel. Aunque te lo merezcas.-bromeó ella.



Acordé con Sandra el encontrarnos afuera del colegio al día siguiente. Obviamente, no iba a asistir a clases para que me atacaran en grupo, así que estuve alrededor de una hora esperándola, en una plaza cercana.



Cuando finalmente llegó, nos sentamos en una banca, a la sombra de un gran árbol de flores rojas. Continuamos la charla anterior, cuyo eje lentamente pasó de mí a ella. Comenzó entonces, ignorando mi pleno conocimiento de él, a contarme sobre su peculiar enamoramiento frustrado.

Otra vez, el sentido de responsabilidad moral me invadió. Así que decidí, finalmente, confesar mi culpa. Le dije que había una cosa más por la que tenía que pedir perdón. Que yo lo había planeado todo, que estaba resentida por lo que me había hecho pasar.

Ella se enojó profundamente, hasta el punto de insultarme y alejarse de mí con paso veloz. Yo me arrepentí de haberle dicho eso, y me dirigí, llorando, a casa.

Esa noche, Sandra me escribió de nuevo.



-No puedo creer lo que hiciste. Sos una persona egoísta y desvergonzada. Así que jodete por lo que te vaya a pasar en adelante, y no cuentes conmigo.



-No.-me defendí.-No es así. Es verdad que fui una persona detestable, pero ya no lo soy. Se que ya muchas cosas me dejaste pasar, pero te prometo que esta va a ser la última.



Ella no respondió. Triste y temerosa de perder una amistad así, y sin tener nadie mas a quien recurrir, le escribí a Jorge, contándole lo que había pasado.



-La verdad, Sandra tiene razón en estar enojada.-me dijo. No podía discutir ese punto. Pese a todo, cedió a mis peticiones de hablar con ella.



Le pedí que me enviara secretamente capturas de la conversación. Y el siguió mis instrucciones.



-Jorge, no insistas. Es una persona que es mejor perderla que encontrarla. ¿Acaso te olvidaste de lo que te hizo a vos? Le importan un carajo las consecuencias que sus actos puedan tener para otros.



-Quizá  lo haya sido-respondió el.-Pero no te olvides de que tiene mi edad. Es una boluda de quince años, que se creyó demasiado y se dio contra un muro. Y ahora pide perdón. Eso no cualquiera lo hace. Está arrepentida de lo que hizo, y quiere enmendar las cosas.



-¿Y porqué eso me tendría que importar? ¿Acaso ella tuvo consideración con nosotros? ¿Y que hay de Marcos? ¿Hizo algo para frenar a sus amiguetes?



-Mira.-insistió Jorge-, soy de la filosofía de que todos algún día la vamos a cagar. Todos. Vos, yo, y el vecino. Y el día en que lo hagamos, todos quisiéramos que nos trataran con compasión y dulzura.



-Ella te hizo llorar por puro placer.-se defendió Sandra.-¿Por qué le seguís dando caña? Tené algo de dignidad.



-Porque está sola.-retrucó.-No tiene mas amigos que nosotros. Si yo la perdoné ¿Por qué vos no?



Sandra no respondió después de eso. Yo me sentí humillada por el tono condescendiente en que ambos hablaron de mí, pero no estaba en condiciones de quejarme. Simplemente me limité a dar las gracias, y a hacer otra cosa en lo que mi amiga juzgaba la situación.



Casi a medianoche, Sandra volvió a escribirme.



-Te perdono.-dijo, para mi sorpresa y alivio.-Hiciste un mal, pero rectificaste. Y no sería maduro de mi parte guardarte rencores.



El día del juicio, ella me acompañó junto con otras amigas para ver en qué resultaba todo. Yo estaba nerviosa, preocupada.

Al final de la cita, me había, sin embargo, tranquilizado. Se pedía contra cada uno de los participantes una compensación, cuantiosa, pero nada que nos fuera a arruinar.



Por la tarde, finalmente noté los mensajes que Raúl me había enviado tras mi repentina partida de su casa.



-Muñeca ¿Dónde estás? ¿Por qué te fuiste?



Decidí no contestar. Demasiado tiempo había perdido con ese imbécil, para ahora tener un escándalo amoroso.



Me sorprendí al darme cuenta de que, en todo este tiempo, mi madre no había dicho una palabra sobre mi familia paterna.



Ese mismo día la encaré. Le dije, esperando una nueva pelea, que ya era hora de hablar sobre el tema. Sin embargo, para mi sorpresa, ella no salió otra vez con evasivas, sino que en lugar de eso me dijo:



-Ami...podés verlos si querés. Pero por favor, no me insistas con que yo lo haga.



-Gracias-le dije, sonriendo.-Pero...¿Que pasó? ¿Por qué no querés verlos?



Ella se quedó en silencio durante unos segundos, para luego bajar la mirada y decir:



-Esa es una historia muy larga que te voy a contar algún día. Por ahora, disfruta de ellos lo mas que puedas.



Ese fin de semana visité a mis abuelos, para contarles todo lo acontecido, y pedirles disculpas por el engaño. Ángel, indignado en un primer momento, no tardó en compadecerse de mí al entender mi desesperada necesidad de amor paterno.

Poco antes de irme, él me dijo que iba a pasar a recogerme al día siguiente, que tenía una sorpresa para mí.



El Domingo por la mañana, me sorprendí al ver que tomábamos un camino distinto al usual. En pocos minutos, nos trasladamos a un sector de clase media-baja del conurbano bonaerense. Extrañada, decidí preguntar:

-¿A dónde vamos?

-Ya te vas a enterar.-me respondió él, en tono juguetón.

Pocos minutos mas tarde, me encontraba frente a un taller mecánico, tocando el timbre. Yo no lo podía creer.

Nos abrió una mujer rellena y de rostro amable, quien me enteraría mas tarde era mi madrastra. Ángel preguntó por un tal Juan, y ella nos hizo pasar a un comedor oscuro y sombrío.
Minutos mas tarde, vi la sombra de un hombre asomarse a través del pasillo. Hombre que, al vernos, me miró de pies a cabeza, escaneando cada detalle, para luego decir:

-Saliste tan hermosa como tu madre.

Durante todo la tarde nos mantuvimos charlando, poniéndonos al día. Ya cerca del anochecer, me decidí a hacerle la inevitable pregunta que no me había atrevido a hacer antes:

-¿Por qué te fuiste?-lo interrogué, titubeando. La cara del hombre cambió de inmediato. Y con un semblante entre serio y entristecido, me dijo:

-Amalia...antes que nada, perdoname por eso. Estuve mal. Fui un cobarde, y ahora me doy cuenta de mi error.

Se quedó en silencio durante varios segundos, en lo que yo lo miraba con un rostro tan condescendiente como las palabras que sobre a mí había dicho Jorge.

-No sé si tu tío te comentó algo-me dijo-pero en esa época, nosotros estábamos en la ruina. Debes saber ya que el país afrontaba una seria crisis, y nosotros no nos salvamos. Nuestro negocio familiar se había ido a la quiebra, y apenas teníamos para mantenernos a nosotros mismos. Así que cuando tu mamá quedó embarazada, yo estaba...asustadísimo. Y como buen adolescente pelotudo que era, no tuve mejor idea que irme. Te pido perdón.-me dijo, suplicante.

-Está bien, pa.-le dije, abrazándolo. No era como si yo no hubiera cometido multitud de errores para hacerme la exquisita.

El Sábado siguiente me retiré temprano de casa de mis abuelos. Sandra y las chicas habíamos sido invitadas a una fiesta de fin de año, y no estábamos dispuestas a faltar. Y como estaba solo y no tenía nada mejor que hacer, decidimos llevarnos a Jorge con nosotras.

Una vez en el lugar indicado, tuve un desagradable reencuentro con Raúl. En medio de la fiesta, en la que nos habíamos sentado en una de las mesas para conversar, se acercaron mis viejos amigos, quizá algo extrañados de verme junto a ellas. De entre ellos, se adelantó Raúl, quien me saludó, invitándome a bailar.

-No, gracias.-le respondí de manera seca. Ellos reaccionaron con risas y gestos burlones, en lo que él trataba de sacarme a la pista por la fuerza. Con un gesto violento, lo solté, gritándole:

-¡Basta! No tengo ganas ahora.

-¿Que te pasa?-me preguntó él-¿Que te volviste loca?

-Loca no sé. Pero cornuda no voy a ser de nuevo.-respondí, furibunda. Él se asombró ante mi respuesta, en lo que mis antiguos amigos se reían de la situación.-¿O porqué te crees que me fui de tu choza inmunda?

Él se enfureció y, sin pensárselo dos veces, me pegó una cachetada que me volteó el rostro. En ese preciso momento, Jorge se levantó y lo golpeó en la cara, comenzando una agresiva pelea que terminó con nosotros saliendo del lugar, evadiendo a los guardias.
Ya en casa de una de las chicas, empezamos a sanar al joven, quien sangraba profusamente por la nariz y la boca.

-No deberías volver a clases después de esto.-comentó Sandra.-No creo que Raúl te la deje pasar.

-Sí.-insistí.-De todos modos, gracias por haberme defendido.-le dije, mientras le revisaba el ojo. Estaba impresionada por ese brote de valentía. Tanto así, que en otras circunstancias hubiera empezado a interesarme por él.
Quien sí lo hizo, sin embargo, fue Sandra. Días mas tarde, charlando por celular, ella me confesó sus sentimientos hacia el muchacho. Se había enamorado al parecer de los mismos rasgos que a mí me resultaban repelentes. No era de sorprenderse, ahora que lo pienso. Si yo era una completa nerd cuando nos conocimos, ella había intensificado esa cualidad con el paso del tiempo.
Se pasaban horas charlando de asuntos tecnológicos, y con el paso del tiempo, fue surgiendo entre ellos una amistad comparable a la que Sandra tenía conmigo.
Así que no, no estaba sorprendida cuando un buen día, ella me escribió feliz, contándome que él se le había declarado por medio de una carta escrita a mano.
Semanas mas tarde, y tras los ires y venires de toda relación adolescente temprana, Sandra tenía ya su primera pareja.
En cuanto a mí, logré finalmente que mi madre accediera a reencontrarse con mi familia paterna.

-Sé que te producen malos recuerdos.-le dije, adivinando sus pensamientos.-Pero es inmaduro de tu parte dejar de encontrarte con gente que no tuvo nada que ver por eso.

-Ellos nunca hicieron nada por nosotros.-respondió, ella tan terca como yo lo habría estado semanas atrás.-Nos dejaron solas.

-¿Los dejaste?-le pregunté, inquisitivamente-A Ángel lo echaste de la casa cuando quiso venir a verme. ¿Por qué no les das una oportunidad de acercarse?

Días mas tarde, volvíamos de visitar a mis abuelos, y al llegar a casa, ella se encerró en su cuarto. No sirvió de mucho. Desde el mío, y manteniendo la puerta abierta, podía escucharla discutir con un abandónico padre arrepentido, al que finalmente, terminó por perdonar.

Si algo pude aprender de toda esta historia, es el peligro de dejarse llevar por el orgullo, y la necesidad de, sin embargo, ser pacientes para con quienes lo hagan. Como bien dijo Jorge, todos la vamos a cagar algún día, y todos quisiéramos, a su vez, que el resto cultivara el don de la misericordia para perdonarnos cuando lo hagamos.

Cierro así este, el testamento final de Isabella Couture, pidiendo disculpas a todos aquellos a quienes odié e hice que me odiaran. Pero por sobre suplicándoles que no se dejen consumir por tan nefastos sentimientos.

Atentamente: Amalia Gómez Irribarre.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Biografía de los patriarcas hebreos: Abraham e Isaac.

Se sabe que el judaísmo nació hace alrededor de 4.000 años atrás. Según la Biblia, el padre de todos los hebreos modernos es un personaje conocido simplemente como Abraham ( también llamado Avraham en hebreo, o Ibrahim, en árabe). Abraham nació al parecer en la ciudad de Ur Kasdim, mejor conocida como Ur de los Caldeos.
Según el relato bíblico, su padre, Taré, era de la décima generación desde Noé, a través de Sem, y sus hijos fueron Abraham, Nacor y Harán. Este último, cuyo hijo fue Lot, murió en su ciudad natal. Luego, Abraham se casó con Sara, su media hermana, quien era estéril. Tras estos eventos, Taré se trasladó hacia Canán junto a Abraham, Sara, y Lot, para asentarse en Jarán, Mesopotamia, donde Taré murió a los 205 años de edad. Tras la muerte de Taré, y según relata Génesis 12, cuando Abraham contaba ya 75 años, Dios le ordenó abandonar su tierra e ir "al país que Yo te indicaré", donde convertiría a Abraham y su descendencia en un gran pueblo.
Es así como Abraham, Sara y Lot se trasladan de Jarán hasta Canaán con todo lo que pudieron llevar. Allí, en el encinar de Siquem, HaShem le dio a Abraham tierra a el y su posteridad. Abraham construyó, entonces, un altar dedicado a Dios y continuó su viaje por el desierto de Neguev.

La tradición judía, por su parte, hace algunas adiciones a esta historia. Según algunas fuentes, Taré era nada mas y nada menos que un vendedor de ídolos. Un "santero" de la Antiguedad.
Cuenta el Talmud que, en una ocasión, Abraham tuvo una suerte de inquietud espiritual que le llevó a buscar a una deidad suprema, hacedora de todo. Dicen los judíos que, en primer lugar, vio en el Sol al creador supremo. Y adoró al Sol durante todo el día, mas cuando este se ocultó, y vio Abraham que su ídolo era desplazado, concluyó que la Luna debía ser el dios que buscaba. Y adoró a la Luna durante toda la noche, hasta que esta fue también, naturalmente, desplazada. Así es como el primer padre de Israel concluyó que debía haber algo mas. Porque es un ciclo. Y es así como decidió, "voy a adorar a Aquél que hace que esto pase". Y este es, querido lector, el comienzo del monoteísmo según muchos judíos. La historia con frecuencia se usa como ejemplo de conversión de un pagano al monoteismo. Y es que enseñan también los rabinos que es mayor la recompensa para un pagano convertido que para un monoteísta de toda la vida.

El caso es que de Neguev Abraham viajo a Egipto. Y es aquí donde al parecer nota que su mujer es hermosa a los ojos de los hombres. En efecto: Los príncipes de Egipto empiezan a codiciarla, con lo que Abraham le dice que se presente como su hermana y no como su esposa, ya que podrían ser asesinados. Es aquí donde el mismísimo faraón de Egipto la toma para sí, y trata muy bien a Abraham, concediéndole ganados, ovejas, asnos, siervos y camellos. Pero el faraón es maldecido por Dios. El faraón increpa a Abraham por no haberle revelado que Sara era su esposa, y le expulsa de Egipto con todas sus pertenencias.
 La segunda ocasión en que esto sucede es con Abimelec, quien se siente atraído por Sara, e intenta casarse con ella. Como en la ocasión anterior, Dios lo maldice y Abraham termina recibiendo gran riqueza a cambio de irse.

Tras el período pasado en Egipto, Abraham, Sara y su sobrino Lot regresaron a Hai en Canaán, donde vivieron por algún tiempo, incrementándose sus rebaños, hasta que surgió la discordia entre los pastores de Abraham y los de Lot. Abraham propuso entonces que se separaran, permitiendo a Lot que eligiera en primer lugar. Lot eligió la tierra fértil al este del río Jordán, y cerca de Sodoma y Amora (Sodoma y Gomorra). Abraham, por su parte, eligió Canaán, trasladándose al encimar de Mambré, cerca de Hebrón, donde construyó un altar a Dios.
Después de esto, una fuerza invasora llega desde la Mesopotamia septentrional, dirigida por Codorlaomor, rey de Elam, atacó y sometió a tributo a las ciudades de la llanura, forzándolas a pagar tributo. Después de doce años, las ciudades se rebelaron. Al año siguiente Codorlaomor y su ejército regresaron, tomando numerosos cautivos, entre ellos, Lot. Abraham reunió a sus hombres y derrotó al enemigo cerca de Damasco, persecución de por medio. Es a su regreso cuando se produce el encuentro con Melquisedec.

En Génesis 14, Melquisedec es rey de Salem y sumo sacerdote. En la epístola a los hebreos, San Pablo deja en claro que el nuevo sacerdocio es ya no el aarónico, sino uno al estilo de Melquisedec, quien apareciéndose a Abraham, y participando del pan y el vino en aquel encuentro trascendental, le bendijo, y a quien Abraham dio diezmos de todo.
Melquisedec significa "rey de justicia" y también "rey de Salem", esto es, "rey de paz".
Según algunos cristianos, Melquisedec es una cristofanía, es decir, una aparición de Cristo previa a su encarnación.
El caso es que con este encuentro, Abraham reforzó su relación con Dios, quien le bendijo sobremanera.

Melquisedec es visto por algunas versiones de la cristiandad, debido al pan y al vino que le dio a Abraham como un sacerdote profeta que ejecutó por primera vez el mandato del Mesias, siendo así el primer sacerdote cristiano. Es por ello que al sacerdocio de algunas vertientes del cristianismo se le da el nombre de Sacerdocio de Melquisedec.
En la tradición judía, Melquisedec es nadie mas ni nadie menos que Sem, hijo de Noé, quien habría sobrevivido hasta esos días.

El caso es que el rey de Sodom le ofrece a Abraham el diezmo de los bienes recuperados como recompensa, a lo que este se niega para que el monarca no pudiera atribuirse el haberlo enriquecido.

Durante esta época, Sara, siendo estéril, le ofreció a Abraham a su esclava Agar. Agar concibe, y Sara, celosa, la trata con dureza, forzándola a huir. Cuando está en el desierto, Dios se le presenta y le dice: "Vuelve a tu señora y humíllate bajo su mano", pero prometiéndole que su hijo será el padre de una muchedumbre. ¿Su hijo? El famoso Ismael, padre de los árabes.

Cuando Abraham cuenta 99 años, el Eterno se le presenta de nuevo y confirma su pacto con él: Sara dará a luz a un hijo que será llamado Isaac, y la descendencia de Abraham deberá, desde entonces, circuncidarse. Es entonces cuando le dice que ya no se llamará Abram (su nombre hasta el momento), sino Abraham, y que ya no se referirá a su mujer como Sarai, sino como Sara.

Finalmente, y en cuanto a Ismael, dice que engendrará doce príncipes, que se convertirán en una gran nación.

Es curiosa la forma en que el Talmud nos narra los detalles de estos eventos. Según este, los genitales de Abraham estaban cubiertos por una membrana, lo que sumado a la esterilidad de Sara, hace de la concepción de Isaac algo mas que interesante. No está de mas tampoco señalar que, de hecho, la palabra hebrea para "circuncisión" (brit milah) significa literalmente "pacto", siendo, en efecto, la circuncisión el sello de aquél pacto de Dios con el pueblo judío en su teología.

En el capítulo 18 se narra la aparición de Mambré, en que HaShem se presenta a Abraham junto al encinar de Mambré, acompañado por dos ángeles, los tres con forma humana. Acoge a estos huéspedes en su casa, y en la comida uno de ellos reitera que Sara tendrá un hijo dentro de un año. Se marchan, entonces, hacia Sodoma, en compañía de Abraham, quien intercede ante HaShem para que este no destruya la ciudad por un puñado de pecadores. Así, comienza a "regatear" con Dios hasta que Este acepta no destruir la ciudad si en ella se encuentran diez hombres justos.

Los dos ángeles se trasladan a Sodoma, donde Lot los recibe en casa. Pronto se reúne una multitud en torno a la casa de Lot, exigiéndole que les entregue a sus visitantes, para poder así abusar de ellos.

Lot les ofrece, entonces, a sus hijas, pero estos, enfadados, intentan romper la puerta hasta que los ángeles los hieren de ceguera. Por la mañana, le dicen a Lot que no mire hacia atrás mientras que las ciudades son destruidas. Sin embargo, su mujer desobedece y queda convertida en estatua de sal.

Después de estos eventos, Lot se traslada a Zoar, ciudad que los ángeles de Dios le habían dicho que no destruirían. Sin embargo, Lot teme vivir en Zoar (quizá por ser esta la única ciudad sobreviviente), y se traslada al monte a vivir con sus hijas en una cueva, donde estas, temiendo no tener descendencia, lo emborrachan y copulan con él, la mayor la primera y la menor la segunda noche, sin que este se diera cuenta. De esa manera, las dos concibieron de su padre y tuvieron descendencia. El primero de los hijos fue llamado Moab (del hebreo, "del padre"), y el segundo, Ammon o Ben-Ammi, (en hebreo, "hijo de mi gente"). El primero fundaría la nación de los moabitas, y el segundo, la de los ammonitas.

Abraham, por su parte, que habita para estas alturas como forastero en Gerar, hace un pacto con el rey Abimelec. Es entonces cuando nace Isaac, de una Sara estéril y de avanzada edad, el cual es considerado el único heredero, quien sería padre de Esaú (Esav, en hebreo) y de Jacob (Ya'akov, en el mismo idioma), mas adelante bautizado como Israel.

El personaje de Abraham es conocido por muchos nada mas ni nada menos que por el relato del sacrificio de su hijo, Isaac, a Dios. Algún tiempo después de su nacimiento, el Eterno le ordena a Abraham que sacrifique a Isaac en la región de Moriah. Según la exégesis, este relato parece justificar o enfatizar el abandono de la práctica cananea de sacrificar al primogénito. Se tiene la creencia de que Isaac era un niño cuando HaShem le ordenó a Abraham sacrificarlo. Esto es así porque la palabra usada en el texto bíblico es "muchacho" (naár), con lo que debemos estar hablando de un individuo en la edad de la infancia o adolescencia. El patriarca viajó durante tres días hasta que encontró el túmulo que Dios le mostró. Ordenó al siervo que esperara mientras él e Isaac subían solos a la montaña, con Isaac cargando la leña con que habrían de sacrificarlo. A lo largo del camino, el infante le pregunta su padre una y otra vez donde está el animal para el sacrificio. Abraham respondía que Dios les proveería de uno. Justo cuando Abraham iba a sacrificar a su hijo, el ángel del Señor se lo impidió diciendo: "No extiendas tu mano contra el niño, ni le hagas nada; pues ahora conozco que eres temeroso de Dios", y, ahí mismo, le dio un carnero que sacrificó en lugar de a Isaac. Como recompensa por su obediencia, recibió otra promesa de una numerosa descendencia y prosperidad.

Después de esto, en lugar de volver a Hebrón, campamento de Sara, se trasladó a Beerseba, al campamento de Quetura, y es allí a donde el siervo de Abraham llevó a Rebecca, sobrina segunda de Isaac por parte de padre que se convirtió en su esposa.

Sara murió a los 127 años de edad, y fue enterrada en la Caverna de los Patriarcas, cerca de Hebrón, que Abraham había comprado a  Efrón el jeteo, junto con el campo adyacente. Abraham, a causa de este hecho probablemente, recordó su propia ancianidad y la incertidumbre de su vida, ordena a un siervo tradicionalmente reconocido como Eliezer viajar a Mesopotamia, para encontrar entre la parentela de Abraham a una mujer para Isaac, regresando con Rebeca, hija de Batuel, nieta de Najor, y en consecuencia, sobrina-nieta de Abraham y sobrina segunda de Isaac. Muchos comentaristas consideran que Isaac contaba ya cuarenta años cuando ambos se casaron, mientras que Rebeca era todavía una niña.

Abraham vivió durante bastante tiempo después de estos acontecimientos. Tras la muerte de Sara, se casó con Cetura y tuvo con ella seis hijos: Zimrán, Jocsán, Medán, Madián, Isbac, y Súa.

Murió a los 175 años de edad, siendo enterrado en Hebrón, junto a su antigua mujer.

A su muerte, sería Isaac quien se llevaría toda su herencia, mientras que sus hermanos y medio hermanos, recibirían sólo regalos.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Historia del cristianismo: Los orígenes de la civilización occidental. Tomo I: Entre Abraham y Jesús.






Introducción

El cristianismo es, sin lugar a dudas, el mas complejo de los fenómenos religiosos. Con mas de 27.000 versiones del mismo, hablamos de la segunda religión mas extendida del planeta, por debajo del Islam, que ya se trató en otra de mis obras.  Se trata de una fe conocida, en sus cimientos, por todo el mundo, pero por muy pocos en detalle. En las siguientes páginas, constatará el lector la veracidad de esta afirmación. 
¿Cual es el orígen de las diferentes versiones de la fe predicada por Jesús de Nazaret? ¿Existió tal persona? ¿Cómo surgió la cristiandad? ¿Cómo fue su evolución temprana? Si quiere conocer usted la respuesta a esta y otras preguntas, sea bienvenido a Historia del Cristianismo: Los Orígenes de la Civilización Occidental, tomo I.

Índice

1.¿Cómo surgió el cristianismo?
1.1. Antecedentes.
1.1.1.El judaísmo.
1.1.1.1.Abraham.
1.1.1.2.Jacob y Esaú.
1.1.1.3.José.
1.1.1.4.Moisés.
1.1.1.5.Josué.
1.1.1.6.Jueces.
1.1.1.6.1.Otoniel.
1.1.1.6.2.Aod.
1.1.1.6.3.Samgar.
1.1.1.6.4.Débora.
1.1.1.6.5.Gedeón.
1.1.1.6.6.Abimelec.
1.1.1.6.7.Tola.
1.1.1.6.8.Jaír de Galaad.
1.1.1.6.9.Jefté.
1.1.1.6.10.Ibzán.
1.1.1.6.11.Elón.
1.1.1.6.12.Abdón.
1.1.1.6.13.Sansón.
1.1.1.7.Samuel.
1.1.1.8.Reyes de Israel.
1.1.1.8.1.Saúl.
1.1.1.8.2David.
1.1.1.8.3Salomón.
1.1.1.8.4Jeroboam I.
1.1.1.8.5.Omrí.
1.1.1.8.6.Acab.
1.1.1.8.6.Ocozías.
1.1.1.8.7.Joram de Israel.
1.1.1.8.8.Jehú.
1.1.1.8.9.Joacaz de Israel.
1.1.1.8.10.Joás.
1.1.1.8.11.Jeroboam II.
1.1.1.8.12.Zacarías de Israel.
1.1.1.8.13.Sellum.
1.1.1.8.14.Menajem.
1.1.1.8.15.Pecajías.
1.1.1.8.16.Pecaj.
1.1.1.8.17.Oseas.
1.1.1.9.Reyes de Judá.
1.1.1.9.1.Roboam.
1.1.1.9.3.Asá.
1.1.1.9.4.Josafat.
1.1.1.9.5.Jorám de Judá.
1.1.1.9.6.Ocozías de Judá.
1.1.1.9.7.Atalía.
1.1.1.9.8.Joás de Judá.
1.1.1.9.9.Amasías.
1.1.1.9.10.Ozías.
1.1.1.9.11.Jotán de Judá.
1.1.1.9.12.Ajaz.
1.1.1.9.13.Ezequías.
1.1.1.9.14.Manasés.
1.1.1.9.15.Amón.
1.1.1.9.16.Josías.
1.1.1.9.17.Joaquim.
1.1.1.9.18.Jeconías.
1.1.1.9.19.Sedecías.
1.1.1.10.Los profetas.
1.1.1.10.1.Profetas mayores.
1.1.1.10.1.1.Isaías.
1.1.1.10.1.2.Jeremías.
1.1.1.10.1.3.Ezequiel.
1.1.1.10.1.4.Daniel.
1.1.1.10.2.Profetas menores.
1.1.1.10.2.1.Oseas.
1.1.1.10.2.2.Joel.
1.1.1.10.2.3.Amós.
1.1.1.10.2.4.Abdías.
1.1.1.10.2.5.Jonás.
1.1.1.10.2.6.Miqueas.
1.1.1.10.2.7.Nahum.
1.1.1.10.2.8.Habacuc.
1.1.1.10.2.9.Sofonías.
1.1.1.10.2.10.Hageo.
1.1.1.10.2.11.Zacarías.
1.1.1.10.2.11.Malaquías.
1.1.1.11.Dios en el judaísmo. Evolución del concepto.
1.1.1.12.Historia de los judíos en Israel tras la caída de los dos reinos.
1.1.1.13.El Mesías.
1.1.1.14.El Talmud.
1.1.1.15.Fariseos, saduceos, esenios y zelotes.
1.2.Jesús de Nazaret.
1.2.2.El judaísmo y la mesianidad de Jesús.
1.2.3.Controversia con respecto a su existencia.


1.¿Cómo surgió el cristianismo.

El cristianismo surge, como es sabido por todos, en algún punto alrededor del año 0. Sin embargo, sus antecedentes son mucho mas antiguos. Los conceptos de los que se desprende la fe cristiana se retrotraen hasta hace 4.000 años atrás. En este primer capítulo, exploraremos los orígenes primero del judaísmo, madre de la fe cristiana, y luego, como extensión, del cristianismo hasta llegar a Jesús de Nazaret y sus discípulos.

1.1.Antecedentes.
1.1.1.El judaísmo.
El judaísmo es la religión mas antigua entre las que han influido al Occidente moderno, y, en mi opinión, una de las más interesantes. Tanto por su mística, como por haber introducido la noción de un único Dios que con su poder alcanza a todo el Universo, merece una posición privilegiada en cualquier estudio sobre religiones occidentales. Y este no es, naturalmente, la excepción.

1.1.1.1.Abraham e Isaac.

Se sabe que el judaísmo nació hace alrededor de 4.000 años atrás. Según la Biblia, el padre de todos los hebreos modernos es un personaje conocido simplemente como Abraham ( también llamado Avraham en hebreo, o Ibrahim, en árabe). Abraham nació al parecer en la ciudad de Ur Kasdim, mejor conocida como Ur de los Caldeos.
Según el relato bíblico, su padre, Taré, era de la décima generación desde Noé, a través de Sem, y sus hijos fueron Abraham, Nacor y Harán. Este último, cuyo hijo fue Lot, murió en su ciudad natal. Luego, Abraham se casó con Sara, su media hermana, quien era estéril. Tras estos eventos, Taré se trasladó hacia Canán junto a Abraham, Sara, y Lot, para asentarse en Jarán, Mesopotamia, donde Taré murió a los 205 años de edad. Tras la muerte de Taré, y según relata Génesis 12, cuando Abraham contaba ya 75 años, Dios le ordenó abandonar su tierra e ir "al país que Yo te indicaré", donde convertiría a Abraham y su descendencia en un gran pueblo.
Es así como Abraham, Sara y Lot se trasladan de Jarán hasta Canaán con todo lo que pudieron llevar. Allí, en el encinar de Siquem, HaShem le dio a Abraham tierra a el y su posteridad. Abraham construyó, entonces, un altar dedicado a Dios y continuó su viaje por el desierto de Neguev.

La tradición judía, por su parte, hace algunas adiciones a esta historia. Según algunas fuentes, Taré era nada mas y nada menos que un vendedor de ídolos. Un "santero" de la Antiguedad.
Cuenta el Talmud que, en una ocasión, Abraham tuvo una suerte de inquietud espiritual que le llevó a buscar a una deidad suprema, hacedora de todo. Dicen los judíos que, en primer lugar, vio en el Sol al creador supremo. Y adoró al Sol durante todo el día, mas cuando este se ocultó, y vio Abraham que su ídolo era desplazado, concluyó que la Luna debía ser el dios que buscaba. Y adoró a la Luna durante toda la noche, hasta que esta fue también, naturalmente, desplazada. Así es como el primer padre de Israel concluyó que debía haber algo mas. Porque es un ciclo. Y es así como decidió, "voy a adorar a Aquél que hace que esto pase". Y este es, querido lector, el comienzo del monoteísmo según muchos judíos. La historia con frecuencia se usa como ejemplo de conversión de un pagano al monoteismo. Y es que enseñan también los rabinos que es mayor la recompensa para un pagano convertido que para un monoteísta de toda la vida.

El caso es que de Neguev Abraham viajo a Egipto. Y es aquí donde al parecer nota que su mujer es hermosa a los ojos de los hombres. En efecto: Los príncipes de Egipto empiezan a codiciarla, con lo que Abraham le dice que se presente como su hermana y no como su esposa, ya que podrían ser asesinados. Es aquí donde el mismísimo faraón de Egipto la toma para sí, y trata muy bien a Abraham, concediéndole ganados, ovejas, asnos, siervos y camellos. Pero el faraón es maldecido por Dios. El faraón increpa a Abraham por no haberle revelado que Sara era su esposa, y le expulsa de Egipto con todas sus pertenencias.
 La segunda ocasión en que esto sucede es con Abimelec, quien se siente atraído por Sara, e intenta casarse con ella. Como en la ocasión anterior, Dios lo maldice y Abraham termina recibiendo gran riqueza a cambio de irse.

Tras el período pasado en Egipto, Abraham, Sara y su sobrino Lot regresaron a Hai en Canaán, donde vivieron por algún tiempo, incrementándose sus rebaños, hasta que surgió la discordia entre los pastores de Abraham y los de Lot. Abraham propuso entonces que se separaran, permitiendo a Lot que eligiera en primer lugar. Lot eligió la tierra fértil al este del río Jordán, y cerca de Sodoma y Amora (Sodoma y Gomorra). Abraham, por su parte, eligió Canaán, trasladándose al encimar de Mambré, cerca de Hebrón, donde construyó un altar a Dios.
Después de esto, una fuerza invasora llega desde la Mesopotamia septentrional, dirigida por Codorlaomor, rey de Elam, atacó y sometió a tributo a las ciudades de la llanura, forzándolas a pagar tributo. Después de doce años, las ciudades se rebelaron. Al año siguiente Codorlaomor y su ejército regresaron, tomando numerosos cautivos, entre ellos, Lot. Abraham reunió a sus hombres y derrotó al enemigo cerca de Damasco, persecución de por medio. Es a su regreso cuando se produce el encuentro con Melquisedec.

En Génesis 14, Melquisedec es rey de Salem y sumo sacerdote. En la epístola a los hebreos, San Pablo deja en claro que el nuevo sacerdocio es ya no el aarónico, sino uno al estilo de Melquisedec, quien apareciéndose a Abraham, y participando del pan y el vino en aquel encuentro trascendental, le bendijo, y a quien Abraham dio diezmos de todo.
Melquisedec significa "rey de justicia" y también "rey de Salem", esto es, "rey de paz".
Según algunos cristianos, Melquisedec es una cristofanía, es decir, una aparición de Cristo previa a su encarnación.
El caso es que con este encuentro, Abraham reforzó su relación con Dios, quien le bendijo sobremanera.

Melquisedec es visto por algunas versiones de la cristiandad, debido al pan y al vino que le dio a Abraham como un sacerdote profeta que ejecutó por primera vez el mandato del Mesias, siendo así el primer sacerdote cristiano. Es por ello que al sacerdocio de algunas vertientes del cristianismo se le da el nombre de Sacerdocio de Melquisedec.
En la tradición judía, Melquisedec es nadie mas ni nadie menos que Sem, hijo de Noé, quien habría sobrevivido hasta esos días.

El caso es que el rey de Sodom le ofrece a Abraham el diezmo de los bienes recuperados como recompensa, a lo que este se niega para que el monarca no pudiera atribuirse el haberlo enriquecido.

Durante esta época, Sara, siendo estéril, le ofreció a Abraham a su esclava Agar. Agar concibe, y Sara, celosa, la trata con dureza, forzándola a huir. Cuando está en el desierto, Dios se le presenta y le dice: "Vuelve a tu señora y humíllate bajo su mano", pero prometiéndole que su hijo será el padre de una muchedumbre. ¿Su hijo? El famoso Ismael, padre de los árabes.

Cuando Abraham cuenta 99 años, el Eterno se le presenta de nuevo y confirma su pacto con él: Sara dará a luz a un hijo que será llamado Isaac, y la descendencia de Abraham deberá, desde entonces, circuncidarse. Es entonces cuando le dice que ya no se llamará Abram (su nombre hasta el momento), sino Abraham, y que ya no se referirá a su mujer como Sarai, sino como Sara.

Finalmente, y en cuanto a Ismael, dice que engendrará doce príncipes, que se convertirán en una gran nación.

Es curiosa la forma en que el Talmud nos narra los detalles de estos eventos. Según este, los genitales de Abraham estaban cubiertos por una membrana, lo que sumado a la esterilidad de Sara, hace de la concepción de Isaac algo mas que interesante. No está de mas tampoco señalar que, de hecho, la palabra hebrea para "circuncisión" (brit milah) significa literalmente "pacto", siendo, en efecto, la circuncisión el sello de aquél pacto de Dios con el pueblo judío en su teología.

En el capítulo 18 se narra la aparición de Mambré, en que HaShem se presenta a Abraham junto al encinar de Mambré, acompañado por dos ángeles, los tres con forma humana. Acoge a estos huéspedes en su casa, y en la comida uno de ellos reitera que Sara tendrá un hijo dentro de un año. Se marchan, entonces, hacia Sodoma, en compañía de Abraham, quien intercede ante HaShem para que este no destruya la ciudad por un puñado de pecadores. Así, comienza a "regatear" con Dios hasta que Este acepta no destruir la ciudad si en ella se encuentran diez hombres justos.

Los dos ángeles se trasladan a Sodoma, donde Lot los recibe en casa. Pronto se reúne una multitud en torno a la casa de Lot, exigiéndole que les entregue a sus visitantes, para poder así abusar de ellos.

Lot les ofrece, entonces, a sus hijas, pero estos, enfadados, intentan romper la puerta hasta que los ángeles los hieren de ceguera. Por la mañana, le dicen a Lot que no mire hacia atrás mientras que las ciudades son destruidas. Sin embargo, su mujer desobedece y queda convertida en estatua de sal.

Después de estos eventos, Lot se traslada a Zoar, ciudad que los ángeles de Dios le habían dicho que no destruirían. Sin embargo, Lot teme vivir en Zoar (quizá por ser esta la única ciudad sobreviviente), y se traslada al monte a vivir con sus hijas en una cueva, donde estas, temiendo no tener descendencia, lo emborrachan y copulan con él, la mayor la primera y la menor la segunda noche, sin que este se diera cuenta. De esa manera, las dos concibieron de su padre y tuvieron descendencia. El primero de los hijos fue llamado Moab (del hebreo, "del padre"), y el segundo, Ammon o Ben-Ammi, (en hebreo, "hijo de mi gente"). El primero fundaría la nación de los moabitas, y el segundo, la de los ammonitas.

Abraham, por su parte, que habita para estas alturas como forastero en Gerar, hace un pacto con el rey Abimelec. Es entonces cuando nace Isaac, de una Sara estéril y de avanzada edad, el cual es considerado el único heredero, quien sería padre de Esaú (Esav, en hebreo) y de Jacob (Ya'akov, en el mismo idioma), mas adelante bautizado como Israel.

El personaje de Abraham es conocido por muchos nada mas ni nada menos que por el relato del sacrificio de su hijo, Isaac, a Dios. Algún tiempo después de su nacimiento, el Eterno le ordena a Abraham que sacrifique a Isaac en la región de Moriah. Según la exégesis, este relato parece justificar o enfatizar el abandono de la práctica cananea de sacrificar al primogénito. Se tiene la creencia de que Isaac era un niño cuando HaShem le ordenó a Abraham sacrificarlo. Esto es así porque la palabra usada en el texto bíblico es "muchacho" (naár), con lo que debemos estar hablando de un individuo en la edad de la infancia o adolescencia. El patriarca viajó durante tres días hasta que encontró el túmulo que Dios le mostró. Ordenó al siervo que esperara mientras él e Isaac subían solos a la montaña, con Isaac cargando la leña con que habrían de sacrificarlo. A lo largo del camino, el infante le pregunta su padre una y otra vez donde está el animal para el sacrificio. Abraham respondía que Dios les proveería de uno. Justo cuando Abraham iba a sacrificar a su hijo, el ángel del Señor se lo impidió diciendo: "No extiendas tu mano contra el niño, ni le hagas nada; pues ahora conozco que eres temeroso de Dios", y, ahí mismo, le dio un carnero que sacrificó en lugar de a Isaac. Como recompensa por su obediencia, recibió otra promesa de una numerosa descendencia y prosperidad.

Después de esto, en lugar de volver a Hebrón, campamento de Sara, se trasladó a Beerseba, al campamento de Quetura, y es allí a donde el siervo de Abraham llevó a Rebecca, sobrina segunda de Isaac por parte de padre que se convirtió en su esposa.

Sara murió a los 127 años de edad, y fue enterrada en la Caverna de los Patriarcas, cerca de Hebrón, que Abraham había comprado a  Efrón el jeteo, junto con el campo adyacente. Abraham, a causa de este hecho probablemente, recordó su propia ancianidad y la incertidumbre de su vida, ordena a un siervo tradicionalmente reconocido como Eliezer viajar a Mesopotamia, para encontrar entre la parentela de Abraham a una mujer para Isaac, regresando con Rebeca, hija de Batuel, nieta de Najor, y en consecuencia, sobrina-nieta de Abraham y sobrina segunda de Isaac. Muchos comentaristas consideran que Isaac contaba ya cuarenta años cuando ambos se casaron, mientras que Rebeca era todavía una niña.

Abraham vivió durante bastante tiempo después de estos acontecimientos. Tras la muerte de Sara, se casó con Cetura y tuvo con ella seis hijos: Zimrán, Jocsán, Medán, Madián, Isbac, y Súa.

Murió a los 175 años de edad, siendo enterrado en Hebrón, junto a su antigua mujer.

A su muerte, sería Isaac quien se llevaría toda su herencia, mientras que sus hermanos y medio hermanos, recibirían sólo regalos.

1.1.1.2.Jacob y Esaú.

Isaac sería el segundo de los patriarcas del pueblo de Israel. Su nombre significa "hará reír", y se debe a la hilaridad que produjo en su madre el anuncio del viajero de que concebiría un hijo, a una edad tan avanzada. Según el relato bíblico, Sara contaba 90 años en ese momento, y Abraham con 100.

Su esposa, Rebeca, contaba con sesenta años cuando dio a luz dos mellizos: Esaú y Jacob. La preferencia de Isaac por Esaú, el primogénito dio lugar a la historia de engaño de Jacob. En Génesis 27, se nos narra como Jacob compra la primogenitura de Esaú por un plato de lentejas, un día que este llegó hambriento a casa. Luego de esto, Rebeca obligó a Jacob a disfrazarse con piel de cordero para simular que era su velludo hermano y así obtener la bendición paterna de un casi ciego Isaac.
 Tras un período de carencias, Isaac emigra hacia Gerar, donde firma un tratado con el rey filisteo Abimelec, para luego afincarse y vivir en Beerseba, en donde renovó su alianza con HaShem.

Por su parte, Esaú juró que mataría a Jacob en cuanto su padre muriera, y anticipando esto, Rebeca le aconsejó a Jacob huir adonde su tío Labán, hasta que la furia de Esaú disminuyera. También le dijo que buscara una esposa mientras viviera allí. Cuando Jacob huyó, Esaú envió a su hijo Elifaz para que le matara y le despojara de todas sus pertenencias. Elifaz, célebre arquero, se hizo acompañar de sus dos tíos maternos para la persecución y alcanzó a Jacob en Siquem. Jacob le suplicó, entonces, que tomara todo lo que tuviera, pero le perdonara la vida, asegurándole que Dios consideraría su pillaje una acción justa, a lo que este accedió, dejándolo completamente desnudo, y llevándose el botín a casa, mas esa muestra de misericordia de Elifaz enfureció a Esaú.
En el camino a la ciudad de Harán, experimentó una extraña visión, en la que sostenía una escalera que llegaba hasta el cielo, una visión que es constantemente referida en las escrituras como "la escalera de Jacob". Desde la cima de la escalera, escuchó la Voz de Dios, que repetía muchas bendiciones hacia Jacob. Continuando su camino, llegó a Harán, encontrando a la mas joven de las hijas de su tío, su prima Raquel. Después de que Jacob hubiera vivido un mes con sus familiares, Labán le ofreció paga por la ayuda que le había dado. Jacob indicó que le serviría por siete años, pues no tenía dote que ofrecerle a cambio de la mano de Raquel, a lo cual Labán accedió.
Estos siete años le parecieron a Jacob "unos pocos días, por el amor que le tenía a ella". Pero una vez que se completó el tiempo establecido, Labán le dio su hija mayor, Lea, en su lugar. Por la mañana, cuando Jacob descubrió el cambio, se quejó ante Labán, quien dijo que en su país era inaceptable dar en matrimonio a la hija menor antes que a la mayor. Entonces, ofreció darle también a Raquel, mas sólo si permanecía con Lea, con lo que Jacob trabajó otros siete años. Una vez que se casó con ambas, "Jacob amó a Raquel y despreció a Lea". Y viendo Dios esto, hizo que Lea procreara muchos hijos, dando a luz  a Rubén, Simeón, Leví y Judá, antes de partir al desierto. Raquel, viendo que era incapaz de procrear un hijo, y celosa de su hermana, pidió a Jacob que tuviese hijos con su criada, Bilha, para poder tener un hijo a través de ella. Así hizo Jacob, y Bilha dio a luz a Dan y Neftalí. Así, Lea entró en celos, y pidió a Jacob también con su criada, Zilpa, que dio a luz a Gad y Aser. Entonces, Lea volvió a ser fértil y dio a luz a Isacar, Zabulón y Dina. Dios se acordó luego de Raquel, y le concedió dos hijos: José y Benjamín.
Para el tiempo en que nació José, Jacob deseaba volver a casa. No obstante, Labán notó que Dios le había bendecido sobremanera cuando él estuvo en su hogar, por lo que le rogó que se quedara. Labán ofreció pagarle, con lo que Jacob mencionó como posible pago, parte del hato de ganado de Labán, el cual había aumentado grandemente. Labán accedió, e inmediatamente le dio todas las reses que Jacob había solicitado.
Conforme el tiempo pasaba, los hijos de Labán se dieron cuenta de que Jacob tomaba la mejor parte de sus rebaños, además de que la actitud amistosa de Labán hacia Jacob había cambiado. Entonces, Dios le advirtió a Jacob que saliera de su pueblo, y después de una rápida consulta con sus esposas, partió sin dar aviso a Labán. Antes de marcharse, Raquel robó los ídolos religiosos de la casa de su padre. Labán, en gran ira, persiguió a Jacob durante siete días, pero la noche antes de que lograra alcanzarle, HaShem le habló en sueños, advirtiéndole de no hablarle mal a Jacob.
El día en que se encontraron en el monte Gilead, Labán acusó a Jacob de escabullirse con sus hijas, como si fueran cautivos, y le cuestionó sobre los ídolos robados, a lo que Jacob, sin saber nada del hurto de su mujer, le dijo que quien los hubiera robado debía ser muerto. Labán decidió, entonces, pedirle que le permitiera buscarlos, pero cuando este revisó la tienda de Raquel, ella los escondió sentándose sobre ellos.
Terminada la búsqueda, y queja de Jacob de por medio, ambos hicieron la paz y cada uno siguió por su camino.
Tan pronto se acercó a la Tierra Prometida,  Jacob envió un mensaje a su hermano Esaú. Sus sirvientes volvieron con la noticia de que Esaú se aproximaba con un ejército de 400 hombres. Siendo así, Jacob invocó a HaShem implorando protección, para luego voltearse a su familia y los que con ellos estaban ordenandoles quitar a los ídolos de en medio de sí.

"Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú" (Génesis 35:1).

Resulta conveniente, entonces, dar una breve explicación del porqué de la existencia de esos ídolos (en el texto original, "dioses ajenos") en la familia de Jacob.

Originalmente, su abuelo Abraham y su bisabuelo Taré adoraban a dioses ajenos (posiblemente el dios Anu), ya que hay que tener en cuenta que durante centurias, toda la región había estado influida por las religiones de origen cananeo, cuya deidad principal era El, dios mayor de los nómadas y, por ende, con funciones eminentemente éticas y sociales. Es descrito como tolerante y benigno.
Por otra parte, es sabido que, en la narrativa hebrea, fue Abraham llamado por HaShem, quien también llega a su mayordomo, a su sobrino Lot, a su sobrino Betuel, a su nieto Labán, y a su hijo Isaac.
Posteriormente, cuando Abraham  llega a Canaán, se encuentra con que los locales denominaban a su dios principal El, en diferentes combinaciones.

Todo parece, entonces, contribuir a la idea de un sincretismo entre el dios El y HaShem, según estudiosos.

Posteriormente, en el capítulo 35, la Biblia nos narra cómo Dios renombra a Jacob como Israel

Isaac murió a los 180 años de edad, 44 años después de que bendijera a Jacob y lo enviara a Labán a buscar esposa. En ese tiempo, ya José había sido liberado de prisión en Egipto y había sido nombrado gobernador de esas tierras.



1.1.1.3.José.

José (o Iosef) en hebreo, fue el décimo-primer hijo de Jacob. La madre de José fue Raquel. Jacob lo amaba mas que a sus otros doce hijos, y ello produjo la envidia la envidia de sus hermanos. José tenía a su vez sueños en que aparecía alzado por encima de estos, y prediciendo lo que iba a suceder en el futuro. Por ser el favorito y quien Jacob quería que fuese el sucesor, el tercer patriarca hebreo le elaboró una túnica de colores que lo distinguía, hecho que enfureció aún mas a sus hermanos. Siendo así, estos buscaron ocasión de vengarse. Un día, estos llevaron a sus animales a pastar en un lugar lejano a sus tiendas. Al ver pasar el tiempo sin que ellos regresaran, Jacob envió a José a buscarlos. Sus hermanos, al verlo llegar, planearon matar. Rubén, el mayor, consiguió sin embargo convencerlos de que no era buena idea. Pero cuando José llegó, lo arrojaron a un pozo de agua vacío y lo tuvieron atrapado hasta decidir que hacer con él. Al día siguiente pasó una caravana de mercaderes que se dirigía a Egipto, y lo vendieron como esclavo. De regreso con Jacob, le dijeron que sólo habían encontrado la túnica de José, embadurnada en sangre de cordero, para hacerle creer que este había sido atacado por un lobo. Jacob lloró la supuesta muerte de José desconsoladamente. Así es como José partió de Canaán  para luego llegar a Egipto.

Allí fue vendido y llevado a casa de Potifar. Este, viendo que José sabía leer y manejaba bien los números, le confirió la administración de su casa y lo convirtió en su mano derecha.

José se convirtió en un joven fornido, y la esposa de Potifar, que solía quedarse en casa, se fijó en él e intentó seducirlo.

Un buen día, llamó a José a su habitación y trató de tener relaciones con él, a lo que este se negó, recordando las enseñanzas que su padre siempre le enseñó, además de ser consciente de que sería una falta ante Dios, y salió de la habitación dejando en las manos de la señora su manto.

Al no lograr su objetivo, y sabiendo que José podría denunciar su adulterio, la esposa de Potifar lo acusó de intentar aprovecharse de ella, mostrando su manto como prueba. Potifar dudó de esto, pues conocía a José y sabía que era incapaz de ello, mas su esposa insistía en que lo matase, con lo que decidió, en cambio, encarcelarlo.

En la cárcel, José tomó contacto con el copero y el panadero del faraón egipcio, quienes fueron a parar allí acusados de robar una copa de oro perteneciente al monarca egipcio. Ambos habían sueños extraños, y José les pidió que se los contasen pues él podía descifrar que significaban. El copero soñó que tenía ante sí una vid con tres sarmientos, que estaban echando brotes, subían y florecían, y maduraban sus racimos. Tenía en sus manos la copa de Faraón, y tomando los racimos, los exprimió en la copa y la puso en sus manos.

José le dijo que los tres sarmientos representaban tres días, y que al cabo de ese tiempo sería declarado inocente y liberado.

Viendo el panadero que José había dado una respuesta favorable al copero, le pidió que también interpretara su sueño y le dijo: "En mi sueño voy caminando con tres canastillas llenas de pan blanco. En el canastillo de encima había toda clase de pastas de las que hacen para el Faraón los reposteros, y las aves se las comían del canastillo que llevaba sobre mi cabeza".

Para su mala suerte, José no le dio la respuesta que esperaba. Le dijo que las tres canastillas simbolizaban tres días, al cabo de los cuales el faraón lo decapitaría, lo colgaría de un árbol, y los pájaros picotearían su cuerpo.

Pasaron los tres días, y el día del cumpleaños de Faraón, dio este un banquete a todos sus servidores, y acordándose de ambos personajes, hizo cumplir las predicciones de José.

Al cabo de dos años, el faraón soñó que se encontraba en la orilla del río Nilo, y del agua salían siete vacas gordas y hermosas que se pusieron a pacer en la orilla. Pero entonces, salieron del agua otras siete vacas, feas y flacas, y devoraron a las primeras. Faraón despertó, y al volver a dormirse, soñó que de una caña de trigo brotaban siete espigas hermosas y llenas de grano, pero tras ellas brotaban otras siete espigas, feas y quemadas por el viento del desierto, que devoraban a las primeras.

Al día siguiente el Faraón, nervioso y atormentado por sus sueños, preguntaba a cuanto adivino y sabio hubiera en Egipto, sin que ninguno supiera como interpretarlos.

El copero se acordó entonces de José, y le contó a Faraón lo acontecido en la cárcel. Así, pues, el faraón mandó a llamar a José a su presencia.  Cuando lo sacaron de la cárcel, le cortaron el pelo y le dieron ropas nuevas antes de presentarse ante Faraón. Este le dijo: "He tenido un sueño y no hay quien me lo interprete, y he oído hablar de ti, que en cuanto oyes un sueño lo interpretas". José respondió a su vez: "No yo; Dios será el que dé una respuesta favorable al Faraón".

Dijo entonces el faraón a José: "Éste es mi sueño: estaba yo en la ribera del río, y vi subir del río siete vacas gordas y hermosas, que se pusieron a pacer en la verdura de la orilla, y he aquí que detrás de ellas suben otras siete vacas, malas, feas y flacas, como no las he visto de malas en toda la tierra de Egipto, y las vacas malas y feas se comieron a las primeras siete vacas gordas, que entraron en su vientre sin que se conociera que había entrado, pues el aspecto de aquéllas siguió siendo tan malo como al principio. Y me desperté. Vi también en sueños que salían de una misma caña siete espigas granadas y hermosas, y que salían después de ellas siete espigas malas, secas y quemadas del viento solano, y las siete espigas secas devoraron a las siete hermosas. Se lo he contado a los adivinos, y no ha habido quien me lo explique".

José dijo entonces al faraón: "El sueño del Faraón es uno solo. Dios ha dado a conocer al Faraón lo que va a hacer. Las siete vacas hermosas son siete años, y las siete espigas hermosas son siete años de riqueza y abundancia. Las siete vacas flacas y malas que subían detrás de las otras son otros siete años, y las siete espigas secas y quemadas del viento solano son siete años de hambre. Es lo que he dicho al Faraón, que Dios le ha mostrado lo que hará. Vendrán siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto, y detrás de ellos vendrán siete años de escasez, que harán que se olvide toda la abundancia en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra. No se conocerá la abundancia en la tierra a causa de la escasez, porque ésta será muy grande. Cuanto a la repetición del sueño a Faraón por dos veces, es que el suceso está firmemente decretado por Dios y que Dios se apresurará a hacerlo. Ahora, pues, busque el Faraón un hombre inteligente y sabio, y póngalo al frente de la tierra de Egipto. Nombre el Faraón intendentes, que visiten la tierra y recojan el quinto de la cosecha de la tierra de Egipto en los años de abundancia; reúnan el producto de los años buenos que van a venir, y hagan acopio de trigo a disposición del Faraón, para mantenimiento de las ciudades, y consérvenlo para que sirva a la tierra de reserva para los siete años de hambre que vendrán sobre Egipto, y no perezca de hambre la tierra".

Todos parecieron conformes con la palabra de José, y el propio faraón, impresionado por ello, dijo:  "Tú serás quien gobierne mi casa, y todo mi pueblo te obedecerá; sólo por el trono seré mayor que tú". Dicho esto, el faraón se quitó su anillo y se lo dio a José, mandó que lo vistieran con ropas blancas de lino, puso en su cuello un collar de oro, y ordenó que, cuando José montara sobre el segundo de los carros de Faraón, se gritase ante él la expresión de reverencia Abrek y que se lo llamase Zafnat Paneaj que significa, "Dios habló y él vino a la vida". Finalmente, Faraón le dio por esposa a Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On.

Pasó el tiempo, y antes de que llegasen los años de escasez, José tuvo dos hijos de nombre Manasés, pues dijo "Dios me ha hecho olvidar todas mis penas y toda la casa de mi padre", y Efraín, pues decía "Dios me ha dado fruto en la tierra de mi aflicción". Sin embargo, jamás olvidó a su padre y a sus hermanos, y nunca perdió la esperanza de volver a verlos.

Al acabar los siete años de abundancia en Egipto, llegó el hambre y el pueblo clamaba al faraón, que les decía que fuesen a José e hicieran lo que él les dijera. Mucha gente fue, entonces, a comprarle trigo a José, no sólo de Egipto, sino de otras tierras.

El hambre también golpeó a las tierras de Canaán, y en especial a Beerseba, donde vivía Jacob con su gente. Enterados de que en Egipto había trigo, envió a sus diez hijos mayores a Egipto, dejando a Benjamín, el menor de todos, a su lado.

Los diez hermanos llegaron hasta la corte de Faraón a pedir ayuda, y se presentaron ante José, al que no reconocieron por haber cambiado mucho en eso años y vestir como egipcio.

Pero José si los reconoció a ellos, pero disimuló, y les preguntó a través de un interprete de dónde venían. Sus hermanos respondieron que venían de Canaán para comprar alimentos, pero él los acusó de ser ladrones y espías. Estos, consternados,  le contestaron que todos eran hermanos, hijos de Jacob. José les replicó: “¿Cómo puede ser un hombre tan rico en hijos?”, explicando sus hermanos que ellos eran en realidad eran once hermanos, pero que el menor se había quedado con su padre.

José mandó, entonces, a encerrar a sus hermanos en la cárcel durante tres días, y durante ese período, ellos reflexionaron sobre el mal realizado a José. Este, que los escuchaba, tuvo que retirarse debido a la emoción que le causaban sus palabras. Al cabo de tres días , José los liberó y declaró que llevarían trigo a Canaán, pero, para demostrar la veracidad de sus palabras, deberían volver y traer consigo al hijo menor, Benjamín. Mientras tanto, tomó a Simeón como rehén y lo encerró. Además, metió en las alforjas de sus hermanos el dinero que ellos habían pagado por el trigo.

Cuando regresaron a Canaán, los hermanos quedaron consternados al ver en sus alforjas el dinero que habían pagado, y temieron que los egipcios pudieran utilizar esa situación para convertirlos en esclavos y despojarlos de sus bienes. Le contaron todo lo sucedido a su padre, y este se entristeció por Simeón, pero les contestó que no iban a volver a Egipto con Benjamín porque ya había perdido a José, y no soportaría perder otro hijo. Pero la sequía y escasez seguían, y tras mucho insistir, Rubén y Judá consiguieron que Jacob transigiera, y volvieron a Egipto con Benjamín.

Al volver a Egipto, fueron recibidos por el mayordomo de José, quien les dijo que no debían preocuparse por el dinero y los reunión con Simeón. Todos fueron invitados a la casa de José, a quien le dieron regalos de parte de su padre. José se alegró especialmente de ver a Benjamín después de tanto tiempo, hasta el punto de retirarse a sus habitaciones a llorar de emoción. Tras recuperarse, José invitó a sus hermanos a un banquete, en el que los acomodó por orden de edad. Al ver esto, se sorprendieron mucho, pero el mayordomo de José les explicó que podía adivinarlo gracias a la copa de plata, que era mágica. Todos comieron y bebieron felizmente, en especial Benjamín, que recibió mas y mejor comida que sus hermanos.

Cuando los esclavos estaban llenando de trigo las alforjas de sus hermanos, José decidió ponerlos a prueba, e introdujo su copa de plata en las alforjas de Benjamín. Cuando los hermanos ya se marchaban de la ciudad, fueron alcanzados por los soldados, quienes los acusaron de robar la copa. Estos negaron el hecho, pero los soldados revisaron las alforjas, encontrando en la de Benjamín lo que buscaban. Habiendo pasado esto, los soldados anunciaron a los demás que podían irse, pero que el ladrón debía quedarse. Ninguno de los hermanos quiso aceptar esto, y volvieron a José, quien les recriminó que defendiesen a un ladrón y los instó a volver a su tierra. Sin embargo, ellos replicaron que preferían morir antes que ver sufrir a su padre por la pérdida de otro hijo.

Entonces, José mandó a soldados y esclavos a irse, y rompió a llorar a gritos, con tanta fuerza, que sus llantos se oyeron hasta en el palacio de Faraón. Al ver que habían cambiado, y que estaban dispuestos a dar la vida por su hermano menor, José por fin se dio a conocer a sus hermanos. Estos enmudecieron de asombro y de miedo al pensar que, probablemente, querría vengarse de llos, pero este los calmó diciéndoles:  “No os preocupéis, que todo fue obra de Dios, era necesario que yo viniese a Egipto para que nuestro pueblo, Israel, sobreviviera en este tiempo de escasez y hambruna”.

Al enterarse el faraón de lo sucedido, mandó decir a José que invitase a Egipto a Jacob y a su pueblo, pues deseaba regalarles tierras de cultivo en agradecimiento por cuanto José había hecho por los egipcios. Los hermanos de José volvieron a Canaán, cargados de regalos de Egipto, y le contaron todo a Jacob, quien, lleno de alegría, partió con toda su familia rumbo a Egipto. Al encontrarse padre e hijo, Jacob exclamó: “¡Agradezco infinitamente a Dios porque me ha dado por segunda vez a mi hijo querido, Él obra de manera misteriosa!”.

José le pidió que se quedase a vivir sus últimos años con él, y también que se quedase todo su pueblo. Jacob aceptó, con la condición de que sus restos mortales fueran llevados nuevamente a Canaán cuando el pueblo regresara a la Tierra Prometida.

Jacob y su familia vivieron, entonces, en la tierra de Gosén, un lugar destinado al pastoreo del ganado del Bajo Egipto, cerca de la ciudad de Pi-Ramés o Ramesés, también llamada Avaris. José fallció a los 110 años de edad.

No hay evidencia arqueológica o documental de la existencia de José, a excepción de los textos bíblicos y relatos posteriores. A mediados del siglo XX, era común entre los académicos pensar que tras las historias de los patriarcas había un trasfondo histórico. A partir de la obra de Thomas L. Thompson y John Van Seters, se puede considerar que no existe evidencia sobre la historicidad de José, así como de los demás patriarcas, y que se trata de derivados de leyendas y relatos populares pertenecientes al primer milenio antes de la Era Cristiana. A principios del siglo XXI, hay consenso entre los arqueólogos y eruditos bíblicos de que no es posible encontrar un contexto histórico para las historias de los patriarcas, incluido José.

En consecuencia, se tiende a considerar a José  como el protagonista de una historia ficticia de género sapiencial.

José  tiene un notable parecido con otro personaje bíblico que también revisaremos en este libro: Daniel. Asimismo, por los aspectos dramáticos de su vida, tiene cierto parecido con el rey David.

Pasó el tiempo, y los hijos de Israel se volvieron muy numerosos. Tras un hueco tradicionalmente de 300 años, surgió en Egipto un nuevo rey, quien dijo a su pueblo: “He Aquí, el pueblo de los hijos de Israel es Más numeroso y fuerte que nosotros. Procedamos astutamente con él para que no se multiplique; no suceda que, en caso de guerra, también se una a nuestros enemigos, luche contra nosotros y se vaya del País.”

Pero cuanto más los oprimían, mas se multiplicaban los hebreos, alarmando al faraón, quien terminó por esclavizarlos. Es aquí donde entra en escena Moisés.

1.1.1.4.Moisés.

La historia de Moisés es narrada en la Torah, primera parte del Tanaj, y en el Pentateuco, Libros del Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, todos pertenecientes al Antiguo Testamento.

En el Libro del Éxodo, el nacimiento de Moisés tuvo lugar cuando un indeterminado faraón egipcio había ordenado a las parteras que mataran a todo varón hebreo recién nacido, pero estas por temor a Dios no hicieron como se les mandó. Según el mencionado libro, Moisés fue hijo de Amram (miembro de la tribu de Leví, quien descendía de Jacob), y su esposa, Iojebed o Jocabed. Moisés tuvo una hermana siete años mayor que él, Miriam, y un hermano tres años mayor que él, Aarón. Según el Génesis, el padre de Amram, Coat, llegó a Egipto junto con setenta miembros del grupo de descendientes de Jacob, por lo que Moisés era parte de la segunda generación de israelitas nacidos en Egipto.

Iojebed dio a luz a un pequeño, y lo escondió durante los primeros tres meses. Cuando no pudo ocultarlo mas, lo colocó en una cesta, embadurnada con barro en su interior y brea en el exterior para hacerlo impermeable, y lo llevó al Nilo. La cesta con el bebé fue seguida de cerca por Miriam hasta que la hija del  faraón llegó al Nilo para bañarse.

La princesa egipcia mencionada aquí descubrió la cesta y a Moisés dentro de ella. Miriam se acercó y consiguió que la princesa encargara que una hebrea amantase y cuidase a la criatura. La hebrea en cuestión fue la propia madre de Moisés.

Durante dos años, Iojebed amamantó a Moisés y después la criatura le fue entregada a la princesa. Moisés fue criado como si fuese un hijo de la princesa egipcia y el hermano menor del futuro faraón de Egipto.

A través de la Mishná, la tradición hebrea conserva un relato que nos cuenta cómo Moisés, siendo aún una criatura perdió gran parte de su capacidad de habla debido a un incidente ocurrido frente al faraón egipcio.

Cuando Moisés se hizo adulto, observó el trabajo de los esclavos hebreos. Un día, al ver como un capataz egipcio maltrataba a un hebreo, Moisés acabó con la vida del egipcio, acto que lo condujo a abandonar Egipto.

En la tierra de Madían, Moisés se detuvo en un paraje con un pozo, y allí protegió a siete pastoras de una banda de otros pastores malintencionados. El padre de las pastoras, Jetró, era sacerdote de madián. Adoptó a Moisés como su hijo y le permitió que habitase en Madián, como supervisor y responsable principal de los rebaños.

A su debido tiempo, Jetró también le permitió casarse con su hija mayor, Séfora. Trabajando como pastor, Moisés vivió en Madián cuarenta largos años, tiempo durante el cual Séfora le dio un hijo, a quien llamó Gersón.

Según la narración bíblica, en cierta ocasión Moisés llevó su rebaño al monte Horeb, y allí vio una zarza que ardía sin consumirse. Cuando Moisés intentó aproximarse para contemplar aquella maravilla, Dios le habló desde la zarza, revelándole su identidad e intenciones.



 No te acerques; quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. [...] Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. [...] Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues he conocido sus angustias. Por eso he descendido para librarlos de manos de los egipcios y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a una tierra que fluye leche y miel [...] Ven, por tanto, ahora, y te enviaré al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel. [...] "Yo soy el que soy"-Éxodo 3:5-14.

En Éxodo tres, el Dios de Israel revela Su Naturaleza a Moisés.

HaShem indica a Moisés que ha de regresar a Egipto y liberar a su pueblo de la esclavitud, a lo que Moisés replica no ser el indicado para realizar tamañan encomienda, y, además, recuerda que padece una dificultad en el habla.

HaShem le asegura entonces que ha de proporcionarle todo el apoyo necesario para que lleve a cabo su obra.

Moisés obedece y regresa a Egipto, donde es recibido por Aarón. Ambos organizan una reunión para informar a los israelitas sobre lo ocurrido y, luego de señales, revelaciones y proezas llevadas a cabo por Moisés, los hebreos lo seguirán como el enviado que trae la palabra de Dios.

El resto de la historia es por todos conocida. El faraón se resiste a liberar a los hebreos, con lo que Dios envía diez plagas a Egipto: las aguas que se convierten en sangre, las ranas, los piojos, las moscas, una terrible peste sobre el ganado, úlceras en el cuerpo, una lluvia de granizo y fuego, langostas, tres días de oscuridad, y para terminar, la muerte de los primogénitos de Egipto.

Todo esto causó tal terror entre los egipcios, que el faraón termina por permitir su salida finalmente.

Moisés lideró a los hebreos en dirección Este, iniciando así la larga travesía hacia la tierra prometida. Partieron desde Ramesés hacia Sucot (ciudades que, según los historiadores, no existían en esa época) unos seiscientos mil hombres, sin contar a los niños. Llevaron consigo los restos de José, cumpliendo la voluntad de su predecesor.

La gran caravana de los hebreos se movía lentamente. Tres veces debieron acampar antes  de dejar atrás la frontera egipcia, establecida entonces en el Gran Lago Amargo o en la punta septentrional del Mar Rojo.

Entre tanto, el faraón al parecer se arrepintió de su decisión y, con un gran ejército, partió a recuperar a sus esclavos. Atrapados entre el ejército egipcio y el mar, los hebreos se desesperaron, mas HaShem dividió las aguas del Mar Rojo por mediación de Moisés, permitiendo a los israelitas cruzarlo con seguridad. Cuando los egipcios intentaron seguirlos, Dios las volvió a su cauce, ahogándose el faraón junto a sus soldados.

Aunque la Biblia no cita al faraón del Éxodo por su nombre, sí da la fecha exacta en que este sucedió. En 1 Reyes 6, se lee que Salomón empezó a construir el Templo en en el cuarto año de su reinado, 480 años después de que los hijos de Israel salieron de Egipto. Se estima que el cuarto año del reinado de Salomón fue hacia el año 996 a.C. A partir de ello, la fecha del Éxodo podría haber sido hacia el 1446 a.C., durante el reinado de Tutmosis III. No obstante, dado que el texto bíblico indica específicamente que los hebreos partieron de la ciudad llamada Ramesés, hacia Sucot, ciudades que no existían en los tiempos de Tutmosis III y que datan del siglo XIII, cuando Ramsés II gobernaba en Egipto, en el campo de la investigación se considera el año 1250 a.C.



El caso es que  luego de transcurridos tres meses (Éxodo 19) desde que los hebreos habían salido de Egipto, Dios confirió los Diez Mandamientos directamente a Moisés en el monte Sinaí. Según la tradición bíblica, Moisés subió al monte a recibir las Tablas de la Ley. Permaneció en él cuarenta días, hasta que recibió de Dios, ya de hecho o de inspiración divina, dos tablas de piedra escritas con Su dedo.

Cuando Moisés bajó a notificar a su pueblo, descubrió que en su ausencia los israelitas habían fundido metales preciosos y construido un becerro de oro, a semejanza de un ídolo cuadrúpedo egipcio, y comprendió que lo veneraban. La eventual idolatría del pueblo provocó la ira de Dios, e indignado, Moisés montó en cólera y arrojó las Tablas de la Ley, destruyendo asimismo el ídolo de oro. Las prescripciones divinas, no obstante serían reescritas  y restablecidas por Moisés, siendo subsecuentemente adoptadas por el pueblo. Como castigo por su desobediencia y falta de fe, HaShem les condenó a no entrar en la tierra prometida sino hasta pasados cuarenta años, cuando los transgresores ya habrían muerto. Además, mandó castigar con la muerte tal crimen.

"Y él les dijo: Así ha dicho el Señor, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo: pasad y volved de puerta á puerta por el campo, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés: y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres".-Éxodo 32: 26-28

La travesía por una serie de parajes inhóspitos de la gran masa de gente fue dura, y muchos empezaron a dar rumores y a murmurar contra sus líderes, Aarón y Moisés. Aducieron que era mejor estar bajo el yugo egipcio que padecer las penurias de la travesía. Moisés realizó innumerables milagros para aplacar la dureza de la travesía y demostrar al pueblo de Israel que HaShem los guiaba. Las manifestaciones divinas fueron pródigas. Para alimentarlos, Dios hizo llover maná del cielo. Para beber, les dio múltiples fuentes de agua, convirtiendo agua amarga en dulce. En tanto HaShem ordenó a Moisés hablarle a una roca de la que saldría una gran cantidad de agua, mas en lugar de eso, él golpeó la roca dos veces con su bastón, desobedeciendo a Dios.


En su travesía por los desiertos, Israel lucha por primera vez con los amalecitas, que era un pueblo principal, y vencen sólamente por la pujanza de Moisés. Israel vence, además, a Arad, a los amorreos liderados por Sehón (Número 21), y rodean tierras donde no se les permite combatir ni se les da el paso, como es el caso de las tierras de Edom.
En el monte Sinaí, el pueblo judío fue organizado doctrinalmente por el sacerdocio menor de Aarón. Se les inculca estatutos, mandamientos, y por sobre todo desarrollar fidelidad a los mandamientos de HaShem. Esta historia es contada en el Levítico.
Ya cerca de la tierra prometida, Moisés envía 12 espías a investigar y dar un reporte de las bondades de la tierra de promisión. Sin embargo, al volver, 10 de los 12 espías dan un reporte sumamente desalentador sobre las gentes de esta tierras, inculcando miedo sobre las huestes armadas y por sobre todo desconfianza a las promesas de HaShem. Como consecuencia, Dios castigó a Israel dirigiéndose a Moisés con estas palabras: "Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone y a Josué hijo de Nun... Conforme el número de los día, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo". Esta historia es contada en Número capítulos 13 y 14:26-35.

Según estos textos, HaShem-al ver el miedo y la desconfianza de Su pueblo elegido-prohibió la entrada de todo varón de guerra (mayores de 20 años), a la tierra, incluyendo al mismo Moisés, a quien sólo se le permitió verla desde lo alto del monte Nebo. Hay que aclarar, sin embargo, que la prohibición no incluía a los levitas, quienes no estaban registrados para la guerra, ni tampoco a Josué y Caleb, quienes sí mostraron fe en las promesas divinas. A Moisés no se le permitió entrar por un incidente anterior en que se atribuyó un milagro a sí mismo en lugar de a Dios (Número 20).
Ya estando cerca de Moab, Balac, rey de los moabitas, ve venir a los israelitas por el margen oriental, y teme del pueblo de Israel, mandando a llamar a Balaam, adivino de Mesopotamia, (Números 22) para que maldiga a Israel. pero Dios envía a un ángel a interponerse en el camino de Balaam hacia el monte  de Bamot-Baal, y es persuadido a bendecir al pueblo de Israel, y lo hace tres veces a pesar del pedido de Balac. Según la Biblia, en medio del viaje de Balaam, el ángel de HaShem se interpone en su camino, mas la burra puede verlo, y deteniéndose evita su muerte por espada. Molesto con la burra, Balaam la golpea, hasta que esta empieza a hablarle en su propio idioma, interrogándole por la razón de sus golpes. Entra en una discusión con Balaam, quien no parece darse cuenta de que habla con una asna. Finalmente, el ángel se hace visible. Balaam ofrece retirarse, pero el ángel le autoriza a seguir con la condición de bendecir a Israel.

Finalmente, tras cuarenta años de vagar por el desierto, los hebreos de aquella generación mueren. Una nueva generación de hebreos libres, nacidos en el Éxodo, llegan a la tierra prometida y entran por fin en ella guiados por Josué.
Cuando Moisés murió, a la edad de 120 años, fue llorado por su pueblo durante treinta días y treinta noches.

Una parte de la historiografía sugiere que Moisés nunca existió como figura histórica, y que el Éxodo es un mito.
Las referencias extrabíblicas sobre Moisés datan de mucho tiempo después de la época en que supuestamente vivió. Se desconoce si se basan únicamente en la tradición judía o si han tomado elementos de otras fuentes. Algunos autores como Flavio Josefo y Filón de Alejandría o griegos como Diodoro Sículo señalan que es nombrado por autores como Hecateo de Abdera, Manetón, Apión, y Queremón de Alejandría. Sin embargo, las obras de estos autores se han perdido y sólo quedan citas. De ellos, quizá el más destacable es Manetón, un cronista y sacerdote egipcio helenizado del siglo III a.C., quien nombra a Moisés en su obra sobre la historia de Egipto, de la cual sólo se conservan citas de autores judíos y cristianos. Manetón dice, según las citas, que Moisés no era judío, sino un sacerdote egipcio de nombre Osarsif. Este sacerdote era un rebelde que condujo un ejército de leprosos contra el faraón Amenofis (no se indica cuál de ellos), con la complicidad de los Hicsos. Victoriosos al principio, fueron derrotados por Amenofis, quien los expulsó de Egipto. Después de eso, Osarsif cambió su nombre a Moisés y los leprosos fundaron la ciudad de Jerusalén.
Mientras que-sorprendentemente-el texto tuvo algún nivel de credibilidad entre los siglos XIX y XX por autores como Sigmund Freud, quien veía en él un recuerdo deformado del personaje histórico, hoy se considera que se trata de un libelo antijudío y en parte un cuento popular sobre la época de los hicsos y el período de Amarna.
A la luz de lo descubierto sobre la historia y la cultura egipcias, numerosos historiadores del siglo XX como Kitchen, Noth y Albright, entre otros, han sugerido un trasfondo auténtico sobre el personaje. El principal argumento es que Moisés, al contrario de lo que dice la Biblia, es un nombre de origen egipcio que significa "hijo". Además, algunas leyes y costumbres rituales contenidas en la obra de Moisés, como el Arca de la Alianza, podrían rastrearse a mitos y rituales egipcios.
Por otra parte, otros elementos, en especial su abandono en una cesta colocada en el río podría vincularse con la leyenda mesopotámica de Sargón de Acad.
Esta interpretación, corriente a mediados del siglo XX, fue sustituída  por otra que, a la luz de los avances en arqueología de los avances en arqueología, crítica bíblica e Historia, ponía en entredicho la propia existencia de Moisés, o lo reducía a un nombre del pasado de Israel, acerca del cual no mucho podría decirse.
En el siglo XXI la corriente del minimalismo bíblico, sobre todo las obras de Philip R. Davies, Niels Peter Lemche y el arqueólogo Israel Finkelstein, considera que todos los libros de la Biblia, especialmente los relatos de los reinados de Saúl, David y Salomón, fueron compuestos en el período tardío (entre la conquista asiria y el dominio persa), sobre la base de viejas leyendas alteradas para legitimar las reformas religiosas de la época.
En cuanto a la época de Moisés, el problema se vincula al Éxodo, para cuya datación existen diferentes hipótesis, pero ninguna prueba que lo confirme.

1.1.1.5.Josué.

Por su parte, Josué fue el sucesor de Moisés. Era hijo de Nun, de la tribu de Efraín. Nació en Egipto y tenía probablemente la misma edad que Caleb, con quien suele relacionarsele.
Participó en los acontecimientos narrados en el Éxodo como ayudante de Moisés. Fue, de hecho, el comandante de los israelitas contra los amalecitas en Refidín.
Se convirtió en lugarteniente de Moisés, y lo esperó a mitad de camino cuando subía al monte Sinaí a recibir los Diez Mandamientos. Fue también uno de los doce exploradores enviados por Moisés a la tierra de Canaán, y el único, junto con Caleb, en traer un informe alentador. Su nombre original era Osea u Oseas y Moisés le puso el nombre de Josué, cuyo significado es Dios Salva, o Dios trae Salvación. Y de hecho, Dios mismo lo elige para realizar Su plan de conquista de la tierra prometida.
Conquistó Jericó, cuyas murallas se derrumbaron cuando los sacerdotes que custodiaban el Arca de la Alianza tocaron los shofarim (trompetas de cuerno de cordero), siguiendo las órdenes de Dios.
Todos los habitantes de la ciudad fueron muertos a excepción de la ramera Rahab, que había colaborado con los espías enviados por Josué, y su familia. La ciudad fue destruida por completo, y Josué maldijo a quien intentara reconstruirla.
Al intentar atacar la ciudad de Hai, sus tropas sufrieron una derrota a causa del pecado de Acán, quien se había apropiado de objetos preciosos que HaShem había decidido que fueran destruidos. Acán fue lapidado y Josué finalmente logró conquistar Hai, mediante una hábil estrategia. Los habitantes de Hai sufrieron la misma suerte que los de Jericó. El total de hombres y mujeres exterminados fue de 12.000. Posteriormente, Josué levantó un altar a Dios en el monte Ebal.
A causa de los éxitos de Josué, los hititas, amorreos, cananeos, pereceos, jebeos y jebuseos establecieron una alianza contra los israelitas. Los gabaonitas consiguieron evitar ser exterminados por los israelitas gracias a un estratagema. Josué venció a continuación a una alianza de cinco reyes amorreos que pretendían atacar a los gabaonitas. Durante la batalla, para ayudar a los israelitas, HaShem hizo que el Sol se "detuviera" en el cielo. Tras la victoria, José ejecutó personalmente a los cinco reyes.
A continuación, Josué conquistó la ciudades de Maquedá, Libná, Laquis, Eglón, Hebrón y Debir.
En todas ellas la población fue exterminada por completo. Después venció a Yabín, rey de Jasor, consumando así la conquista de la tierra prometida.
Repartió el territorio conquistado entre las tribus de Israel. En su ancianidad, convocó a una asamblea en Siquem, y recomendó a los israelitas que mantuvieran su fidelidad al Dios de su pueblo.
Según el libro de Josué, falleció a los 110 años, y fue sepultado  "su heredad en Timnat-sera, que está en los montes de Efraín, al norte del monte Gaas".
La tradición judía se refiere a Josué como "Yeoshua ben Nun", y le atribuye los diez últimos psukim del quinto libro de Moisés (texto al que se conoce como Devarim, Deuteronomio).
También Yeoshua es el nombre hebreo de Jesús, abreviado como Yeshua, y es el nombre que, según el evangelio de Lucas, Dios eligió para ponerle al hijo que debía tener María.
El Libro de los Jueces, nos los presenta como libertadores que salvaron al pueblo de la esclavitud, y que después de liberarlo lo gobernaron. En tiempos de los jueces, Israel está completamente desorganizada, sus instituciones están aún sin definir y numerosas potencias los amenazan.
Como esta intervención estaba librada sólo al arbitrio de la Divinidad, los jueces aparecen y desaparecen a intervalos irregulares de la historia hebrea.
Ningún juez llegó a ser jefe supremo porque su función no es lograr la unidad, sino solventar un problema puntual: la unificación definitiva habrá de esperar a los reyes.
El contexto histórico en el que se desarrolla este libro abarca el tiempo desde la muerte de Josué hasta la monarquía, durante el cual el pueblo vive en Canaán.

1.1.1.6.Jueces.

El Libro de los Jueces narra el período entre la muerte de Josué y el nacimiento de Samuel. Estamos hablando de un período en que los judíos han abandonado su vida nómada y acaban de instalarse como semisedentarios primero y agricultores luego, habitando en casas de material o chozas de adobe. Aunque Jueces no sigue un plan fijo y bien estructurado, a grandes rasgos pueden identificarse cuatro partes en él:
*Primera introducción: 1:1-2-5.
*Segunda introducción: 2:6-3:6
*Cuerpo de la obra, con los hechos de los seis "jueces mayores" y algunos menores.
*Dos apéndices: capítulos 17 a 21.
Los jueces que gobernaron Israel son 14 en total, considerando a Samuel, que fue juez, sacerdote y profeta.

1.1.1.6.1.Otoniel.

El primero de ellos fue Otoniel, por su traducción, León de Dios. Fue hijo de Quenaz y sobrino de Caleb.
Se distinguió por capturar el pueblo de Debir (o Quiriat-sefer) en Judá de manos de los cananeos. Como recompensa recibió a Acsa, la hija de Caleb, la cual había sido prometida a quien conquistara esa ciudad. Su valor fue demostado una vez mas cuando derrotó a  Cusan-risataim, rey de Mesopotamia, quien había oprimido a los israelitas durante ocho años. Su victoria produjo cuarenta años de paz en el país.


1.1.1.6.2.Aod.

Aod, en hebreo, Ehud, fue el segundo juez de Israel. Con la ayuda de Dios, liberó a los israelita de Eglón, rey de Moab, y tras ese día la tierra tuvo paz durante ochenta años.
Fue elegido por los israelitas para enviar un presente a Eglón. Fabricó un puñal de dos filos y lo ocultó debajo de sus vestidos, para luego, con su mano izquierda (era zurdo), apuñalar al rey, de cuyo vientre salió estiércol. Cuando Aod escapó, cerró las puertas de la sala y las aseguró con un cerrojo. Tras haber escapado, los siervos de Eglón llegaron a la sala de verano, y viendo que las puertas estaban cerradas, pensaron que el rey estaba en reposo. Pero cuando este no les abrió, tomaron la llave para abrirlas, encontrando a su señor muerto en el suelo.
Mientras tanto, Aod huyó para liderar a los israelitas que aniquilaron a 10.000 hombres moabitas.

1.1.1.6.3.Samgar.

Samgar ("El que Huye"), fue el siguiente juez de Israel. Poco se conoce acerca de él, ya que la Biblia no se explaya con respecto a su nacimiento o su tribu, solo indica que era hijo de un tal Anat.
En el texto bíblico (Jueces 3:31​), se nos narra como, cuando los filisteos iban a invadir (o ya habían invadido Israel), Samgar hijo de Anat los mató y liberó a Israel, aniquilando 600 filisteos con una aguijada de bueyes.

1.1.1.6.4.Débora.

En la Biblia, Débora fue una profetisa y la cuarta persona que se desempeñó como juez en el Israel premonárquico. Débora fue la única juez de su sexo que tuvo Israel en la Antiguedad. Su historia se cuenta dos veces en los capítulos IV y V del Libro de los Jueces. El primer relato es en prosa, narrandola victoria de las fuerzas israelitas dirigidas por el general Barak, a quien Débora mandó llamar para profetizarle que no lograría la victoria final sobre el general cananeo Sísara. Tal honor le correspondería a Jael, la esposa de Heber, un ceneo fabricante de tiendas. Jael mató a Sísara clavandole una estaca de la tienda en la cabeza cuando dormía.
Jueces 5:1 narra la misma historia pero en verso, misma que probablemente fue escrita en la segunda mitad del  siglo XII a.C., poco después de ocurridos los eventos que se describen. De ser así, entonces este pasaje, llamado a menudo La Canción de Débora, sería uno de los pasajes más antiguos de la Biblia, así como también el ejemplo mas antiguo conservado de poesía hebrea. También es importante porque es uno de los pasajes más antiguos donde la mujer no es víctima ni villano. El poema puede haber sido incluido en el Libro de las Batallas de Dios, mencionado en Números.
Se sabe poco de la vida personal de Débora. Al parecer, estuvo casada con un hombre de nombre Lapidoth (antorcha), pero este nombre no aparece fuera del Libro de los Jueces, y podría significar sencillamente que Debora tenía un alma "ardiente". Fue una poetisa, y daba sus sentencias bajo una palmera de Efraín. Algunos aluden a ella como la madre de Israel. Tras la victoria sobre Sísara, hubo paz en el país durante cuarenta años.

1.1.1.6.5.Gedeón.

Gedeón (del hebreo, Destructor o Guerreo Poderoso), fue el quinto de los jueces del pueblo hebreo, y es considerado como uno de los mas sobresalientes por la magnitud de su obra guerrera contra uno de los pueblos enemigos de Israel, los madianitas. Fue hijo de Joás, de la tribu de Manasés.
Los datos que conocemos de su historia se encuentran en el Libro de los Jueces, en los capítulos 6 a 8.
En sustancia, la vida de Gedeón se sitúa tras el asentamiento de los judíos en el llano de Ofrá, donde habían asimilado cultos idolátricos de las poblaciones aledañas. Tras esa infidelidad, Dios les habría castigado enviando tribus nómadas y grupos de amalecitas y madianitas a hacerles la guerra. En eso combates, dos hermanos de Gedeón fueron asesinados. Los israelitas se arrepintieron y pidieron perdón. HaShem envió, entonces, a su ángel a hablar con Gedeón para anunciarle que sería el libertador de su pueblo, a lo cual este pidió una prueba tras un diálogo un tanto sarcástico con el ángel.
Este último le dio la prueba solicitada abrasando un sacrificio con un fuego milagroso. Al día siguiente Gedeón destruyo el altar de Baal. Poco después, los grupos nómadas se unieron para hacerle la guerra. Éste reunió un ejército que tras una serie de pruebas y condiciones, Dios redujo a trescientos hombres (sin contar las tropas auxiliares). Los israelitas atacaron durante la noche, y produjeron tal confusión que los madianitas se asesinaban entre ellos y tuvieron que huir despavoridos mientras eran perseguidos por las tropas de Gedeón.
Los mismos jefes de Madían, Oreb y Zeeb murieron en la refriega, y sus cabezas fueron dadas como trofeo a Gedeón.
Luegos de otros combates exitosos contra los madianitas, y de castigar a los pueblos que no quisieron participar de la persecución, la gente del pueblo quiso que Gedeón fuera su rey, cosa que este rechazó, argumentando que sólo Dios podía reinar sobre Israel.
Con las joyas tomadas a los vencidos, Gedeón se hizo fabricar un efod. No hay consenso entre los expertos en relación con el efod, unos dicen que se trata de todo un atuendo sacerdotal con adornos y joyas, otros que se trataba de una tabla o instrumento para hacer consultas a HaShem. Sin embargo, este efod llevó nuevamente a la idolatría a los israelitas.
Gedeón gobernó durante otros prósperos cuarenta años, que fueron de paz y crecimiento. Tuvo setenta hijos con varias mujeres, entre los que destaca Abimelec.

1.1.1.6.6.Abimelec.

En hebreo, "padre de un rey" o "mi padre es un rey", fue el sexto juez de Israel.
Tras la muerte de su padre, intentó por todos los medios ser hecho rey de Israel. Para ello, se dedicó a eliminar sistemáticamente a cada uno de sus hermanos para no tener competencia, y luego se proclamó rey.
Después de tres años se produjeron conflictos con las gentes de Siquem, que querían vengar la muerte de sus hermanos. A ellos se unieron algunas ciudades vecinas.
Abimelec salió entonces con su ejército para reducir a los rebeldes. Venció a los de Siquem, liderados por Gaal, y luego mató a todos los habitantes de la ciudad, la arrasó y la cubrió de sal.
Después también mandó a matar a los habitantes de Migdal Siquem, que se habían refugiado en la cripta del templo, y luego tomó la ciudad de Tebés.
Sin embargo, al acercarse a la torre donde se habían refugiado la mitad de sus habitantes, una mujer dejó caer una piedra de molino que le partió el cráneo. Al verse herido de muerte, pidió a uno de sus soldados que lo matara para evitar la verguenza de haber sido muerto por una mujer.

1.1.1.6.7.Tola.

Tola fue el siguiente juez de Israel, quien reinó durante 23 años (presumiblemente entre 1149 y 1129 a. C.).
De acuerdo al texto bíblico, Tola hijo de Puá y nieto de Dodo, sucedió a Abimelec como octavo juez de Israel, y se levantó para liberar a los israelitas. Habitó en Samir, en la región montañosa de Efraín donde murió y fue sepultado, siendo sucedido por Jair de Galaad.

1.1.1.6.8.Jaír de Galaad.

Jaír de Galaad, del tronco de la Tribu de Manasés, reinó durante 22 años.
Como uno de los jueces menores de Israel, su nombre es mencionado escuetamente en el Libro de Jueces, 10, agregándole oscuros datos acerca de su parentela y posesiones.

Tenía treinta hijos, que montaban treinta burros, y treinta ciudades, que se llaman todavía hoy las aldeas de Jaír, en el país de Galaad. (Jueces 10: 4)

El texto bíblico dice que fue sepultado en Camón, siendo sucedido por Jefté.

1.1.1.6.9.Jefté.

Fue juez de Israel durante seis años. Miembro de la tribu de Gad, hijo de Galaad, en el Libro de los Jueces se le muestra guiando a los israelitas a la batalla contra los amonitas, y como resultado de un voto, termina sacrificando a su hija.
En sus tiempos, los israelitas habían vuelto a adorar a Baal, y Astaroth, lo que despertó la ira de Dios, Quien hizo que comenzara una guerra entre ellos y los filisteos y amonitas.
Hijo de Galaad, Jefté fue desheredado por sus hermanos, por lo que se trasladó a la región de Tob (según la traducción actual de los manuscritos arameos, el lugar donde estaba Jefté se llamaba Tauta). Sin embargo, los ancianos de Galaad intentaron convencerlo de que los liderara en la guerra en la guerra contra los amonitas, cosa que aceptó con la condición de mantener su posición de liderazgo al terminar la guerra.
Jefté, luego de haber amenazado a los amonitas juró que el primero que atraviese la puerta de mi casa para salir a saludarme después de mi victoria sobre los amonitas, será para HaShem y lo sacrificaré por el fuego.
Luego ganó la batalla con facilidad (Dios los puso en sus manos), y al volver victorioso, lo salió a recibir su única hija. Él se lamenta, rasgando sus vestiduras, pues no puede echarse atrás en su promesa, lo que su hija comprende. Le pide a su padre llorar su virginidad por dos meses, y vuelve a cumplir el voto.
Interpretando literalmente lo que dice la Biblia, a diferencia del sacrificio de Abraham, el de Jefté si fue consumado.

Según Voltaire, esta historia es un vestigio de los antiguos sacrificios judíos, mientras que otros sólo sostienen que Jefté sólo ofreció su vida al servicio de Dios, y que ella se mantuvo virgen toda la vida a pesar de que la Biblia estipula la ejecución del holocausto. Hay fuentes, como por ejemplo la Enciclopedia Católica, que interpretan que tal comportamiento sería normal dado el salvajismo de la población y la falta de respeto a la ley mosaica por parte de la mayoría de los judíos en ese momento, además de apuntar la existencia de otros votos contemporáneos al Dios de los judíos de similar carácter bárbaro.

Ethelbert William Bullinger, por su parte, explica que el prefijo hebreo traducido normalmente como "y", también podría significar "o". Hay abundantes versículos bíblicos donde dicho prefijo es traducido como "o".
De esta manera, el texto explicaría que la niña sería ofrecida a Dios, y no ofrecida en holocausto, ya que Jefté elegiría entre dos opciones. De esta manera, cobraría mas sentido el final del relato donde sólo se indica que la hija de Jefté nunca conoció varón, y no muestra indicios de un asesinato u holocausto.

Pasados los dos meses volvió a su padre, quien cumplió el voto que había hecho. La hija de Jefté nunca conoció varón.(Jueces 11:39).

1.1.1.6.10.Ibzán.

El sucesor de Jefté tenía por nombre Ibzán. Llegó a ser padre de 30 hijos y 30 hijas, proporcionando además 30 esposas a sus vástagos varones. Falleció luego de ejercer como jefe de la nación durante siete años, y fue sepultado en Belén, su ciudad natal. Fue juez por 55 años.

1.1.1.6.11.Elón.

Elón Zabulonita ("Roble" o "Fuerte"), fue el sucesor de Ibzán de Belén.

Legisló Israel durante diez años, murió y fue sepultado en Ajalón, en las tierras de Zabulón. Fue  sucedido por Abdón.

1.1.1.6.12.Abdón.

Abdón, cuyo nombre significa "siervo", fue juez de Israel en la época que media entre la conquista de Canaán por parte de los israelitas y la implantación de la monarquía judaica.
Proveniente del tronco de Efraín, Abdón aparece en el Libro de los Jueces, donde se cita que era hijo de Hillel el piratonita. Gobernó Israel durante ocho años, siendo el anteúltimo juez mencionado en el libro. Fue sucedido por el famoso Sansón.

1.1.1.6.13.Sansón.

Sansón es un nombre que posee del hebreo tiberiano que significa, "[el que] sirve [a Jorge]". Dicho nombre es también asociado con la idea de pertenecer a la luz, significando "el Sol"; posiblemente para denotar que su portador era radiante y poderoso. Y vaya que, en este caso, era así.
Los israelitas habían a adorar a Baal y Astaroth, con lo que HaShem los entregó en manos de los filisteos durante 40 años. Un ángel de Dios se presentó a Manoa, de la tribu de Dan, en la ciudad de Zora, y a su mujer, quien era estéril. El ángel les comunicó que su hijo liberaría a Israel de los filisteos. Según él, la madre no debía tomar vino ni sidra ni comer nada impuro, y el niño no debía cortarse el cabello. Siendo joven, Sansón deja su pueblo para visitar las ciudades filisteas, donde se enamora de una mujer de la ciudad de Timnat, con quien decide contraer matrimonio a pesar de la oposición de sus padres, que prefieren a una joven israelita. Esta decisión se presenta como un plan de HaShem para atacar a los filisteos. De camino a la petición de mano, es atacado por un león, al que mata desgarrándolo en dos.
Yendo a la boda, observa entre los huesos del león un panal de abejas con miel, la cual prueba y luego ofrece a su padre. En la fiesta de bodas organizada por Sansón, el héroe propone a treinta mozos filisteos un acertijo. Si lo resuelven, les dará treinta piezas de lino fino y otros tantos vestidos. Si no, ellos le harían el mismo regalo a Sansón. Tenían los siete días que duraba la fiesta para resolverlo. El acertijo era el siguiente: "Del que come salió comida, y del fuerte salió dulzura". El enigma es una referencia al león que mató y a la miel que de él salió. Como sólo Sansón estuvo presente en la lucha, los treinta mozos no pudieron obtener la respuesta durante tres días. Al cuarto día, se dirigen a su mujer, amenazándola con incendiarla a ella y a la casa de su padre si no descubre la solución, y ante los lloros de su esposa, Sansón decide al séptimo día contarle la respuesta, y ella se la da a sus paisanos. Antes de la puesta del Sol del séptimo día, los filisteos le hablan: ¿Qué hay más dulce que la miel, qué hay más fuerte que el léon?. A esto, Sansón responde: Si no hubieseis arado con mi novilla, no habríais adivinado mi acertijo.
Baja entonces a Ascalón, mata a treinta hombres y les roba sus vestidos.  Contrariado, se aleja y llega a casa de su padre. Su esposa es dada a otro hombre. Cuando Sansón quiere verla, su suegro se niega, pero le ofrece la hermana menor de la mujer, más bella. En represalia, el israelita caza a trescientas zorras, atándolas por el rabo de dos en dos, y poniendo una tea entre ambos rabos, suelta a los animales por el campo, haciendo arder todas las cosechas enemigas. A su vez y para vengarse, los filisteos queman a su mujer y la casa del padre de ésta, a lo que Sansón responde dando a una paliza a muchos de ellos.
Tras esto, se refugia en la roca de Etán. Mientras tanto, los filisteos acuden a Juda pidiendo que entreguen a Sansón. Tres mil hombres de este pueblo lo encuentran, y prometiéndole no matarlo, lo atan y se disponen a entregarlo. Pero cuando esto iba a ocurrir, Sansón rompe las cuerdas, se libera, y usando la quijada de un asno, mata a mil filisteos. Después de esto, es juez de Israel durante veinte años.
Tras ese tiempo, Sansón huye a Gaza, quedándose en casa de una prostituta, la que para un forastero y encima israelita sería el único sitio donde alojarse. Sus enemigos lo esperan a la entrada de la ciudad para matarlo, pero aprovechando la noche, arranca las puertas de la ciudad y se la lleva al monte en frente de Hebrón, dejando a sus enemigos con el problema de una ciudad indefensa al perder sus puertas principales. Allí se enamora de Dalila (mujer filistea). Los filisteos, a cambio de monedas de plata, la sobornan (Jueces 16:5,18) y la incitan a lograr que Sansón le revele el secreto de su fuerza. Sansón la engaña, respondiéndole que sería vencido si lo atasen con siete cuerdas húmedas. Dalila le hace caso y lo ata, pero él rompe las cuerdas fácilmente. La mujer vuelve a preguntarle, a lo que él responde que bastaría con atarlo con cuerdas nuevas para que se convirtiese en un hombre normal. Ella le hace caso y él vuelve a romperlas con facilidad. Dalila insiste en querer saber su secreto, y Sansón vuelve a mentirle, diciéndole que se debilitaría si lo atasen sus siete trenzas con hilos, sujetándolas con clavos. Ella lo intenta y vuelve a fracasar por tercera vez.
Tras mucha insistencia por parte de la mujer, Sansón le confiesa que perderá toda su fuerza si le cortan el cabello. Así lo hace un sirviente y lo deja sin su extraordinaria fuerza. Es de notar que su fuerza se debía al juramento nazareo (Jueces 13:25; 15:18), el cual Sansón mismo había roto al dejar que Dalila tuviera la oportunidad de cortarle el cabello (Deuteronomio 7:3,4). Sansón no ignoraba que esa mujer era indigna (Jueces 16:8,12,14). Los filisteos terminan capturándolo, le sacan los ojos y lo llevan a Gaza, donde, prisionero, trabaja moliendo grano para sus enemigos. No obstante, su pelo vuelve a crecer, restableciéndose el símbolo de su relación con Dios.
Un día, los jefes filisteos se reúnen en el templo para ofrecer un sacrificio a Dagón, por haber puesto en sus manos a su enemigo. Hacen llamar a Sansón para que los entretenga a ellos y a las tres mil personas que allí había. El israelita pide al joven que lo conducía que lo deje entre las columnas sobre las que descansa el edificio, para poder descansar.
Sanson invoca, entonces, a Dios: "Te lo suplico, acuérdate de mí. Dame fuerzas sólo una vez más, y de un sólo golpe me vengaré de todos los filisteos"
Haciendo fuerza sobre las columnas, añadió: "Muera yo con los filisteos".
El edificio se viene abajo, de tal forma que Sansón mata a más personas al morir de las que había matado durante toda su vida. Sus familiares recuperan su cuerpo y lo entierran cerca de la tumba de su padre, Manoa. Cabe destacar que gracias al derrumbe del templo, los filisteos resultaron seriamente debilitados dado que en dicho acontecimiento murieron todos sus líderes políticos, militares y religiosos, perdiendo además gran parte de su control e influencia en Israel.

1.1.1.7.Samuel.

 Samuel, del hebreo, "aquél que escucha la voz de Dios" o "el Nombre de Dios" fue, según el texto bíblico, un profeta hebreo, líder militar y último juez de Israel.
Según el Primer Libro de Samuel, el profeta pertenecía a la Tribu de Leví. Su madre, Ana, era estéril y obtuvo milagrosamente un hijo al que llamó Samuel y consagró al Señor, dejándolo en el santuario de Silo al cuidado del sacerdote Eli (1Samuel 1-2).

Fue él quien eligió al primer rey de los israelitas, Saúl, quien gobernó el Reino de Israel durante el período de la monarquía unida, siendo predecesor de David.

En la tradición judía tiene un gran peso, al punto que el Talmud llega a decir que este profeta valía tanto como Moisés y Aarón. Según dicha tradición, luego de la muerte de Moisés y Josué, sucedió una confusión en cuanto a ciertas leyes, en especial concerniendo a la prohibición del matrimonio entre amonitas, moabitas e israelitas. Este problema lo resolvió el profeta Samuel, ya que tenía la autoridad suficiente, con la siguiente oración: Amonita varón mas no amonita mujer, moabita varón mas no moabita mujer. Es decir, que, dado que el versículo bíblico que prohíbe la mezcolanza entre moabitas, amonitas e israelitas sólo menciona a los varones, excluye a las mujeres amonitas y moabitas de la prohibición, permitiéndoles contraer matrimonio con los judíos.
La Iglesia Católica, por su parte, lo conmemora el 6 de Abril

1.1.1.8.Reyes.

1.1.1.8.1.Saúl.

Saúl,  en hebreo, "deseado" o "implorado", fue el primer rey de Israel según la Biblia. Su reinado se ubica tradicionalmente en los últimos años del siglo XI a. C. y se considera que marca la transición para el pueblo hebreo desde una federación de tribus a un Estado.
El relato bíblico, puesto por escrito entre uno y tres siglos después, indica que Saúl era hijo de Kis (o Cis) de la tribu de Benjamín y que fue ungido rey por el profeta Samuel. El monarca estableció su sede en Gaba, en el territorio de su propia tribu. Su esposa fue Ahinoam, hija de Ahimaaz, con la cual tuvo cuatro hijos y tres hijas, siendo los varones; Jonatán, Abinadab, Malquisúa, e Isbaal (a veces transcripto como Es-baal y también llamado Isboset​) y las mujeres; Merab y Mical. También tuvo una concubina llamada Rizpah hija de Aiah, quien le dio dos hijos; Armoni y Mefiboset (o Mefibaaal). Después de algunas batallas victoriosas, fue derrotado por los filisteos en la batalla del monte Gilboa, suicidándose con su propia espada para evitar la captura. En ese mismo combate murieron tres de sus hijos por lo cual la sucesión al trono quedó en disputa entre el único hijo sobreviviente; Isbaal y el yerno (y antiguo oficial) de Saúl, casado con Mical, David. No se conoce la duración del reinado de Saúl, ni la extensión del territorio bajo su control, ya que no aparecen en el texto bíblico y hasta el presente no hay evidencias contemporáneas de su reinado. Se suele considerar que reinó entre veinte y veintidós años.
Según la Biblia, su padre Kish perdió sus asnos y envió a su hijo y un criado a buscarlos en la región montañosa de Efraín, y de allí a la tierra de Salisa, pero no los hallaron. Entonces pasaron por la tierra de Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, pero no los hallaron. Así que decidieron volver, pero de paso consultarían al Vidente sobre la ubicación de los asnos.

Ante el pedido del pueblo israelita al entonces anciano juez Samuel para que nombrara un rey que los librara de los invasores filisteos, y aquel, aunque creía que Dios debía ser el único soberano de Israel, consultó a HaShem. Y este reveló que señalaría su ungido. Samuel vio que Saúl era el escogido y lo dejó quedarse en su casa, al día siguiente derramó aceite sobre su cabeza.
Luego, dio instrucciones de buscar determinadas personas con instrumentos musicales "profetizando", Saúl se encontró con esas personas donde el Espíritu de Dios descendió sobre él, "profetizó" en medio de ellos.

Hombre de gran valor y gran estatura, se mostró al principio un rey firme, que derrotó a los amonitas, moabitas y filisteos en numerosas ocasiones, y estableció su capital en la ciudad liberada de Jabes de Galaad.
En una ocasión, Saúl había preparado una campaña militar contra los filisteos pero esperaba a Samuel para que este ofreciera un sacrificio a Dios. Dado que Samuel tardaba mucho en llegar, Saúl ofreció el sacrificio él mismo, pero en ese momento llega Samuel, sumamente indignado por desobedecer sus instrucciones. Saúl reorienta su campaña hacia los amalecitas; logra una victoria total exterminando todo hombre, mujer y niño, pero deja vivo al rey; Samuel otra vez aparece indignado y mata al rey.

Debido a ello Samuel buscó un nuevo ungido en David, quien marchó a la corte de Saúl como arpista. Samuel ungió a David y éste entró en servicio en la corte de Saúl. Mas la victoria de David sobre Goliat, acompañada de los subsecuentes triunfos militares de David, provocaron los celos del rey Saúl,​ quien, debido a que Dios se había alejado de él, intentó matarlo; pero gracias a la ayuda de su amigo Jonatán, y de su esposa, Mical (hijos del propio Saúl), David logró huir.

El texto bíblico da cuenta del distanciamiento y la separación de Dios respecto a Saúl. También describe que Saúl, poseído por la ira ante la admiración del pueblo y su propia familia por David, terminó por perder la razón. Desesperado, invocó mediante la adivina de Endor al espectro de Samuel, quien profetizó la gran derrota del ejército de Saúl y también la muerte de este. Al día siguiente, los filisteos vencieron al ejército israelita en la batalla del monte Gilboa y Saúl, estando ya herido, y para evitar que lo capturasen le pidió a su escudero que lo matara, pero como éste se negó, Saúl terminó por suicidarse.

1.1.1.9.David.

David, en hebreo, "el amado" o "el elegido de Dios", fue el segundo rey (legítimo) de Israel, que logró unificar su territorio e incluso expandirlo, hasta comprender las ciudades de Jerusalén y Samaria, Petra, Zabah y Damasco. La historia de David figura en la Biblia, en los Libros del profeta Samuel y en el Libro de los Salmos.​ David fue uno de los grandes gobernantes de Israel y padre de otro de ellos, Salomón. Es venerado como rey y profeta en el judaísmo, el cristianismo y el Islam.​
David es considerado como un rey justo, valiente, apasionado; guerrero, músico y poeta, pero un rey, también, no exento de pecados. Según la Biblia, él fue elegido por Dios en persona para gobernar Israel. Se le atribuye la autoría de gran parte del Libro de los Salmos. Aparentemente vivió entre los años 1040 y 966 a. C., reinó en Judá entre el 1010 y 1006 a. C. y sobre el reino unido de Israel entre el año 1006 y el 966 a. C.

Los Libros de Samuel son la crónica principal de su vida y su reinado, continuando con sus descendientes en el Libro de los Reyes. Se han preservado pocas referencias arqueológicas, pero la estela de Tel Dan y la estela de Mesha podrían determinar la existencia, a mediados del s. IX a. C., de una dinastía real hebrea llamada «Casa de David». Además de existir otras referencias en este grabado sobre la descendencia del rey David. Así también, la costumbre de dejar genealogías en las familias hebreas lo hace aparecer en varias de ellas en la misma Biblia.

La vida de David es importante para el judaísmo y el cristianismo . Su biografía se basa casi exclusivamente en los libros de Samuel, donde se lo describe además como rubio, de hermosos ojos, prudente y muy bella presencia.

David perteneció a la familia de Isaí, de la tribu de Judá. Según 1 Samuel 16:11 y 17:12, era el menor de los ocho hijos de Isaí y, como era costumbre en esos tiempos, el menor era el más postergado y al que se le daban las tareas pastoriles. Tres de sus hermanos mayores fueron soldados del rey Saúl. Samuel, el profeta, viajó hasta Belén, por mandato de Dios, para buscar al nuevo ungido. Los candidatos -dijo Dios- debían ser de la familia de Isaí.

El rey Saúl había pecado al desobedecer a Dios durante la batalla de Michmash, donde debía destruir a todos los enemigos amalecitas y no lo hizo. Por ello, Dios decidió retirarle su bendición y envió al profeta Samuel en busca de un nuevo ungido, de un nuevo rey para Israel. Su destino era Belén, donde vivía Jesé, un pastor con sus hijos. Uno de ellos era el elegido y Samuel, como profeta, debía saber cual. Para evitar un castigo del rey Saúl, el profeta se excusó alegando que viajaba para realizar un sacrificio. Una vez en casa de Jesé, el profeta conoció a siete de sus ocho hijos, pero ninguno fue el elegido. Cuando preguntó si faltaba alguno, Jesé llamó al más pequeño: David, y cuando el profeta lo vio, supo que era él. Allí, delante de su padre y hermanos mayores, le ungió como futuro rey de Israel.
David, con la gracia de Dios, fue nombrado músico a cargo del arpa y paje de armas. Estas tareas las compaginaba con su trabajo como pastor. Tan bueno era tocando el arpa, que escuchando la melodía, Saúl se relajaba. El rey Saúl le concedió su buena disposición.
Israel, bajo las órdenes del rey Saúl, estaba en guerra con los filisteos. Un gigante llamado Goliat de Gat, de seis codos y un palmo de estatura y miembro de las tropas de choque filisteas (1 Samuel 17:4), desafió al ejército israelita durante cuarenta días, proponiendo que escogieran a su mejor hombre para hacerle frente. En palabras de Goliat, si él resultaba derrotado y muerto por el israelita, los filisteos serían esclavos de Israel, pero si él vencía y mataba al escogido de Israel, los israelitas serían esclavos de los filisteos (1 Samuel 17:8-9). Los hebreos temían en gran manera a Goliat y se escabullían del reto.
David, cuyo padre le había pedido que viajara al campamento para saber cómo estaban sus hermanos mayores y llevarles algo de comida, escuchó el desafío del gigante (1 Samuel 17:23). Según la Biblia, la condición de pastor llevó a David a estar preocupado por defender a sus rebaños de los ataques de fieras salvajes y, utilizando su talento, se servía del cayado y una honda. Con ello se presentó ante el rey Saúl y se propuso para luchar contra el gigante. Con la anuencia de Saúl, David se vistió con la armadura del rey, pero al no estar acostumbrado a utilizarla, se deshizo de ella y se dirigió al campo de batalla solo con su honda. Por el camino recogió cinco piedras lisas en un arroyo y se plantó delante del gigante Goliat. Éste se burló de él y tuvo en menos al más joven de los hijos de Jesé que se presentaba para tener un combate singular con él. Pero David, tras proclamar que toda la Tierra sabría que hay Dios en Israel, y con su honda de boleo,  le incrustó una piedra en la frente a Goliat y, cuando cayó, aprovechó para cortarle la cabeza con la espada del propio filisteo. La Biblia de Jerusalén señala que se ha comparado este combate singular con los combates individuales de la Ilíada. En alusión a este combate, la expresión «honda de David» simboliza que no existe enemigo desdeñable por pequeño que sea, si el acierto le acompaña. David vencedor de Goliat constituye además un símbolo del valor que tienen el tesón y la voluntad férrea desarrolladas frente a un enemigo en apariencia muy superior.
Después de vencer al gigante, David consiguió la confianza de los criados y del pueblo, se ganó la amistad de Jonatán y el amor de Mical quien fue su primera esposa y ambos eran hijos de Saúl. Y, precisamente eso, produjo los celos del rey Saúl, que ordenó capturarle. David tuvo que huir al desierto con un escuadrón de 200 guerreros leales y se convirtió en el paladín de los oprimidos. Allí aceptó la protección del rey filisteo Aquis de Gat, enemigo de Israel, y situó a su familia y los suyos en la ciudad filistea de Siclag. Cuando Aquis se fue a la guerra contra el rey Saúl, David no pudo acompañarle porque los otros nobles no confiaban en él.
Esta batalla, que tuvo lugar en Gilboá, acabó con la vida del rey Saúl y de su hijo Jonatán, amigo de David. La Casa de Saúl estaba prácticamente anulada y David se dirigió a la ciudad de Hebrón para ser nombrado rey de Judá. Pero los norteños no estaban de acuerdo con tal decisión y buscaron a un descendiente lejano del difunto rey para nombrarle como sucesor. El escogido fue Isboset, al que nombraron rey. Éste intentó ganarse la confianza del reino, pero dos caudillos seguidores de David decidieron asesinarle en su propia casa. Cuando se presentaron ante el rey David esperaban una recompensa, pero se encontraron con la muerte. David no estuvo de acuerdo con la muerte de su enemigo y decidió ejecutarles por asesinato.
En Hebrón, el rey David no conseguía la confianza de los norteños y decidió que, para unir a las doce tribus israelitas, debía buscar una ciudad neutral donde gobernar. Sin embargo, con la muerte del hijo del difunto rey Saúl, los ancianos de Israel se acercaron a Hebrón manifestando lealtad a David, que por entonces tenía 30 años.
Esa ciudad neutral fue Jebús, que por entonces no estaba en manos de la gente de Judá ni en manos de los israelitas del norte, sino ocupada por los jebuseos. Una vez reconocido por los líderes de todas las tribus, David conquistó la fortaleza de Jebús y la hizo su capital. Una ciudad que pasó a ser conocida como la Ciudad de David y, posteriormente, Jerusalén.
El rey David era el líder de una teocracia que pretendía instalar el reino de Dios en la Tierra. Por su parte, el rey Hiram de Tiro envió mensajeros a la capital y comenzó a suministrarle a David, madera de cedro, carpinteros y albañiles para que pudiera construirse la casa de David. Este quería construir un templo para HaShem, pero el profeta Natan le dijo, por orden de Dios, que el templo debía esperar una generación, pues se habían cometido muchos crímenes. Sin embargo, Dios hizo un pacto con el rey David: la Casa de David nunca se extinguiría.
David conquistó Soba, Aram (la actual Siria), Edom y Moab (la actual Jordania), así como las tierras de los filisteos y de otros territorios. En muchos casos exterminó a gran parte de sus habitantes cananeos.
Durante el sitio de Rabbah, el rey David decidió no ir a la batalla y quedarse en Jerusalén. Después de una siesta y desde la terraza, el rey observó que, en una casa vecina, una hermosa mujer estaba bañándose. David quedó prendado de ella y quiso saber quién era: Betsabé, la mujer de un soldado hitita principal llamado Urías que estaba luchando en el sitio de Rabbah. Pero ni eso paró al rey.

La dejó embarazada mientras su marido luchaba en el sitio y el adulterio de la mujer, en Israel, era penalizado con la muerte. Con tal de evitar esto, David pidió a su marido que volviera del sitio y hacerle creer que él mismo había embarazado a su mujer. Pero, no lo consiguió. Urías se negó a quedarse en casa, con su mujer, mientras sus compañeros luchaban en la batalla.

El rey David, preocupado por perder a la mujer de la que estaba enamorado, decidió cambiar su estrategia. Pidió al comandante del sitio que situara al esposo en el lugar más difícil de la batalla, con la intención de que muriera en combate. Así, nadie sospecharía del adulterio y el rey podría seguir con Betsabé. Urías murió en combate y David se casó con ella y llegó a ser su esposa preferida y ella llegó a amarle con devoción.

El profeta le advirtió que Dios le quitaría la tranquilidad y que le enviaría zozobras continuas, que su reinado sería agitado, lleno de disturbios civiles violentos e intrigas. Y también le advirtió que él no moriría por haber dejado embarazada a una mujer casada y haber ordenado la muerte de su marido, pero que sí lo haría el hijo que iba a nacer. Su hijo vivió siete días, durante los cuales el rey ayunó. Pero cuando murió, el rey se vistió y volvió a comer. Sus sirvientes le preguntaron por qué se lamentó cuando su hijo todavía estaba vivo, pero no cuando ya había muerto.

Mientras el niño aún vivía, yo ayunaba y lloraba. Pensaba que tal vez el Señor tendría compasión de mí y que el niño pudiera vivir. Pero ahora que ha muerto, ¿por qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, pero él no volverá a mí.-2 Samuel 12.

Tal como lo había profetizado Natan, los errores del rey fueron la causa de diversos trastornos y zozobras a la llamada Casa de David. Uno de sus hijos, Absalón, se rebeló contra su padre y llegaron a luchar por el derecho al trono. Un día, Absalón quedó atrapado por su cabello en las ramas de un roble y Joab, el comandante de tropas de David, le clavó tres flechas y lo mató (2 Samuel 18:14). Así, toda una facción festejaba esa muerte como una victoria, pero, cuando la noticia de la victoria fue llevada al rey David, éste no se alegró, mas lamentó la muerte de su hijo.
Todo ese tiempo de conflictos deterioraron la imagen de David y su espíritu. Los sinsabores continuarían, pues su hijo Adonías también pretendía reinar. Ambicionó el trono de su padre, que ya había perdido gran parte de su anterior prestigio.
El rey David, ya anciano, estaba postrado en la cama y su hijo Adonías aprovechó este hecho para proclamarse rey. Betsabé y el profeta Natan, conociendo la actitud hostil del joven, pidieron a David que nombrara como heredero a otro de sus hijos. Concretamente a Salomón. Éste había sido elegido por Dios y este acuerdo entre David y su mujer preferida sólo concretaba los designios divinos.
También le prometió continuar la línea hereditaria en el trono de Judá por siempre. David murió aproximadamente a los 70 años y fue enterrado en la Ciudad de David, futura Jerusalén. Gobernó cuarenta años sobre Israel, siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén.

En el Judaísmo, el reinado de David representa la formación de un Estado Judío coherente, con su capital política y religiosa en Jerusalén y la institución de un linaje real que culminará en la Era mesiánica. La supuesta descendencia de David como hijo de una conversa (Ruth) es tomado como prueba de la importancia de los conversos dentro del judaísmo. El hecho de que Dios no le haya permitido construir un templo perpetuo es tomado como prueba del imperativo de paz en asuntos de estado. David es también visto como una figura trágica; su inexcusable toma de Betsabé, y la pérdida de su hijo son vistas como tragedias centrales en el judaísmo.
Hay un amplio debate sobre la historicidad del personaje. Una inscripción encontrada en Tel Dan del 850-835 a. C. contiene la frase "de David".  Si la lectura de  "Casa de David" en la estela de Tel Dan es correcta, entonces tenemos evidencia sólida de que en el siglo IX a. C. el rey arameo era considerado el fundador de la dinastía de Judea como alguien llamado David. En la Estela de Mesa de Moab, que data de aproximadamente el mismo período, también puede contener el nombre de David, aunque la lectura es incierta. Kenneth Kitchen ha propuesto como evidencia de su existencia una inscripción del 945 a. C. en la que faraón egipcio Sheshonq I habla de "las tierras altas de David", pero esta no ha sido ampliamente aceptada.
La interpretación de la evidencia arqueológica sobre el alcance y la naturaleza de Judá y Jerusalén en el siglo X a C. es otro tema de intenso debate. Israel Finkelstein y Zeev Herzog, de la Universidad de Tel Aviv, piensan que el registro arqueológico no apoya la opinión de que Israel en ese momento era un estado importante, sino más bien un pequeño reino tribal.​ Finkelstein dice en su documental La Biblia desenterrada (2001): "Sobre la base de los estudios arqueológicos, Judá se mantuvo relativamente vacía de población permanente, muy aislados y marginados hasta después de la hora prevista para David y Salomón, sin grandes centros urbanos y sin jerarquía pronunciada de caseríos, aldeas y ciudades. De acuerdo con Zeev Herzog "la monarquía unida de David y Salomón, que es descrita por la Biblia como un poder regional, era a lo sumo un pequeño reino tribal ".​ Por otra parte William Dever, en su ¿Qué Hicieron los Escritores Bíblicos y Que Sabían? sostiene que la evidencia arqueológica y antropológica apoya el relato bíblico de un Estado de Judea en el siglo X a. C.
Restos de la Edad de Bronce y la Edad de Hierro de la Ciudad de David,​ se han investigado extensamente en los años 1970 y 1980, bajo la dirección de Yigael Shiloh de la Universidad Hebrea, pero no se han descubierto pruebas significativas de su ocupación durante el siglo X a. C. En el año 2005 Eilat Mazar encontró una estructura de grandes piedras que, según ella, se correspondería con el palacio de David,​ pero el lugar está contaminado y hasta la fecha ha sido imposible determinarlo con precisión. En el resto del territorio de Judá y del Israel bíblicos, no existen inscripciones reales del siglo X a. C., ni evidencia de una burocracia real, ni inscripciones que aporten pruebas al respecto. Investigaciones acerca de la localización y cambios en los patrones de asentamiento de población han demostrado que entre los siglos XVI y VIII a. C., período que incluye los reinos bíblicos de David y Salomón, la población de la región montañosa de Judá no eran más que unas 5000 personas, la mayoría de ellos pastores seminómadas, con la zona urbanizada entera constando de una veintena de pequeños pueblos.
La evidencia bíblica de David proviene de I Samuel, II Samuel, y del libro de las Crónicas (también dos libros en la tradición cristiana) -aunque casi la mitad de los salmos llevan por título «Salmo de David", estas adiciones son posteriores, ya que ningún salmo se puede atribuir a David con certeza debido a la falta de evidencia arqueológica-,​ sin embargo, solo Samuel vuelve a contar desde un punto de vista teológico diferente, y contiene poca, si no toda la información disponible allí, y la evidencia bíblica de David, por tanto, depende casi exclusivamente en el material contenido en los capítulos desde I Samuel 16 a I Reyes 2.
La cuestión de la historicidad de David se convierte así en la cuestión de la fecha, la integridad del texto, la autoría y la fiabilidad del 1° y 2.º Samuel. Desde que Martin North formuló su análisis de la tradición deuteronómica eruditos bíblicos han aceptado que estos dos libros forman parte de una historia continua de Israel, compilados no antes de finales del siglo VII a.C., aunque con la incorporación de obras anteriores y fragmentos. Los textos de Samuel sobre David "parecen haber sido objeto de dos actos separados de revisión editorial". Los escritores originales muestran un sesgo en contra de Saúl, y en favor de David y Salomón. Muchos años después, los deuteronomistas editaron el material de manera adecuada a sus creencias religiosas y mensaje, con la inserción de los informes y las anécdotas que reforzaban la doctrina monoteísta. Se estima que algún material en I y II Samuel, en especial lo tocante a las listas de los funcionarios, sea muy antiguo, posiblemente incluso date de la misma época de David o Salomón. Estos documentos estuvieron probablemente en manos de los deuteronomistas cuando se comenzó a compilar el material.
Más allá de esto, toda la gama de posibles interpretaciones está disponible; John Bright, en su "History of Israel" toma los textos de Samuel por su valor nominal, mientras que eruditos como Thomas L. Thompson rechazan la historicidad de los textos bíblicos. El profesor Baruch Halpern ha representado a David como un vasallo de toda la vida de Aquis, el rey filisteo de Gat,​ Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman han identificado como la sección más antigua y más fiable de Samuel aquellos capítulos que describen a David como el líder carismático de una banda de forajidos que captura Jerusalén y la hace su capital.  Steven McKenzie, profesor asociado de la Biblia Hebrea del Rhodes College, de Memphis, Tennessee, y autor de "King David: A Biography", afirma su creencia de que David realmente provenía de una familia acomodada, fue "ambicioso y despiadado", y un tirano que asesinó a sus oponentes, incluyendo a sus propios hijos.

1.1.1.10.Salomón.

El texto bíblico se refiere a Salomón como el tercer y último monarca del reino unido de Israel (es decir, antes de la separación del territorio israelita en los reinos de Judá e Israel). Hijo del rey David, Salomón logró reinar sobre un extenso territorio durante casi cuatro décadas, posiblemente entre los años 965 y 928 a.C.
Durante el reinado de Salomón se construyó el primer Templo de Jerusalén y a él se le atribuye la autoría de los textos bíblicos titulados Libro de Eclesiastés, Libro de los Proverbios y Cantar de los Cantares.
Salomón fue el segundo de los hijos que tuvieron el rey David y Betsabé. En la Biblia, el profeta Natán informa a David de que Dios ha ordenado la muerte a su primer hijo como castigo por el pecado del rey, quien había enviado a la muerte a Urías, marido de Betsabé, para casarse con su esposa (2 Samuel 12:14: "Has hecho blasfemar a los enemigos de Dios", o literalmente, "has despreciado los preceptos de Dios"). Tras una semana de oración y ayuno, David supo la noticia de la muerte de su hijo y se casó con Betsabé quien quedó embarazada, esta vez de Salomón.
La historia de Salomón se narra en el Primer Libro de los Reyes, 1-11, y en el Segundo Libro de las Crónicas, 1-9. Sucedió a su padre, David, en el trono de Israel hacia el año 970 a. C.​ Su padre lo eligió como sucesor a instancias de Betsabé y Natán, aunque tenía hijos de más edad habidos con otras mujeres. Fue elevado al trono antes de la muerte de su padre, ya que su medio hermano Adonías se había proclamado rey.
Adonías fue más tarde ejecutado por orden de Salomón, y el sacerdote Abiatar, partidario suyo, fue depuesto de su cargo, en el que fue sustituido por Sadoc. También fue asesinado el general Joab sin respetar el derecho de asilo del templo. Del relato bíblico parece deducirse que a la ascensión de Salomón al poder tuvo lugar una purga en los cuadros dirigentes del reino, que fueron reemplazados por personas leales al nuevo rey.
La Biblia nos narra como Dios se presentó a Salomón, y le ofreció pedirle lo que quisiera, a lo que Salomón respondió: "Da pues a tu siervo un corazón magnánimo para juzgar a tu pueblo, para discernir entre lo bueno y lo malo".
Es así como Dios le concedió un corazón sabio y entendido. Cabe destacar que esta sabiduría se basaba en seguir los estatutos divinos. Esa rectitud y justicia que se difundía en la sociedad al aplicar la Ley de Dios lograba la prosperidad de su reino, alcanzando el mayor esplendor de la monarquía israelita. Mantuvo en general la paz con los reinos vecinos, y fue aliado del rey Hiram I de Tiro, quien lo auxilió en muchas de sus empresas.

Emprendió numerosas obras arquitectónicas, entre las que destaca por encima de todas la construcción del Templo de Jerusalén como lugar para la permanencia del arca de la Alianza, aunque destaca también la erección de un fabuloso palacio, la construcción de un terraplén que unía el templo con la ciudad de Jerusalén.
En sus construcciones participó un gran número de técnicos extranjeros, como albañiles y broncistas de Tiro o carpinteros de Gebal. Entre todos ellos destaca el arquitecto Hiram, y se importaron lujosos materiales también procedentes de Fenicia.
Durante el transcurso de su reinado la monarquía hebrea tuvo su momento de mayor prosperidad, y el esplendor de su nación llamó la atención de la reina de Saba. Se hablaba también del llamado Juicio de Salomón.
Gobernante y pueblo se regían bajo la Ley de Dios, lo que la Biblia interpretó como el establecimiento del reino de HaShem en la Tierra.
Después de terminado el templo, en una oración que Salomón le hace a Dios,  le recuerda la promesa hecha a su padre David la cual fue, "[...[ no te faltara varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal de que tus hijos guarden mi camino[…] ”​ Dios les concedía tranquilidad en sus fronteras.​ El orden y la alegría primaban.

No obstante, para consolidar el poder político de Israel en la región, contrajo matrimonio con una de las hijas del faraón del Antiguo Egipto Siamón. Salomón se fue rodeando de todos los lujos y fue adquiriendo la grandeza externa de un monarca oriental. Esto hizo, sin embargo, que en la segunda mitad de su reinado cayera en la idolatría, inducido por sus numerosas esposas extranjeras. De acuerdo con 1 Reyes 11:3, "tuvo -contrariando la Ley​- setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas, y esas mujeres le desviaron el corazón".

La seguridad interna y el control de las vías de comunicación habían facilitado una amplia expansión del comercio hebreo. Se dice en la Biblia​ que sus naves llegaron hasta Ofir, en algún lugar del Mar Rojo, donde cargaron 14.300 kg de oro. Tanto el rey como el pueblo se dedicaron a comerciar;​ fueron atrapados por el ansia de riquezas y cayeron en el materialismo.​ Aquí se dio el punto de inflexión hacia un modo de vida que posteriormente sería causa de reproches por parte de los profetas.
En las transacciones, el rey demostraba que ya no era justo. Reavivó el tema de la esclavitud en los infieles. Permitió sacerdotes que en muchos casos eran indignos.​ Se cubrió de elementos de guerra.

Aquél pecado de Salomón fue, según la Biblia, la causa de la división de su reino después de su muerte.Pero aunque cometió este pecado, se arrepintió, y luego escribió el Libro de Eclesiastés para aconsejar a otros a que no siguieran su ejemplo. Salomón escribe este libro como un testimonio y ejemplo de que las cosas de este mundo no son duraderas.

Las construcciones emprendidas por el rey y el boato de su corte exigían enormes contribuciones en dinero y mano de obra, que la parte más próspera del pueblo -también ya imbuido de codicia- no quería aportar. Los privilegios concedidos a Judá hicieron crecer el descontento entre las diez tribus del Norte (las más acaudaladas), donde Jeroboam hizo eco de este descontento y se puso al frente del levantamiento que llevaría más tarde a la separación de los reinos de Israel y de Judá.

Lo sucedió su hijo Roboam, cuya madre era Naamá, amonita. Pero pronto, la parte norte aparecería como rebelde (diez de las doce tribus de Israel, todas excepto Judá y Benjamín). Así quedaría dividido el reino.

1.1.1.11.Jeroboam I.

Jeroboam fue el primer monarca del norteño Reino de Israel, tras la muerte de Salomón que condujo a la división de reino de Israel y sus tribus. Gobernó los territorios de diez de las tribus israelitas. Su historia es narrada en el Primer Libro de Reyes. Reinó durante el siglo X  A.C., posiblemente entre 928 y 910 a.C. Según 1 Reyes 11:26-39, Jeroboam era hijo de Nabat, de la tribu de Efraín y de la ciudad de Seredá. El nombre de su madre era Serúa (quien más tarde se quedó viuda). Era un funcionario de Salomón. Bajo la influencia de las palabras del profeta Ahías, quien profetizó que él gobernaría las 10 tribus del Norte de Israel, comenzando a formar la conspiración con el fin de convertirse en el rey de las 10 tribus del Norte; pero al ser descubierto, escapó a Egipto (1 Reyes 11:29-40), donde él estuvo durante un tiempo en la protección de Sisac.
Después de la muerte de Salomón, los conflictos de tipo económico generaron tensiones. La conducta altanera de Roboam con respecto a las 10 tribus del norte, contribuyó a generar una rebelión y Jeroboam regresó a Israel aclamado como rey (1 Reyes 12:1-20).
Por medio de su mensajero, el Señor había hablado claramente a Jeroboam acerca de la necesidad de dividir el reino. Esta división debía realizarse, había declarado, "por cuanto Me han dejado, y han adorado a Astharoth diosa de los Sidonios, y a Chemos dios de Moab, y a Moloch dios de los hijos de Ammón; y no han andado en Mis caminos, para hacer lo recto delante de Mis ojos, y Mis estatutos, y Mis derechos, como hizo David su padre." (1 Reyes 11: 33).

Jeroboam I reconstruyó y fortificó Siquem como la capital de su reino. Casi inmediatamente adoptó el medio de perpetuar la división entre el Norte y el Sur, al erigir un becerro de oro tanto en Dan como en Betel, donde él los estableció como símbolos de Dios, imponiendo a la gente no ir más al Templo de Jerusalén, para así traer las ofrendas de los habitantes de su norteño reino solo los lugares santos que él mismo había erigido.

Es posible que los dos becerros de oro emplazados por Jeroboam I en el norteño Reino de Israel hayan sido inspirados por el toro que representaba al ya mencionado dios El (con el que, en su forma plural, se relaciona el Dios de los hebreos).

Así Jeroboam pasó a la historia bíblica como quien hizo pecar a Israel. Esta política idolátrica fue seguida de todos los reyes de Israel. Según 1 Reyes 13:1-9, mientras él estaba ofreciendo incienso en Betel, el profeta Iddo de Judá apareció antes de él con un mensaje de advertencia del Señor. Al intentar detener al profeta y sus palabras, su mano fue secada y el altar se hizo pedazos.

Jeroboam se llenó de un espíritu de desafío contra Dios, e intentó hacer violencia a aquel que había comunicado el mensaje. "Extendiendo su mano desde el altar", clamó con ira: "Prendedle!" Su acto impetuoso fue castigado con presteza. En su ruego urgente a Dios su mano fue sanada (1 Reyes 13:1-9; compare a 2 Reyes 23:15); pero el milagro no tuvo ninguna impresión duradera sobre él. Vano había sido el esfuerzo de Jeroboam por impartir solemnidad a la dedicación de un altar extraño, cuyo respeto habría hecho despreciar el culto de HaShem en el templo de Jerusalén. El mensaje del profeta debiera haber inducido al rey de Israel a arrepentirse y a renunciar a sus malos propósitos, que desviaban al pueblo de la adoración que debía tributar al Dios verdadero. Pero el rey endureció su corazón, y resolvió cumplir su propia voluntad. Su reinado era uno de constante guerra con el reino hebreo del Sur, Judá. Mientras el reino del sur no hizo ningún esfuerzo serio para militarmente recuperar el poder sobre el norte, había una lucha que perduró durante los reinados de varios reyes de ambos reinos.

Jeroboam murió poco después que Abiam (Abías), hijo y sucesor en el trono de Judá de Roboam (1 Reyes 14:1-18). En la evaluación de la carrera de Jeroboam, los historiadores tienen que ejercer la precaución debido al hecho que la fuente exclusiva de información disponible sobre él es abiertamente hostil al monarca, sugiriendo el texto bíblico que toda la obra de su vida fue pecaminosa. "El resto de la historia de Jeroboam, las batallas en que tomó parte y otros detalles de su reinado, están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel" (1 Reyes 14:19).

Las "Crónicas de los Reyes de Israel", probablemente compiladas por los propios escribanos de estos reyes, son probablemente la fuente para los hechos básicos de la vida y reinado de Jeroboam - aunque el escritor del Libro de Reyes claramente posiblemente hizo un empleo selectivo de datos en estas crónicas, concentrándose en la naturaleza ética de cada rey y su obediencia o desobediencia a la Ley de Dios.

Ajías (Ahías), el profeta que había predicho el ascenso al poder de Jeroboam, también predijo su caída, junto a la de su dinastía y la del Reino del Norte: "De ahora en adelante, el Señor va a sacudir a Israel como la corriente del río sacude las cañas. Lo arrancará de esta buena tierra que dio a sus antepasados, y lo arrojará más allá del río Éufrates, por haber hecho representaciones de Astarté, causando con ello la irritación del Señor" (1 Reyes 14:15).

Jeroboam fue sucedido por su hijo Nadab, quien fue asesinado en el segundo año de su reinado por Baasa, de la tribu de Isacar, que exterminó además a toda la Casa de Jeroboam. La profecía de Ahías se cumpliría hacia el año 721 a. C. cuando los asirios deportaran a gran parte del pueblo hebreo hasta territorios más allá del río Éufrates.

1.1.1.8.5.Omrí.

Omri  (del hebreo, "El Señor es mi vida") fue rey de Israel y padre de Ajab. Existen tres cronologías para la época de los reyes que situarían su reinado en los siguientes períodos: La propuesta de Edwin R. Thiele (888 - 880 a. C. para su disputa dinástica con Tibni y 880 a. C. - 874 a. C. para su reinado propiamente dicho); la de William Foxwell Albright (876 a. C. - 869 a. C.); y la propuesta por Gershon Galil (884-873).1​ Su historia está recogida en el Primer Libro de los Reyes 16, 15-28. Existen además fuentes arqueológicas que completan el testimonio bíblico.

Fue "comandante del ejército" de Ela, cuando este fue asesinado por Zimri quien usurpó el trono y se nombró rey; sin embargo, las tropas en Gibetón eligieron a Omrí como rey de Israel para destronar a Zimri. Asedió la capital Tirsá donde se encontraba Zimri y consiguió la victoria tras el suicidio de este en su propio palacio.

Si bien Zimri fue eliminado, "la mitad del pueblo" apoyaba a Tibni, otro aspirante al trono, hijo de Guinat. Le tomó a Omrí algunos años subyugar a Tibni y, finalmente, se proclamó a sí mismo rey indisputado de Israel en el 31º año de Asa, rey de Judea.

Omrí construyó su nueva capital Samaria en una colina comprada a Sémer por dos talentos de plata4​(cerca de 68 kilos de plata). Según lo descrito en la biblia, al igual que sus antecesores, anduvo en los mismos pecados​ edificando y manteniendo lugares de culto a falsos dioses ajenos, esto se puede explicar fácilmente, teniendo en cuenta que según nueva evidencia arqueológica, estos reyes eran cananitas, ya que en esa época, el pueblo judío aún no contaba con la identidad religiosa que sus gobernantes le proporcionarían posteriormente.

La arqueología arroja más datos sobre el periodo de Omrí. Arqueólogos como Israel Finkelstein y su estudiante Norma Franklin han encontrado paralelismos entre Samaria y la construcción de otras ciudades, Jezreel, Megiddo y Hazor; suficientes para intuir que se corresponden a una misma etapa o incluso a una misma política fundacional. Por otro lado, se halló una estela en Moab (Estela de Mesha) que comenta como el rey Omri habría sometido y anexionado el reino de Moab y como un líder local llamado Mesha habría expulsado a los israelitas de esta tierra venciendo al hijo de Omri (probablemente Ahab).

A partir de Omrí, se establece una nueva dinastía en Israel que perdurará hasta el final de este reino. Existen más testimonios arqueológicos de esta dinastía que también hacen alusión a la nueva capital, que poco a poco se hará haciendo con el nombre del reino. Asimismo, se ha encontrado epigrafía tardía que se refiere al reino de Israel como el de Samaria.

Omrí murió y fue enterrado en Samaria. Le sucedió en el trono su hijo Ajab.

1.1.1.8.6.Acab.

Ajab (también conocido como Acab en la Biblia Reina-Valera), fue el siguiente monarca de Israel. Su historia está recogida en el primer libro de los Reyes 16:29 a 22:40. Existen además fuentes arqueológicas que completan el testimonio bíblico. Gobernó Israel entre los años 874 y 853 a. C. Un período de casi 22 años.

Sucedió en el trono a su padre Omrí prosiguiendo con su política fundacional y de defensa del reino. Sabemos que se casó con una princesa fenicia, Jezabel hija de Et-baal rey de Sidón (Tiria). Tuvo numerosas guerras con los sirios consiguiendo defender el territorio hasta el final de sus días. Por lo general se considera su período, junto con el de su padre, el más próspero de Israel.
Al principio de su reinado cesaron las hostilidades con Judá. Acab buscó la paz y la alianza con arameos, cananeos y sus vecinos de Judá ante un recrudecimiento de las relaciones con Siria (en este momento vasallos de Asiria).

La guerra con los sirios se encuentra relatada en la Biblia y documentada arqueológicamente, siguiendo la estructura del Libro de Reyes se narran tres batallas:

Primeramente los sirios asedian la capital, Samaria, forzando a Acab a negociar una paz que compromete en un primer lugar su corona. Aunque Acab acepta, el rey de Siria, Hadadezer, que lideraba una coalición de 12 reinos todos vasallos de Asiria), demanda además el saqueo de la ciudad, Acab no acepta estas nuevas condiciones y ataca en un despiste el campamento sirio, venciendo y dispersando a las tropas enemigas.

Un año después, los sirios le presentan batalla en una llanura cerca de Afec, nuevamente Israel vence y captura a Ben-Adad dejándolo marchar a cambio de una promesa de paz y de restitución de los territorios israelitas bajo dominio sirio; promesa que no se cumpliría.

Esta última batalla es a la que hace referencia la Estela de Kurkh, que informa de una coalición de varios reinos enviados por el rey de Asiria Salmanasar III, bajo Hadadezer, contra Acab rey de Israel. La estela da información del número de tropas participantes (entre las asirias e israelitas con sus aliados, unos 100.000 hombres). Sirve para su identificación que la Biblia apunta a que los israelitas habrían dado muerte a unos 100.000 hombres en esta batalla; aunque se exagere en las cifras y no se dé ningún nombre del lugar exacto donde se desarrolló el combate, sí se puede establecer un paralelismo más que plausible al tratarse de un número de combatientes excesivamente grande y poco común que difícilmente pueda suceder en otro combate en un período tan corto.

Una última batalla sucedería al final de su reinado, en torno al 853 a. C. El rey de Siria ocupa la ciudad de Ramot de Galaad. Judá e Israel se alían y atacan para recuperarla, aunque no consiguen tomarla. El rey Acab muere en combate, herido de flecha.
Se dice que Acab siguió en los mismos pecados que su padre y que sus antecesores al introducir y edificar altares y templos a dioses ajenos. Esta política contraria a la ley de Moisés se entiende en un contexto de mezcla cultural y en el intento de ganarse a los arameos y demás pueblos que habitan en su territorio. La Biblia la hace depender en gran medida de su matrimonio con Jezabel (que no era judía, sino probablemente fenicia). Jezabel instituye un culto ajeno y mantiene a sacerdotes y profetas paganos que entran en conflicto con los profetas del Dios de Israel.
Jezabel también muestra el perfil de mujer cruel, dispuesta a asesinar para conseguir sus objetivos. La Biblia introduce el relato de la viña de Nabot para ilustrarlo. En éste se cuenta cómo tras serle imposible al rey Acab comprar la viña de Nabot por la que se había encaprichado, su mujer decide difamar a Nabot para que le maten y de este modo su marido pueda adquirir la viña de Nabot.
La derrota final de Acab se justifica teológicamente por su pecado de idolatría y por haber dejado escapar a Ben-adad después de la segunda batalla contra los sirios, profetizada por Elías y Miqueas.
Por lo demás al igual que su padre sigue una política fundacional intensa. De la prosperidad de su reino y del auge cultural propiciado por este rey nos dan cuenta unos marfiles encontrados en Samaría. Fue enterrado en Samaria, le sucedió en el trono su hijo Ocozías.

1.1.1.9.6.Ocozías.

Ocozías fue el octavo rey de Israel. Ocozías es el nombre tradicional de este rey en español, pero una transcripción más fiel sería Ajazíah). Su historia está recogida en el Primer libro de los Reyes 22:40, Segundo libro de los Reyes 1:1-18 y en el Segundo Libro de las Crónicas 20:35-37.
Gobernó en Israel entre los años 853 a 852 a.C., un periodo de casi dos años. Sucedió a su padre Ajab en trono y anduvo en los mismos pecados que sus padres edificando altares y adorando a dioses ajenos. La confrontación existente entre el clero de HaShem y el de otros dioses que se llevaba manifestando de forma cruenta desde el reinado de su padre, vuelve a quedar patente. En este caso Ocozías tras haber caído desde una ventana se lesiona y queda encamado; resuelve, por tanto, enviar una embajada al los profetas de Baal-zebul en Ecrón (nombre que deriva en castellano en Belcebú) éstos antes de llegar a este lugar se encuentran con Elías que les profetiza la muerte inminente del rey diciendo: "¿No hay Dios en Israel que tu envías a consultar a Baal-zebul dios de Ecrón?". El rey envía entonces varios acometidos a apresar a Elías pero estos fracasan y el rey muere.

Se dice en el Segundo Libro de las Crónicas además que Ocozías estableció una alianza comercial con Judá, cooperando en la construcción de naves con destino a Tarsis, la Biblia dice que esta misión no llegó  a completarse,​ como castigo a Ocozías y al rey de Judá por confíar en él.

Murió sin llegar a dejar descendencia directa, le sucedió en el trono su hermano Joram de Israel.


1.1.1.8.7.Joram de Israel.

Joram fue el noveno rey de Israel. Su historia está recogida en el Segundo Libro de los Reyes 3:1 a 27; a continuación se introduce la historia del profeta Eliseo, sucesor de Elías, en la que también se arrojan indirectamente datos del reinado de Joram hasta que se reaunuda la historia en el capítulo 9:1-26.
Gobernó en Israel entre los años 852-841 a.C, un periodo de casi doce años. Hijo de Acab, sucedió a su hermano Ocozías. Aunque retiró los altares al dios Baal siguió conservando los de otros dioses, por lo que se dice que anduvo en los mismos pecados que sus antecesores. Sabemos que durante su reino se desencadenó una guerra contra Moab en la que contó con la alianza de los reinos de Judá y Edom. Por tanto la alianza que había establecido su padre con los arameos y hebreos de Judá vuelve a funcionar en esta batalla en la que consiguen derrotar a Moab y ocupar su territorio.

También vuelve haber guerra entre Israel y Siria (vasallos en este momento de los asirios). Nuevamente Ben-Adad sitia la ciudad de Samaria durante un largo período. No obstante se acaba retirando por miedo a que Israel se hubiese aliado con los heteos y egipcios, librándose la ciudad de una derrota segura.

La Biblia ilustra parte de los hechos acaecidos a Israel durante este reino a través de la figura de Eliseo. Da dos datos fundamentales, en primer lugar parece que Eliseo espió para Israel los movimientos del rey de Siria y llegó a tener relevancia dentro de la corte, de este modo salvó en una ocasión a Joram de caer en una emboscada. Por otro lado después del abandono del sitio de Samaria, el rey sirio Ben-Adad cae enfermo y Eliseo profetiza que su hijo Hazael herederá el trono y será quien acabe con el reino de Israel.

Eliseo hace entonces ungir a Jehú como nuevo rey de Israel, rechazándose de este modo al rey Joram y a toda su casa como había sido profetizado. En el 841 Joram se encontraba junto con Ocozías rey de Judá defendiendo la ciudad de Ramot de Galaad de los sirios, pero siendo heridos tuvieron que retirarse ambos reyes a Jezrael. Jehu fue allí junto con una tropa y retó a ambos reyes. Estos salieron al encuentro de Jehú a la heredad de Nabot y Jehú mató a Joram y más tarde hizo matar a Ocozías rey de Judá en Meguido. Luego fue a Jezrael y dio muerte a la madre de Joram, Jezabel, a quien mandó que tirasen desde una ventana a un patio donde luego su cadáver fue devorado por los perros. Tanto la muerte de Joram en el huerto de Nabot como la muerte de Jezabel devorada por los perros cumplían de este modo las profecías, ninguno de los dos recibió sepultura en Samaria. También dio muerte a todos los hijos de Acab degollándolos en Jezreel y Samaria. Con la muerte de Joram, la Casa de Omri se extinguió,​ y Jehú reclamó el trono.

1.1.1.8.8.Jehú.

Jehú, es el décimo monarca mencionado en la Biblia, rey del Reino de Israel.​ Su nombre es una contracción del nombre del Dios hebreo con el pronombre personal masculino singular hebreo "hu", y significa algo así como "Dios es Él" o "Él es Dios".

Según la Biblia, Jehú fue el décimo soberano del Reino de Israel, con un reinado de 28 años, y fundando la dinastía más duradera del Reino del Norte. Inició su carrera militar en el ejército del rey Ajab (Acab), para luego convertirse en general del rey Joram. Mientras sitiaba la ciudad de Ramot de Galaad que estaba en posesión de los arameos de Damasco, fue ungido como rey de Israel y se le encargó la misión de eliminar la descendencia de Acab y de Ocozías de Judá, y de tomar el trono de Israel, según la profecía de Elías, quien había profetizado como reyes de Siria e Israel a Hazael y Jehú, respectivamente, y como su sucesor al profeta Eliseo.


Representante del Reino de Israel, posiblemente un enviado de Jehú rinde tributo ante el rey asirio Salmanasar. Detalle del segundo registro del Obelisco Negro, 841 a. C.
Durante su reinado tuvo que soportar la presión aramea y asiria en el Este. La Biblia atribuye sus fracasos militares a su falta de fe al conservar el culto a los becerros de oro instaurados por Jeroboam I.

Cuando el rey Joram de Israel abandonó el frente en Ramot de Galaad debido a las heridas que sufrió, dejó a Jehú al mando del ejército israelita, el cual conseguiría finalmente recuperar dicha ciudad. Esto lo volvió popular entre sus tropas, ganándose su afecto y apoyo, por lo cual no le costó mucho convencer a los demás generales que lo apoyaran en su rebelión contra la casa real de Omri. Fue rápidamente aclamado rey de Israel.
Inmediatamente viajó a Jezreel con sus tropas, al encuentro de Joram, y su sobrino, el rey Ocozías de Judá, quien se hallaba en la ciudad en muestra de apoyo a Joram. Tras varios intentos fallidos de Joram de comunicarse con Jehú mientras éste se acercaba (debido a que los atalayas desertaban al bando de Jehú), el mismo Joram avanzó sin sospechas a recibir a Jehú. Al encontrarlo e intentar saludarlo al lema de "¿Hay paz Jehú?", fue bruscamente rechazado por éste diciendo: "¿Qué tienes que ver tú con la paz después de las prostituciones de tu madre?"

En ese momento Joram se dio cuenta del complot en su contra, e intentó escapar, siendo asesinado a manos del mismo Jehú antes de lograr ponerse a salvo, aunque al menos pudo avisar del golpe a Ocozías de Judá, quien pudo escapar hasta Meguido, donde fue muerto por las tropas de Jehú que lo habían perseguido.

Según el reláto bíblico Jehú se dispuso prontamente a acabar con toda la casa de Ajab para así consolidarse en el trono, empezando por la reina madre Jezabel, quien al verlo le insultó comparándole con el usurpador Zimri, por lo que Jehú enojado, desafió a los eunucos que se encontraban con ella para que la echaran abajo desde la ventana. Luego Jehú entró victorioso al palacio real y después de comer ordenó enterrar el cadáver de Jezabel, pero ya no quedaba nada de éste, ya que los perros y las aves del campo se habían comido su carne, conforme a la palabra de Elías. Luego mató al resto de hijos de Ajab y a todos los parientes de Ocozías de Judá que pudo encontrar.
Mediante engaño fingió ser un devoto adorador de Baal invitando a todos los adoradores y profetas de Baal a su templo para asesinarlos. Se reunieron de todo el país atiborrando el templo. Una vez ahí les distribuyeron ropas blancas para identificarlos y se aseguraron de que no hubiera ningún adorador de HaShem, , y cerrando las puertas ordenó a los verdugos asesinarlos a todos.

Pero, a pesar de dejar establecida su posición Jehú tuvo que enfrentar el rey sirio Hazael, quien aprovechó el cambio de gobierno para iniciar la invasión de Israel y Judá. Jehú apeló a la ayuda del rey asirio Salmanasar III, aceptando convertirse en vasallo de éste y pagarle tributo. No obstante, luego de la muerte de Salmanasar, le siguieron varios reyes débiles, lo cual le permitió a Hazael volver a invadir Israel, conquistando todos los territorios al este del Jordán a un débil Israel.

Jehú fue sucedido por su hijo Joacaz de Israel.

1.1.1.8.9.Joacaz de Israel.

Joacaz fue el siguiente rey de Israel, hijo de Jehú, fundador de la dinastía más larga y poderosa que hubo en el reino norteño de Israel.

Comenzó a reinar en el año 814 a. C., que fue el año 23 del rey Joás de Judá, fue el undécimo rey de Israel, y reinó por 17 años. Heredó un debilitado reino de su padre ya que Jehú perdió todos los territorios de Transjordania y fueron anexados a los dominios de Hazael, el cual afligió a Joacaz en su primeros años de reinado. Pero seria Ben-Hadad III su mayor verdugo, ya que producto de su propia apostasía, en las guerras quedó su ejército reducido sólo a 50 soldados a caballo, 10 carros, y 10000 soldados de infantería. En su deseperación Joacaz se volvió a Dios, por lo que Dios le proveyó de un salvador, que probablemente fue el rey asirio Adadnarari III, que invadió Siria en el año 806 a. C., saqueó Damasco, y los obligó a pagar tributo, por lo que eliminó al peor enemigo de Israel,​ y no le molestaron por un buen tiempo. Joacaz fue enterrado en Samaria, y le sucedió su hijo Joás.

1.1.1.8.10.Joás.

Joás, fue un rey de Israel, hijo y sucesor de Joacaz,​ de la dinastía de su abuelo Jehú. A diferencia de su padre, Joás fue un guerrero de éxito. Reinó por 16 años, siendo el decimosegundo rey de Israel, y el tercer rey de la dinastía de Jehú. Comenzó a reinar en el 798 a. C., que era el año 37 de Joás, rey de Judá. Aunque no quitó los becerros de oro de Jeroboam I, seguía aún la religión nacional de Israel. Cuando el profeta Eliseo estaba agonizando, Joás fue a verlo. Ahí el profeta Eliseo lo hizo disparar una flecha en dirección a Siria, y golpear el suelo, a lo que Joás accedió, pero sólo lo hizo 3 veces. Por ello el profeta le dijo que sólo derrotaría a Siria 3 veces. Lo que se cumplió cuando Joás derrotó 3 veces a Ben-Hadad III y saqueó varias veces Damasco, y como consecuencia Joás recupero todos los territorios que su padre había perdido.
En un principio, sus relaciones con Juda habían sido buenas, a tal punto que Joás accedió a que 100.000 de sus soldados acompañaran a Amasías, el rey de Judá, a una campaña contra los edomitas, pero por palabra de Dios fueron devueltos a su país. Indignados por esto los soldados israelitas hicieron desmanes en Judá, aparte de matar a 3000 personas. Volviendo Amasías de su campaña en Edom, le declaró la guerra a Joás, a lo que el respondió con una metáfora, comparando el cedro (el mejor árbol), para simbolizarse a él, y el cardo (el peor árbol) simbolizando a Amasías. Con la clara intención de comparar su victoria contra Siria, un reino fuerte y la victoria de Amasías sobre Edom, un reino más débil, además le advertía que perdería la batalla. Pero Amasías no escucho la advertencia por lo que siguió en su plan de guerra, enaltecido por su victoria ante los edomitas.

Joás obtuvo una gran victoria ese día en Beit-Shemesh, incluso tomando prisionero a Amasías y llegando a Jerusalén, para lo que derribó gran parte de la muralla, retirándose después con un gran botín.

En la estela de Hadad-Nirari, rey de Asiria, se menciona a Joas el Samaritano, entre los reyes que le pagaron tributo. Esta paz con los asirios le sirvió para expandirse y ganar varias batallas.

Probablemente su hijo Jeroboam estuvo como su corregente por los años 793 a .C hasta 782 a. C. El mismo Jeroboam lo sucedió en el trono. Fue enterrado en Samaria, en las tumbas reales.

1.1.1.8.11.Jeroboam II.

Jeroboam II, ("que el pueblo se multiplique", "cuyo pueblo es numeroso" o "Dios contiende por el pueblo"), era hijo de Joás y el decimotercer rey del Reino de Israel. Su reinado coincidió con los de Amasías y Uzías de Judá.
Su reinado tuvo lugar en un período que abarcó 787-747 a.E.C. El mismo incluyó una corregencia de once con su padre. Ya sea antes del reinado de Jeroboam o durante los primeros años de su gobierno, el profeta Jonás predijo que el nuevo rey recuperaría los territorios del norte y del este que en tiempos anteriores habían pertenecido a Israel (2 Reyes 14, 25), y Jeroboam cumplió esta profecía.

Llegó a ser el rey más fuerte de la dinastía de Jehú, si no de todos los reyes que ocuparon el trono del reino del norte. El registro bíblico acerca de este reinado es sumamente breve, y consiste sólo en 7 versículos (II Reyes 14, 23-29). Sin embargo el corto informe de sus éxitos militares muestra claramente que fue el gobernante del reino del norte con más éxitos en su haber: conquistó Damasco y Hamat junto al Orontes, y recuperó la mayoría de los territorios de Siria y Transjordania hasta el Mar Muerto, de modo que su reino incluyó todo lo que David y Salomón habían dominado, con excepción de Judá; tuvo la fortuna de que Asiria estuviera experimentando un período de debilidad durante su reinado, y así no pudiera impedir sus actividades expansionistas.

Murió y fue sepultado en Samaria, y seis meses después de su muerte la dinastía finalizó con el asesinato de su hijo Zacarías (2 Reyes 15, 8-11).

El reino gozaba de prestigio político y prosperidad económica. La evidencia arqueológica lo muestra como la época más rica de Israel, debido sobre todo al comercio de aceite de oliva, vino y caballos, tanto con Egipto como con Asiria. A finales del siglo octavo era el estado más densamente poblado del Levante mediterráneo, con alrededor de 350.000 habitantes.

Los profetas Amós y Oseas denunciaban el materialismo y el bajo nivel moral y religioso (Amós 5, 21-22; 2,6-8 y Oseas 6, 6-10) pero también existía cierta medida de tolerancia religiosa: cuando Amós, un ciudadano del reino del sur, pronunció sus profecías contra la casa de Jeroboam en la ciudad del santuario de Bet-el, su sacerdote informó al rey, pero nada se hizo contra Amós excepto pedirle que saliera del territorio de Israel (Amós 7, 10-17).

1.1.18.12.Zacarías de Israel.

Rey de Israel, hijo de Jeroboam II, ascendió al trono en 743 A. C., al morir su padre. Tuvo su corte en Samaria. Hay controversia sobre las fechas de su reinado, ya que William Foxwell Albright da 746 a. C.-745 a. C., y E. R. Thiele ofrece 753 a. C.-752 a. C.1​

La Biblia relata sucintamente su reinado (2 Reyes, 15:8-12) e indica que: "Hizo el mal a los ojos de Dios como hicieron sus padres". A los 6 meses de su reinado, un hombre llamado Sellum (Shallum) conspiró contra él y lo asesinó en Yibleam, para apoderarse del trono. Con la muerte de Zacarías concluyó la quinta dinastía del Reino de Israel, fundada por Jehú en 841 a. C.

1.1.1.8.13.Sellum.

Sellum , Salum o Shallum fue un rey de Israel que ocupó el trono en los años 745 a. C. o 752 a. C.
Era hijo de un hombre llamado Yabesh. En el sexto mes del reinado de Zacarías, Sellum conspiró contra él, lo asesinó en Yibleam y se proclamó rey. La Biblia resume muy sucintamente su reinado (2 Reyes, 15:13-15). Al mes de estar en el trono, un sujeto llamado Menajem se rebeló contra él en Tirsá, entró en Samaria, lo asesinó y ciñó la corona israelita.

1.1.1.8.14.Menajem.

Menajem, también llamado Menahem, era hijo de Gadi y ostentó el cargo de jefe del ejército en Tirsah. A la muerte del rey Zacarías, asesinado por Shallum, consiguió eliminar al asesino y quedarse con el trono.

Consiguió el apoyo del monarca asirio Tiglatpileser III, para lo cual tuvo que pagar un fuerte tributo. Ejerció un poder tiránico, provocando diversos levantamientos, que reprimió violentamente.

Le sucedió su hijo Pecajías.

1.1.1.8.15.Pecajías.

Pecajías o  fue rey de Israel, hijo y heredero del rey Menajem. Según William F. Albright, ascendió al trono al morir su padre (738 a. C.). Se alió con Resin de Damasco contra Judá. La Biblia resume sucintamente su reinado (2 Reyes, 15:23-26) e indica que "hizo el mal a los ojos de HaShem.  Fue asesinado en Samaria en 737 A. C., en la torre del rey, por su comandante Pecaj, que se adueñó del trono israelita.

1.1.1.8.16.Pecaj.

Pecaj hijo de Remaliah, era un oficial del ejército que se convirtió en rey de Israel entre los años 737 y 732 a. C.

Edwin. R. Thiele ofrece como fechas de su reinado, 740-732 a. C. Si esto es cierto Pecaj solo habría reinado 8 años.

Mas la biblia dice que reino 20 años pero la explicación mas lógica es que se hizo incluir los 12 años que habían correspondido a Pecajías y Menajem los 2 reyes anteriores

Subió al trono tras asesinar a Pecajías, ya que estaba en contra de la política de amistad con Asiria que aquel practicaba, y prefería una alianza con Damasco.​ Junto con Rasin de Damasco, declaró la guerra al rey de Judá, Ajaz. Este pidió ayuda a Tiglatpileser III, que conquistó Damasco, toda la costa del Mediterráneo y parte del reino de Israel, deportando a sus habitantes.2​ Pecaj fue asesinado debido a una conspiración dirigida por Oseas.

1.1.1.8.17.Oseas.

Oseas fue el último monarca del Reino de Israel, reinó aproximadamente durante el período 732 a. C.-722 a. C. (9 o 10 años).

Impuesto por Tiglatpileser III, con soberanía reducida a Samaria, a la muerte de aquel, se sublevó y buscó la alianza de Egipto, pero fue derrotado por Salmanasar V, cegado y conducido como cautivo a Asiria. Las consecuencias fueron la conversión de Israel en provincia asiria, y la deportación masiva de la población, en especial las clases altas, que fueron sustituidas por colonos arameos y caldeos, en el futuro, conocidos como samaritanos. Los israelitas deportados se diluyeron entre la población asiria, llamándoseles en adelante las diez tribus perdidas.

En el Obelisco Negro del Museo Británico fue representado, entre otros, un emisario israelita que ofrece tributo ante el rey asirio Salmanasar; se trata de un enviado del antiguo Reino de Israel, que confirma el hecho de que el mismo había dejado de ser un estado soberano. En 1851, Edward Hincks relacionó al personaje en cuestión no con Jehú,3​ sino con Oseas, quien, según expresa la Biblia, fue hecho siervo de Salmanasar, a quien año a año le pagaba tributo, hasta que dejó de hacerlo y fue eventualmente capturado por conspirar contra el monarca asirio.4​ Según el texto cuneiforme del Obelisco Negro, la figura representada pertenece a la Casa de Omri.5​ De la información disponible tiende a emerger una considerable disparidad entre lo que narran las inscripciones cuneiformes del Obelisco Negro y lo que expresa el relato bíblico. Datado en 841 a.C., el Obelisco Negro pertenece al siglo IX a.C., mientras que Oseas reinaría un siglo más tarde. Esta discrepancia da lugar a diferentes hipótesis y teorías. A pesar de ello, y más allá de quien sea el personaje que aparece postrado ante un rey asirio en el Obelisco Negro, lo cierto es que se trata de la más antigua imagen visual de un israelita que se conoce en la historia.

1.1.1.9.Reyes de Judá.

1.1.1.9.1.Roboam.

Roboam fue un rey de Judá que reinó entre 928 y 913 a.C.1​ Fue hijo de Salomón con Naamah. Su reinado está consignado en el Primer Libro de Reyes.

Hijo y heredero de Salomón, recibió el reino unificado de Judá e Israel, pero no fue bien recibido por los israelitas (las tribus norteñas). Tuvo que acudir a Siquem a recibir la corona de Israel de manos de los ancianos. Según el relato de I Reyes 12: 1-24, el encuentro comenzó con la queja de los ancianos de la pesada carga y el yugo que les había impuesto Salomón, pidiendo al nuevo rey que les aliviara esos tributos económicos. Roboam, en contra de la opinión de sus consejeros de mayor edad, aceptó el consejo de los jóvenes de su edad y rechazó con dureza la petición, por lo que los israelitas se sublevaron y se apartaron de la dinastía de la Casa de David, proclamando rey a Jeroboam I.

Ante esa situación Roboam se vio obligado a huir precipitadamente a Jerusalén en su propio carro de guerra. En adelante, la casa davídica reinaría sólo en Judá, con las tribus de Judá y Benjamín, aunque el reinado sería más largo y estable que el de las 10 tribus restantes (Israel), que estaría sometido a una sucesión, a menudo violenta, de reyes y dinastías.

El relato bíblico dice que Roboam trató de recuperar el territorio de Israel, pero desistió a causa de la profecía del profeta Semeyas, según la cual, ello contravenía la voluntad de Dios. En el futuro, ambos reinos se enfrentarían frecuentemente, lo que aprovecharían los Estados enemigos vecinos. Así, en el quinto año de reinado de Roboam, se produjo la invasión del faraón Sheshonq I, que pudo saquear el Templo de Jerusalén.

1.1.1.9.2.Abíam.

La Biblia no de Abíam tan largo y tendido como de otros reyes. Se nos dice que este comenzó a reinar sobre Judá en el año decimoctavo del reinado de Jeroboám. Reinó durante tres años en Jerusalén, imitando todos los pecados que su padre había cometido antes de él.
Sin embargo, por consideración a David, Dios le concedió  una descendencia y mantuvo en pie a Jerusalén.
Al morir, lo sepultaron en la Ciudad de David, siendo sucedido por su hijo Asá.

1.1.1.9.3.Asá.

Asa fue el quinto rey de la casa de David y el tercero del Reino de Judá, gobernando entre 913 y 873 a. C. Era hijo de Abías y bisnieto de Salomón. Asa fue celoso cumplidor de la religión judía, y persiguió a los idólatras.​ Murió tras 41 años de reinado honrado por su pueblo, y le sucedió su hijo Josafat.
Rechazó dos intentos de invasión: uno de Egipto y otro de Basá, rey de Israel.

El profeta Azarías ben Oded exhortó a Asa a reforzar la estricta observancia del judaísmo nacional, lo que el rey cumplió,​ prohibiendo los antiguos cultos religiosos, y destruyendo todos sus santuarios. La reina madre, Maacah, también fue apartada por haber estado involucrada con los dioses, cultos y creencias de los pueblos vecinos. También ilegalizó la prostitución y persiguió a los infractores. En el año 15 de su reinado organizó una gran fiesta en Jerusalén para celebrar la total expulsión de los idólatras. En esa época muchos norteños, en particular de las tribus de Efraín y Manasés, emigraron al Reino de Judá a causa de la prosperidad de que disfrutaba y a los conflictos internos del Reino de Israel tras la caída de la dinastía de Jeroboam I.
Asa renovó y reforzó el conjunto de fortalezas construido por su abuelo Roboam aprovechando el largo periodo de paz. Consiguió rechazar un intento de invasión realizado por el ejército egipcio bajo el mando de Zerah el Etíope, del que la crónica no aclara si era un faraón o un general. La batalla tuvo lugar en el valle de Zefat, donde Asa, con 580.000 hombres, derrotó a Zerah y a sus millones de hombres y 300 carros. La paz resultante permitió a Judá mantenerse libre de la opresión de los faraones hasta la época de Josías, dos siglos más tarde.

En el año 36 de su reinado el rey de Israel Basá atacó Judá.  Basá construyó la fortaleza de Ramah en la frontera, a unos 8 km. de Jerusalén. El resultado fue que la capital se encontraba bajo la presión militar y la situación era precaria. Asa tomó el oro y la plata del Templo y los envió a Ben-Hadad I, rey de Damasco, a cambio de que suprimiera la ayuda que prestaba a Basá. Como resultado, Ben-Hadad atacó Ijon, Dan, y otras ciudades importantes de la tribu de Neftalí, y Basá se vio obligado a retirarse de Ramah. Asa derribó la fortaleza inacabada y utilizó sus materiales para fortalecer Geba y Mizpah, en la frontera.
Asa tuvo algunos problemas con puristas religiosos, como el profeta Hanani, que le amonestó por confiar en el rey de Siria para derrotar a Basá en lugar de confiar en la Divina Providencia, y fue encarcelado.​ También se le reprochó confiar en los médicos y no en Dios para sanar de una enfermedad.
En el trigésimo noveno año de su reinado, Asa, gravemente enfermo, nombró corregente a su hijo Josafat. Murió dos años después y fue enterrado con sus antepasados en Jerusalén, en una tumba que había preparado.

1.1.1.9.4.Josafat.

Josafat (del hebro, "Dios es El que Juzga"), fue el sucesor de Asa, rey de Judá y de Azubá, hija de Silhí. Fue el sexto rey de la casa de David y el cuarto del Reino de Judá. Ascendió al trono con 35 años y reinó 25 (c 873-c 849 a. C.).​ Su reinado fue contemporáneo de los de Ajab, Ocozías y Joram.

Hay razones para creer que estuvo asociado con su padre Asa en el trono durante los últimos años del reinado de éste, pues Asa sufría de los pies. A su vez, el hijo de Josafat, Joram, fue corregente en el trono hacia el fin del reinado de su padre. Se le describe como un buen rey, que no sirvió a dioses extranjeros, aunque muchos de sus súbditos todavía adoraban en los lugares altos, que no habían sido eliminados (1 Reyes 22:43; 2 Crónicas 17:3). En su tercer año envió príncipes, levitas y sacerdotes por todo Judá para enseñar al pueblo los principios de la Ley de Dios (2 Crónicas 17:7-9), y Dios lo bendijo por esta causa. Pudo hacer las paces con Israel y también ganar el respeto y el favor de las naciones vecinas, algunas de las cuales le enviaron regalos (1 Reyes 22:44; 2 Crónicas 17:11). Fue lamentable que relacionara su casa con la de Omrí de Israel, al tomar a Atalía, la idólatra hija de Acab, como esposa para su hijo (2 Reyes 8:18).sin más datos históricos
Mientras visitaba a Acab después de la batalla de Qarqar (853 a. C.), Josafat fue incitado por el rey israelita a ayudarlo en una campaña para reconquistar Ramot de Galaad de los sirios. La campaña fracasó y en la batalla Acab fue mortalmente herido, pero Josafat escapó (1 R. 22:1-38; 2 Cr. 18:1-34). La confraternización de Josafat con el malvado rey de Israel fue severamente reprendida por el profeta Jehú, hijo de Hanani (2 Cr. 19:1, 2). Al volver del norte, Josafat continuó las reformas religiosas y judiciales iniciadas por su padre (1 R. 22:46; 2 Cr. 17:6). También instituyó un cuerpo judicial en Jerusalén para actuar como suprema corte del país (2 Cr. 19:4-11).

Más tarde, durante su reinado, los amonitas, moabitas y edomitas se unieron para invadir Judá desde el sur. Josafat buscó a Dios pidiendo liberación y el Señor atendió su oración. Los enemigos empezaron a pelear entre sí y en una sangrienta lucha se destruyeron mutuamente, hasta el punto que "ninguno" escapó. Fue probablemente este desastre lo que le dio a Josafat acceso al fuerte edomita de Ezión-geber, aparentemente no ocupado por Judá desde el tiempo de Salomón. Ocozías de Israel se unió a él en una empresa para construir navíos con fines comerciales. Pero los barcos naufragaron, presumiblemente por una tempestad. Ocozías parece haber sugerido un segundo intento, pero Josafat no aceptó la idea, porque había sido reprendido por el profeta Eliezer por haberse unido con el malvado rey de Israel . Más tarde, se alió con Joram, otro hijo de Acab, en una campaña contra Moab, que tuvo cierto éxito (2 Reyes 3:4-27). Josafat fue sepultado en las tumbas reales de Jerusalén (2 Crónicas 21:1).

1.1.1.9.5.Jorám de Judá.

Joram fue el quinto rey de Judá, que reinó en el período (848 a. C. - 841 a. C.) aproximadamente.
Fue hijo y sucesor de Josafat y esposo de Atalía, hija del rey Ajab de Israel. Ascendió al trono a los treinta y dos años de edad al ascender al trono y reinó durante ocho años. Según 2 Reyes 08:16, Joram se convirtió en rey de Judá, en el quinto año de Joram de Israel, cuando su padre Josafat era (todavía), rey de Judá, lo que indica una corregencia. Joram de Israel a su vez ascendió al poder cuando era el segundo año de la corregencia de Joram de Juda. Para asegurar su posición, mató a sus seis hermanos.1​ La Biblia dice que hizo el mal a los ojos de HaShem, y lo atribuye a la influencia de la familia de la reina , su esposa Atalía.
Gracias a la influencia de su esposa, mantuvo buenas relaciones con Israel, a pesar de lo cual, su posición era insegura, por las revueltas de Edom contra la autoridad de Judá. Cuando Joram marchó contra ellos, su ejército huyó frente a los edomitas, y se vio obligado a reconocer su independencia.​ Joram pasó a Saír con sus carros de guerra, para tratar de restablecer el dominio de Judá. Los idumeos lo cercaron, pero aunque Joram logró batirlos y romper el cerco, no pudo recuperar el territorio rebelde. También Libná se alzó contra el Reino de Judá.
Joram murió en 843 a. C., a los cuarenta años de edad por una enfermedad incurable en los intestinos. Le sucedió su hijo menor Ocozías de Judá por que una banda armada de filisteos, árabes y etíopes se llevaron cautivos a los otros hijos del rey Joram y a todas sus mujeres ,aunque 42 de sus hijos fueron rescatados durante el reinado de Ocozías de Judá y a la única mujer de Joram que rescataron fue Atalía. Tiempo después, sus otros cuarenta y dos hijos restantes fueron arrestados en Bet-Equed por Jehú, rey de Israel, y degollados en la cisterna de ese sitio.

1.1.1.9.6.Ocozías de Judá.

Ocozías fue un rey de Judá tras llegar al trono a los 22 años según 2 Reyes 8:26 o a los 42 años, según 2 Crónicas 22:2. Ayudó a su tío, Joram, rey de Israel, en una expedición infructuosa contra Hazael, rey de los arameos. Joram fue herido en la batalla y, cuando Ocozías fue a visitarlo en Jezreel, se encontró en medio de la revuelta de Jehú. Ocozías tuvo que huir para salvar su vida, pero fue herido en el paso de Gur, por lo que le quedaron apenas las fuerzas para llegar a la colina de Megido, donde murió (II Reyes 9:22-28). Así, su reinado se prolongó solo durante un año.

1.1.1.9.7.Atalía.

Atalía fue reina de Judá durante el período (842 a. C.-835 a. C.), aproximadamente. Fue el séptimo reinado de Judá.

Era hija de Ajab, rey de Israel, y de Jezabel, la princesa de Tiro que aparece en la Biblia.(Aunque en la biblia dice que era hija de Omri era la nieta de este) Sin embargo, algunos eruditos creen que era hermana de Ajab, en lugar de su hija.​ Al casarse con Joram, se convirtió en reina consorte de Judá. Cuando murió su esposo y también su hijo Ocozías, se alzó con el trono. Pero por escaso tiempo, hasta que la revuelta de Jehú acabó con todos los descendientes de Jezabel tanto en Israel (su hermano Joram) como en Judá.
Durante su reinado, toleró el culto al dios Baal, por lo que se ganó el odio de los sacerdotes de HaShem. Hizo todo lo posible por exterminar a los descendientes de la casa de David, ejecutando a cuantos príncipes pudo encontrar. Sin embargo, Jehosheba hermana del rey Ocozías, protegió a uno de ellos, llamado Joás, que luego sería rey, entregándolo en secreto al cuidado del sumo sacerdote Joiada, quien lo presentó en público por sorpresa. Después de este golpe de efecto, Atalía fue capturada y ejecutada.

1.1.1.9.8.Joás de Judá.

 Fue el octavo rey de Judá. Él fue el único que, gracias a sus tíos Joiada y Josaba, sobrevivió a una masacre instigada por su abuela paterna Atalía en la que mató a todos los hijos de su difunto hijo, Ocozías de Judá. A través de su abuela paterna, Joás era un descendiente de la casa de Omri.
Era hijo de Ocozías y una mujer de Beerseba llamada Sibia,​ y el único descendiente que escapó con vida de la purga realizada por su abuela paterna, la reina Atalía. Fue ungido por el sumo sacerdote Joiada, que le había protegido en secreto.
Comenzó a reinar a la edad de siete años guiado por el sumo sacerdote Joiada.
Entre sus obras destacadas en la Biblia fue conseguir un gran auge económico en recolección de dinero, para la restauración del templo, dañado gravemente en el reinado de Atalía; con el dinero también se construyeron varios artefactos religiosos, sin embargo no pudo eliminar los templos de otros ídolos del reino, por lo que la gente siguió adorando a otros dioses.
Todo marchó tranquilo hasta la muerte de su guía Joiada. Joás y otros líderes del reino empezaron a ignorar la religión y a prestar atención a otros cultos, los profetas que advirtieron a Joás no fueron escuchados, y Zacarías, hijo de Joiada le advirtió igualmente, sin embargo Joás ordenó que lo maltrataran y lo ejecutó.
Tras estos hechos, Joás recibe una grave consecuencia, los arameos se dirigen a atacar Jerusalén y asesinan a todos los jefes, Joás debe entregarles un botín con todas las cosas preciosas que había conseguido, quedando sin las obras que había realizado para el templo, tras la invasión. Los arameos se fueron pero lo dejaron gravemente enfermo.

Tras la crisis algunos de sus oficiales decidieron conspirar, lo asesinaron hiriéndolo mientras estaba en cama, en Bet-Milo, y en su lugar reinó su hijo Amasías.

1.1.1.9.9.Amasías.

Hijo y sucesor de Joás, su primer acción de gobierno fue la persecución de los asesinos de su padre, y contrariamente a la costumbre, permitió vivir a sus hijos.​ Fue el primer rey de Judá que empleó un numeroso ejército de mercenarios de Israel, con el que derrotó a Edom. Sin embargo, después de la victoria, adoró algunos de los dioses edomitas, lo que según el autor de Crónicas, fue la causa de su ruina posterior.

Declaró la guerra a Israel, siendo derrotado por Joás, rey de Israel en la batalla de Bet-Semes, hecho prisionero y más tarde, asesinado, mientras que Jerusalén fue saqueada.

Fue padre del rey Ozías, Uzías o Azarías.

1.1.1.9.10.Ozías.

Uzías inició su reinado en Judá a los dieciséis años3​ para reemplazar al rey Amasías, su padre, que había sido asesinado.

Mientras siguió la religión su reinado fue muy próspero. Reconstruyó la ciudad de Elat y la devolvió al territorio de Judá; en la guerra ganó a los filisteos y los obligó a arrasar parte de las murallas de Gat, de Jabné y Asdod; en el lugar donde se arrasaron las murallas construyó ciudades.

Triunfó ante los filisteos, un sector de árabes en Gur-Baal y contra los amonitas, que le pagaron tributos. La fama y poderío de Ozías se extendió incluso hasta la frontera con Egipto.

Uzías estaba muy preocupado por la agricultura, mandó a construir varias cisternas, por el numeroso ganado, por los viñadores y por los labradores, además construyó torres en Jerusalén, en la Puerta del Ángulo, en el Ángulo y en la Puerta del Valle, las fortificó y mando a construir también en pleno desierto.

Según los historiadores hebreos, durante el reinado de Ozías, el ejército llegó a los 307 500 soldados todos bajo sus órdenes y que le ofrecían lealtad. Al ejército se le realizó censo, se le entregó mucho material y se mandó a construir máquinas, hechas por un ingeniero, que se colocaron en los ángulos y en las torres para arrojar saetas y piedras grandes.

Su fama y poderío llegó muy lejos, Ozías se hizo muy popular incluso en otros territorios, sin embargo empezó a ser muy orgulloso y a desobedecer sus promesas con HaShem.
 Fue al templo a quemar incienso, los sacerdotes se enojaron con él y le dijeron que estaba renegado, Ozías se enfureció, le brotó lepra en la frente por desobedecer a Dios, y fue enfermando cada vez más, hasta que le fue imposible gobernar.

Debió ser aislado del cargo y puesto en una casa alejada, por su imposibilidad se puso a la cabeza del reino su hijo Jotán de Judá, finalmente falleció con lepra y fue sepultado con otros reyes.

Su reinado terminó el año 759 a. C.. Ozías es mencionado en el Libro de Zacarías, y el autor le relaciona con un terremoto que ocurrió en sus días.

1.1.1.9.11.Jotán de Judá.

Cuando Ozías fue herido con lepra por invadir ilegalmente el templo y ofrecer incienso ilegalmente, Jotán se encargó de los deberes reales en lugar de su padre, pero su período de Gobierno no se registra sino hasta de la muerte de aquél, cuando tenía 25 años.

Durante su reinado se emprendieron muchas obras de construcción. Erigió la puerta superior del templo, construyó gran parte del muro de Ofel y edificó ciudades en la región montañosa de Judá, así como lugares fortificados y torres en los bosques. (2 Crónicas 27:3-7.)"1​

Pero Jotán no disfrutó de un reinado pacífico. Guerreó contra los amonitas y finalmente los venció. Como resultado, le pagaron durante tres años un tributo anual de 100 talentos de plata y 10.000 medidas de coro tanto de trigo como de cebada. (2 Crónicas 27:5.) Durante su reinado, el país también empezó a sufrir presiones militares por parte del rey sirio Rezín y el rey israelita Pecaj. (2 Reyes 15:37.)

Jotán fue enterrado a su muerte en la Ciudad de David, y su hijo Acaz, que tenía unos cuatro años de edad cuando Jotán llegó a ser rey, ascendió al trono de Judá. (2 Crónicas 27:7–28:1.).

1.1.1.9.12.Ajaz.

Ajaz o Acaz fue un rey de Judá que gobernó entre el 734 y el 715 a. C. aproximadamente.

Era hijo y sucesor de Jotán de Judá. Según el Libro de Isaías y el Libro segundo de los reyes, siguió una vida de perversión, al introducir muchas costumbres paganas e idólatras, ignorando los llamamientos de los profetas Isaías, Oseas y Miqueas. Llamó en su ayuda al rey asirio Tiglath-Pileser III, para rechazar los ataques de Israel, Aram y Edom, razón por la cual Judá quedó sometida durante largos años como región vasalla de Asiria. Tiglath-Pileser saqueó Damasco y anexionó Aram. Luego atacó a Israel y "tomó Ijon, Abel Beth Maacah, Janoah, Kedesh y Jasor. También tomó Galaad y Galilea, incluyendo todas las tierras de la tribu de Neftalí, y deportó al pueblo a Asiria."

1.1.1.9.13.Ezequías.

Del hebreo, "Dios ha fortalecido", fue el decimotercer rey del reino independiente de Judá e hijo del Rey Acaz y de Abiyah (2 Crónicas 29:1), que era hija de un hombre llamado Zacarías (no el profeta). (Abiyah era también conocida como Abi .Reinó veintinueve años, aunque según sincronismos cronológicos su reinado fue de 43 años. Es también uno de los reyes mencionados en la genealogía de Jesús en el evangelio de Mateo.
William F. Albright ha datado su reinado entre 729 a. C. y 686 a. C., mientras E. R. Thiele ofrece las fechas 716 a. C.-687 a. C. Bajo cualquiera de estas cronologías, Ezequías gobernó el reino sureño de Judá durante la conquista y reasentameinto forzado del reino norteño de Israel por los asirios de Senaquerib. Judá absorbió muchos refugiados del reino del norte durante el reinado de Ezequías.
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El prisma de Senaquerib.
Su historia es narrada en el Prisma de Senaquerib, un documento antiguo que narra las relaciones entre Ezequías y el rey asirio Senaquerib.
El texto narra lo siguiente:
“En cuanto a Ezequías el Judío, que no se sometió a mi yugo, puse sitio a 46 de sus ciudades fuertes, e innumerables aldehuelas de sus inmediaciones, y (las) conquisté mediante arietes y máquinas de asedio. Saqué (de ellas) 200.150 personas, jóvenes y ancianos, varones y hembras, [así como] innumerables caballos, mulas, asnos, camellos y ganado mayor y menor, que le arrebaté y consideré botín. A él mismo (Ezequías), encerré en Jerusalén, su residencia real, como a un pájaro en una jaula. […] Las ciudades que había tomado a saco desgajé de su país y las entregué a Mitinti, rey de Ašdod, a Padi, rey de Ecrón, y a Sillibel, rey de Gaza. Y así disminuí su territorio. (…) El propio Ezequías, fue por el terrible esplendor de mi majestad, y los árabes y las tropas mercenarias que había traído para reforzar Jerusalén, su ciudad real, le abandonaron. Me envió más tarde a Nínive, mi ciudad señorial, además de 30 talentos de oro, 800 talentos de plata, piedras preciosas, antimonio, grandes bloques de piedra roja, lechos (taraceados) con marfil, sillas [taraceadas] con marfil, cueros de elefante, madera de ébano, madera de boj [y] toda clase de valiosos tesoros, sus hijas, concubinas, músicos y músicas. Para entregar el tributo y rendir obediencia como un esclavo envió a sus mensajeros (personales)”.
Ambos relatos coinciden en varios puntos:

1)Ezequías no se subyugó a Senaquerib.
2)Excepto Jerusalén, Senaquerib asoló todas las ciudades amuralladas de Judea (46 según el prisma de Senaquerib). En el asedio de Laquis se deslumbra como se capturó la segunda ciudad en importancia y las tácticas militares empleadas.
3)Ezequías terminó pagando tributo a Senaquerib.
4)Senaquerib envió un gran ejército contra Jerusalén, donde Ezequías junto con todos los habitantes de la ciudad amurallada fueron sitiados.

Y disienten en tantos otros:

1)Según el prisma de Senaquerib, éste encerró a Ezequías en Jerusalén "como a un pájaro" y después sin detallar que ocurrió en Jerusalén, dice que Ezequías le pagó tributo y se sometió a él.
2)Según la Biblia (ver 2 Reyes 18 y 19; 2 Crónicas 32; Isaías 36 a 37), cuando Ezequías vio la desvastación de Judea intentó pactar paz en Laquis pagando el tributo antes del asedio a Jerusalén, pero aun así Senaquerib envió un numeroso ejército contra Jerusalén e intentó convencer a sus habitantes de someterse antes de devastar la ciudad. Ezequías, entonces, clamó a Dios, quien le respondió por intermedio del profeta Isaías diciéndole que Él mismo devolvería a Senaquerib por donde había llegado y que los habitantes de Jerusalén durante 2 años comerían de esa victoria, lo cual cumplió enviando un ángel que mató esa noche a 185.000 de los soldados que acampaban fuera de Jerusalén. Tras esto Senaquerib mandó regresar a su ejército; y por su parte Ezequías fue prosperado abundantemente y en su vida no vio más desolación en Judea. Por intermedio de Isaías supo que posteriormente vendría una gran devastación desde Babilonia, que ocurrió alrededor de cien años después con la destrucción del Templo de Salomón por los babilonios a manos del rey Nabucodonosor.

1.1.1.9.14.Manasés.

Manasés fue un rey de Judá que gobernó entre (697 y 642 a. C.), siendo corregente entre 697 y 687 a.C., y soberano entre 687 y 642 a. C.

Fue hijo y sucesor de Ezequías. Se declaró vasallo de Asurbanipal, emperador de Asiria, proporcionándole tropas contra Egipto. Manasés siguió una política religiosa opuesta a la ortodoxa de su padre, pues toleró los cultos asirios, incluso en el Templo de Jerusalén, así como elementos sincréticos en el culto a HaShem, incluyendo la invocación a los muertos y los sacrificios de niños,​ lo que suscitó las protestas de los profetas, que le anunciaron el castigo divino.
Manasés fue aprisionado y torturado por los asirios. Posteriormente lo confinaron por años en un calabozo, donde buscó la redención de Dios, quien por sus ruegos y súplicas, lo perdonó, pudiendo así recuperar Manasés el trono de Judá, y volviendo al culto ortodoxo.

Para los cristianos modernos, Manasés es un ícono del perdón Divino, ya que tras ser uno de los reyes más sanguinarios y paganos de los judíos, se le perdonó e incluso fue enterrado en la ciudad de David, panteón solo reservado para los reyes fieles, con lo que se deduce que Dios lo perdonó completamente.

1.1.1.9.15.Amón.

Amón de Judá, hijo de Manasés y Meshullemeth, sucedió a su padre como rey de Judá. Estaba casado con Jedidah, la hija de Adaiah de Bozkath.
Amón subió al trono con 22 años, y reinó durante dos. Siguió la práctica de la idolatría, y Sofonías describe su reinado como marcado por la depravación moral. Fue asesinado por sus siervos que conspiraron contra él,​ y le sucedió su hijo Josías, quien tenía ocho años.
Al final de su reinado la situación internacional era inestable: en el este el imperio asirio comenzaba a desintegrarse y el babilónico aún no lo había sustituido, y al oeste Egipto todavía se estaba recuperando de la dominación asiria. En este vacío de poder Jerusalén fue capaz de gobernarse a sí misma sin la intervención extranjera.

1.1.1.9.16.Josías.

Del hebreo, "Dios me apoya" o "Dios me ha sanado", fue rey de Judá entre 639 y 608 a. C., e instituyó reformas importantes. En su reinado se inició la recopilación y edición del Deuteronomio bajo el liderazgo religioso del profeta Jeremías.

Era hijo de Amón y Jedidah, y tuvo cuatro hijos: Johanán (el primogénito que no se sabe como murió por que nunca reinó) , Joaquim o Eliaquim que este tuvo como hijo a Joaquin o Jeconías ; Sedecías o Matanías y Joacaz o Salum Joacaz fue su sucesor.

Josías subió al trono a los ocho años de edad, debido al asesinato de su padre, y reinó durante treinta y uno.​ En política interior fue importante el vuelco dado: fomentó el judaísmo y prohibió el resto de prácticas idólatras, destruyendo sus santuarios y objetos de culto, práctica que realizó también en las franjas fronterizas del reino de Israel.


En el año 612 a. C. la capital asiria, Nínive, fue conquistada por Nabopolasar, rey de Babilonia. Josías aprovechó la debilidad asiria y reconquistó algunas zonas del norte del reino de Israel. Tuvo una disputa con Egipto, que temía un fortalecimiento de Mesopotamia y quería precipitarse en ayuda de los asirios. En la primavera de 609 a. C., el faraón Necao II encabezó una importante fuerza para ayudar a los asirios. A la cabeza de un gran ejército, Necao tomó la ruta de la Vía Maris con el apoyo de su flota del Mediterráneo, pero al intentar cruzar por tierra encontró el paso del valle de Jezreel bloqueado por el ejército de Judá dirigido por Josías, aliado de Babilonia. En la batalla de Megido Josías murió.

A pesar de la ayuda egipcia el imperio asirio se derrumbó y Necao regresó a Egipto. Durante su regreso se encontró con que en Judá se había elegido como rey a Joacaz en detrimento de su hermano primogénito, así que el faraón lo destituyó y reemplazó por Joaquim, el heredero de Josías, y se llevó prisionero a Joacaz.

Las principales fuentes de información para su reinado son 2 Reyes y 2 Crónicas, pero existe una considerable evidencia arqueológica, incluyendo una serie de sellos y documentos con la impresión de su sello. Indican una evolución al mostrar su nombre y no las imágenes de estrellas y la luna anteriores, una posible indicación de la aplicación de un riguroso monoteísmo por parte de Josías.

1.1.1.9.17.Joaquim.

 Gobernó entre el 608 y 598 a. C. Fue hermano y sucesor de Joacaz, y su nombre original era Eliaquim o Eliaquín. El faraón Necao II invadió Judá, depuso a su antecesor, y le instaló a él en el trono, como vasallo. Sin embargo, en 605 a. C., Necao II fue derrotado por Nabucodonosor II de Babilonia en Carquemis, por lo que Babilonia se convirtió en la potencia dominante de la zona, y Joaquim se declaró su vasallo.

Años después, Joaquim no pudo resistir la tentación de ceder a las propuestas de rebelión de sus vecinos fenicios y filisteos. Entonces Nabucodonosor II incitó a bandas de arameos, amonitas y moabitas a realizar incursiones contra Judá, y él mismo empezó un asedio en Jerusalén con la intención de llevarse prisionero a Joaquim a Babilonia.​ Pero esto no pudo realizarse porque el rey murió antes de que el asedio terminara, probablemente asesinado por los partidarios de la sumisión a Babilonia, y su cuerpo fue arrojado fuera de las murallas de la ciudad.

1.1.1.9.18.Jeconías.

Era hijo y sucesor de Joaquim. Duró tan solo tres meses en el trono antes de entregarse al rey babilonio Nabucodonosor II, que saqueó Jerusalén y deportó a miles de notables a Babilonia, incluyendo al propio rey​ y al profeta Ezequiel. Las pérdidas materiales fueron enormes, y el pueblo judío quedó dividido entre los deportados y los que permanecieron en Judá.

Parece que Ezequiel y otros muchos siguieron reconociendo a Joaquín como rey, a pesar del cautiverio. En el año 562 a. C., Joaquín fue liberado por el sucesor de Nabucodonosor II, Evil-Merodak.

1.1.1.9.19.Sedecías.

Sedecías o Sedequías (del hebreo, "Dios es mi rectitud")  es un personaje bíblico que fue el último rey de Judá antes de la destrucción de este reino a manos de los babilonios. Sedecías había sido nombrado rey por Nabucodonosor II, rey de Babilonia, tras el sitio de Jerusalén en 597 a. C., para suceder a su pariente Joaquín.
Sedecías era hijo de Josías​ y Hamutal, y su nombre originario era Matanías. Cuando Nabucodonosor II lo nombró rey tenía 21 años de edad. Sólo obtuvo un reconocimiento parcial, pues algunos siguieron considerando rey a Joaquín, aunque estuviera en cautiverio, ya que durante el largo exilio en Babilonia, el pueblo judío, aunque separado, se mantuvo en contacto mediante la acción de los profetas, como Ezequiel, Jeremías y Daniel. Sedecías, tuvo que enfrentar los confusos y contradictorios profetas Hananias​ que predicaba el favor de Dios para enfrentar a Babilonia y Jeremías que aconsejaba no hacerlo. ​Sedecías optó por negarse a pagar tributo a Babilonia y buscó aliarse con Egipto.​ Nabucodonosor entonces sitió Jerusalén hasta provocar su caída y destrucción en 587 a. C. y la esclavitud de los judíos.​Sedecías y sus nobles huyeron de la ciudad, pero fueron apresados en los llanos de Jericó y llevados a Ribla en la tierra de Hamat, donde se encontraba Nabucodonosor.​ Por orden de este, Sedecías presenció el degüello de sus hijos, también se ejecutó a los nobles y luego Sedecías fue cegado  y llevado cautivo a Babilonia. El Templo de Jerusalén y el palacio real fueron quemados, y se completó la segunda deportación a Babilonia. Judá quedó anexionada a la provincia babilónica de Samaria.
Pese a que la Biblia, que no menciona el nombre ni el número de los hijos de Sedecías, dice que fueron degollados, y que, salvo quienes fueron deportados a Babilonia, tampoco hubo sobrevivientes entre la nobleza,​ el Libro de Mormón sostiene que un hijo de Sedecías de nombre Mulek emigró a América (América ya estaba poblada por emigrantes asiáticos desde el mesolítico, aunque teóricamente se le atribuye el "descubrimiento" a Cristóbal Colón en 1492 d. C.) al inicio del sitio de Jerusalén, que él y sus seguidores vivieron allí unos 300 años, que posteriormente fueron encontrados por los nefitas, pueblo del rey Mosiah I entre el 279 y 130 a. C. y que finalmente se unieron a este pueblo aceptando a Mosíah I como monarca

1.1.1.10.Los profetas.

El término profeta proviene del lenguaje religioso y se refiere a una persona que sirve como intermediario entre la humanidad y la divinidad. Estrictamente hablando, un profeta es alguien que sostiene haber tenido una experiencia personal de Dios recibiendo de él la misión de comunicar sus revelaciones y, como consecuencia de ello, habla en su nombre a los seres humanos. El profeta posee cualidades de intercesor por el pueblo ante Dios y a su vez es mensajero de su palabra. Su carisma de interpretar la historia desde la perspectiva de Dios recibe el nombre de don de profecía.
Si bien la palabra profeta deriva del griego profētēs, cuyo significado es el de "mensajero", "portavoz" e "incidente político", el uso de la palabra profeta con sentido estrictamente monoteísta se remonta a la cultura de los hebreos a través de la palabra nabí,​ término que gradualmente fue introducido y empleado por los cultos judío, cristiano y musulmán. De hecho, el Islam distingue hasta el día entre "nabí" (profeta) y "rasul" (mensajero), siendo el primero un individuo particular con comunicación con Dios, y el segundo alguien con la obligación de transmitir el mensaje de Allah a la humanidad.

1.1.1.10.1.Profetas mayores.

Hasta el momento, estudiamos a los profetas de la Torah (los cinco primeros libros de la Biblia)El término profetas mayores es utilizado en oposición a profetas menores para designar ciertos libros proféticos de la Biblia (Tanaj, Neviim y Antiguo Testamento). Son llamados así, no porque tengan más autoridad que los profetas menores, sino simplemente debido a la mayor extensión del libro.

1.1.1.10.1.1.Isaías.

Del hebreo, "Dios es la salvación", fue uno de los profetas mayores de Israel,​ cuyo ministerio tuvo lugar durante el siglo VIII a.C.​ El ministerio profético de Isaías tuvo lugar en el Reino de Judá durante las monarquías de Uzías, Jotán, Acaz, Ezequías y Manasés. Profetizó durante la crisis causada por la expansión del Imperio asirio. Escribió por lo menos la primera parte del libro bíblico que lleva su nombre.
Isaías nació probablemente en Jerusalén hacia 765 a.C. y fue asesinado (aserrado), según se cree, por el rey Manasés en 695 a.C. Según la tradición talmúdica, Isaías posiblemente fue primo de Ozías y pariente de los reyes contemporáneos de Judá.
Isaías fue un estadista, asesor de reyes, poeta, orador y escritor, hijo de Amós y se le considera uno de los profetas mayores hebreos, fue llamado "el príncipe de los profetas" valorándosele, fundamentalmente, por las escrituras que legó a su nación y a las subsecuentes generaciones de su pueblo elegido.
Tuvo dos hijos, cuyos nombres fueron proféticamente significativos, Sear-jasub (un remanente volverá) ​ y Maher-salal-hasbaz (el despojo se apresura), comenta que él y sus hijos son presagios para Israel. A su esposa la llamaban "la profetisa".
Isaías fue un firme opositor a la política de alianza de los reyes de Judá con los imperios extranjeros y llamó a confiar en la Alianza con HaShem. Se opuso al protectorado de Asiria que el rey Acaz propició para enfrentarse con el norteño Reino de Israel y aquel de Damasco. El rey Ezequías quiso contrarrestar la hegemonía asiria, aliándose con Egipto, oponiéndose Isaías también a ello, pero cuando las tropas asirias de Senaquerib sitiaron Jerusalén, Isaías apoyó la resistencia y anunció la ayuda de Dios: la ciudad se salvó.
La obra de Isaías muestra que era un gran poeta, con estilo brillante, precisión, composición armoniosa e imágenes novedosas. Académicos y críticos coinciden en que fue el autor de los capítulos 1 a 12, 15 a 24 y 33 a 35 del Libro de Isaías, en tanto que la autoría del resto del libro es aún tema de debate. Los capítulos 36 a 39, que están escritos en tercera persona, fueron aparentemente escritos por sus discípulos.
La segunda parte del Libro de Isaías, conocida como Libro de la Consolación de Israel (capítulos 44-55), es muy diferente a la primera y no nombra en ninguna parte a Isaías. El escenario de estos capítulos finales supone que Jerusalén ha sido asolada, el pueblo judío está cautivo en Babilonia y Ciro ya es rey de Persia, cuya gesta causará la liberación de los hebreos. El estilo del texto es más oratorio y hasta repetitivo. El contenido registra una mayor elaboración teológica. Es entonces probable que estos capítulos finales sean obra de un autor anónimo al final del destierro, después de 560 a.E.C.
El cristianismo estima que el Libro de Isaías anunció el nacimiento, sacrificio y gloria de Jesús y además, el alcance universal de la salvación por lo que se considera en algúnas ocasiones como el "Príncipe de los Profetas".

Según la tradición judeocristiana, Isaías pudo haber muerto como mártir. Durante su vida, Isaías enseñó la supremacía, la santidad y el carácter ético del mensaje de Dios. Criticó los errores de su pueblo, al que a su vez alentó durante el cautiverio en Mesopotamia, y profetizó asimismo el futuro renacer de Sion y Jerusalén.

1.1.1.10.1.2.Jeremías.

Fue un profeta hebreo, hijo del sacerdote Hilcías.Es autor del volumen de la Biblia conocido como el Libro de Jeremías. Se le atribuye a él la autoría de los libros de los Reyes y del Libro de las Lamentaciones. La labor de Jeremías el profeta fue llamar al arrepentimiento al reino de Judá y principalmente a los reyes Josías, Joaquim, Joaquín​ y Sede, debido al castigo impuesto por HaShem de que serían conquistados por los caldeos si no volvían su corazón hacia Dios. Su vida como profeta se caracterizó por soportar con una férrea entereza los múltiples apremios y acusaciones que sufrió a manos de estos reyes y de los principales de Israel, desde azotes hasta ser abandonado en estanques o encerrado entre rejas.

La mayoría de sus profecías fueron escritas en rollos por el escriba Baruc, hijo de Nerías quien le acompañó en una buena parte de su misión.

Con sus profecías sobre la invasión de los "pueblos del norte" (Babilonia) desafió la política y el paganismo de los reyes de Judea, Joaquim y Sedecías y anunció el castigo de Dios por la violencia y corrupción social, que rompían la alianza con Él. Según Jeremías,​ la primera versión de su libro profético fue destruida a fuego por el rey Joaquim, bajo cuyo gobierno el profeta vivió en continuo peligro de muerte. La persecución contra Jeremías se acrecentó bajo el mandato de Sedequías. Este, a pesar de reconocerlo como portador de la palabra de Dios, lo trató con crueldad y lo acusó de espía de los babilonios, consecuencia de proclamar que Juda sería destruida si no se arrepentía de sus pecados y de no retomar la alianza con HaShem. Jeremías llegó a lamentarse por su destino, pero finalmente decidió continuar su misión profética.
Jeremías llamó a liberar a los esclavos como muestra de conversión. En principio, su llamamiento fue acatado, aunque luego los amos volvieron a privar de la libertad a los que habían sido liberados. Esta actitud fue considerada por el profeta como el sello del destino que sobrevendría al reino Judá, de Sedequías y de Jerusalén. El anuncio de la derrota de Judea fue acompañado, además, por la profecía sobre la futura destrucción de Babilonia,​ y la instauración de una Nueva Alianza.
En el año 587 a. C. Nabucodonosor derrotó a los judíos, llevó cautivos a los notables, esclavizó a miles de personas, ejecutó a los hijos del rey en su presencia y luego le arrancó los ojos y lo llevó cautivo a Babilonia. En esa incursión, los babilonios destruyeron el Templo de Jerusalén. Únicamente los pobres fueron respetados y Jeremías se retiró a Mizpah y luego a Egipto. Nabucodonosor además protegió a Jeremías sacándolo de la prisión de Ramá (Belén) donde estaba encadenado junto a los principales cautivos de Jerusalén y Judá para que viviera entre los caldeos, este hecho lo llevó a ser tratado como un traidor y espía de los babilonios. Muchos judíos huyeron a Egipto y fueron también parte de las profecías de Jeremías.

1.1.1.10.1.3.Ezequiel.

Su nombre procede del hebreo, "Dios es mi fortaleza". Sus profecías se encuentran en el Libro de Ezequiel,​ siendo su mensaje de reverencia para con la santidad de Dios e incluyó reflexiones sobre la futura reconstrucción del Templo de Jerusalén, enfatizando asimismo la responsabilidad moral de cada individuo. A diferencia de otros profetas, Ezequiel tuvo importantes revelaciones en forma de visiones simbólicas que según la creencia hebrea le fueron transmitidas por Dios. Ezequiel provee descripciones detalladas de sus visiones. En su primera visión, Ezequiel percibió el tetramorfos, es decir, los cuatro seres vivientes tirando de un carro celestial. Sus profecías advirtieron de la destrucción inminente de Jerusalén, condenaron las prácticas idólatras y envisionaron la restauración de Israel.

Ezequiel vivió en la misma época que el profeta Jeremías, tornándose profeta durante el exilio babilónico. Estaba casado (Ezequiel 24, 18), era hijo de Buzí, de linaje sacerdotal, fue llevado cautivo a Babilonia junto con el rey Joaquim de Judá y permaneció en una ciudad de Mesopotamia llamada Tel-Abib, cerca de Nipur en Caldea, a orillas del río Cobar.​ Cinco años después, a los treinta años de edad, Dios lo llamó según las escrituras al cargo de profeta, que él ejerció entre los desterrados durante 22 años.
A pesar de las calamidades del destierro y de los falsos profetas, los cautivos no dejaban de abrigar esperanzas de que el cautiverio terminaría pronto y de que Dios  restauraría la santa ciudad de Jerusalén y su Templo.
Con la caída de Jerusalén y la destrucción del Templo, no pocos habían perdido la fe. La misión de Ezequiel consistió en combatir la idolatría, la corrupción por las malas costumbres, y las ideas erróneas acerca del pronto regreso a Jerusalén; para consolar a su pueblo, predicó la esperanza del tiempo mesiánico. El Libro de Ezequiel comprende un prólogo, que relata el llamamiento del profeta (capítulos. 1-3), y tres partes principales: la primera (capítulos. 4-24) comprende las profecías acerca de la ruina de Jerusalén; la segunda (capítulos. 25-32), el castigo de los pueblos enemigos de Judá; y la tercera (capítulos. 33-48), la restauración.
En la última sección de su profecía (40-48), Ezequiel describe detalladamente la restauración de Israel después del cautiverio: el Templo y la ciudad de Jerusalén, así como sus arrabales y la tierra prometida repartida equitativamente entre las doce tribus israelitas.​
Las profecías de Ezequiel se caracterizan por la riqueza de alegorías, imágenes y acciones simbólicas; san Jerónimo se refiere a ellas como el "mar de la palabra divina" y el "laberinto de los secretos de Dios". Según la tradición judía, Ezequiel murió mártir.

1.1.1.10.14.Daniel.

Las únicas referencias a Daniel se encuentran en el libro bíblico que lleva su nombre las cuales pueden complementarse con los datos suministrados por Flavio Josefo cuya fuente última se ignora. Según estas tradiciones; Daniel pertenecía a una familia noble del Reino de Judá, tal vez emparentada con la realeza.
En su juventud, según se infiere de las secciones deuterocanónicas de su libro tendría unos catorce años,​ fue conducido cautivo a Babilonia, luego de la caída de Jerusalén en 587 a. C.. Siendo todavía un adolescente tuvo una intervención decisiva en el proceso contra Susana. Esta mujer, joven y bella, había sido acusada injustamente de adulterio por dos de los ancianos de la comunidad de los desterrados; Daniel no solo defendió su inocencia sino que probó, por medio de un hábil interrogatorio, que los propios denunciantes eran quienes habían acosado a la mujer, calumniándola al no haber cedido a sus deseos.
Nabucodonosor II, según el relato bíblico, ordenó escoger un grupo de jóvenes hebreos para ser educados, después de lo cual entrarían al servicio del rey.​ Los elegidos fueron Daniel y tres jóvenes de su misma tribu: Ananías, Misael y Azarías quienes fueron confiados al cuidado de Aspenaz, jefe de los eunucos.
Los jóvenes fueron introducidos en la cultura mesopotámica, aprendiendo su lengua, su escritura y su tradición literaria motivo por el cual recibieron nombres en lengua acadia tardía, el texto bíblico los transcribe como Beltsasar o Baltasar (Balâtsu-usur, 'Bel protege al rey'), para Daniel, y Sadrac, Mesac y Abednego, para los otros tres jóvenes respectivamente. Fueron alojados en el palacio real, hoy identificado con la zona arqueológica de Kasr, en la margen occidental del Eúfrates.

La tradición judía sostiene que estos jóvenes fueron convertidos en eunucos.

Daniel y sus compañeros, no obstante residir en la corte, mantuvieron sus prácticas kosher de alimentación revelándose, siempre según el relato de su libro, que este régimen los hacía más saludables que los demás jóvenes que vivían en el palacio. Después de una formación de tres años, Daniel y sus tres compañeros, fueron presentados ante Nabucodonosor quien, dice el texto: "los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en su reino".
En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, el monarca tuvo un sueño que lo dejó profundamente angustiado, por lo que convocó a sus astrólogos y expertos en artes adivinatorias, y les exigió lo interpretasen; para asegurarse de que no lo engañaran en el momento de interpretar su sueño, los puso a prueba explicándoles que existía una gran dificultad: les dijo que había olvidado su propio sueño. Ante la falta de respuesta satisfactoria de parte de sus sabios, el rey se irritó y ordenó que los ejecutasen. Daniel, que no había estado presente en ese episodio, fue también arrestado pero, al enterarse acerca de lo ocurrido, habló con Arioc, jefe de la guardia, y solicitó un plazo para poder responderle al soberano. La petición le fue concedida. Entre tanto, Daniel y sus compañeros oraron a Dios pidiendo les revelase el misterio.
Esa noche, en una visión, le fue revelado a Daniel el sueño del monarca y, al día siguiente, el profeta se presentó en la corte proporcionando subsecuentemente el relato del sueño de Nabucodonosor así como también su correspondiente interpretación. Este hecho marcó el reconocimiento de Daniel, quien fue subsecuentemente nombrado gobernador de la provincia de Babilonia y jefe de sabios y expertos. Del mismo modo, los tres jóvenes judíos recibieron importantes cargos en la administración imperial.
Daniel permaneció en la corte real durante todo el reinado de Nabucodonosor y continuó ligado a ella cuando Belsasar le sucedió en el trono. El libro de Daniel omite la existencia de Evilmerodac, Neriglisar, Labashi-Marduk y Nabonido, considerando a Belsasar haber sido hijo de Nabucodonosor. Algunos autores postulan que el término hijo no se utiliza literalmente, sino con el sentido de descendiente.
En esos años los relatos mencionan el episodio del ídolo de oro,​ en el cual los tres jóvenes fueron arrojados a un horno ardiente, y otro que, presentado como un testimonio del propio rey, narra la transformación de Nabucodonosor en bestia.
El siguiente episodio de la vida de Daniel registrado en el libro de su nombre es el banquete de Belsasar. En esa ocasión el soberano corregente de Babilonia —ya que el monarca primero era su padre Nabónido— celebraba un festín en compañía de sus nobles cuando tuvo la ocurrencia de beber en los vasos sagrados substraídos del Templo de Jerusalén. De inmediato una misteriosa escritura apareció en la pared, trazada por una mano espectral, la cual ninguno de los sabios fue capaz de interpretar. Llamado Daniel, por sugerencia de la reina quien recordaba su desempeño de otrora, éste censuró al rey y, sin aceptar sus promesas de obsequios, descifró la escritura. El texto anunciaba, en arameo, la caída de Babilonia en manos de los persas.
Belsasar cumplió lo prometido y nombró a Daniel tercer señor del reino, pero esa misma noche la ciudad fue tomada y el rey, muerto.

A tenor de lo narrado por el libro de Daniel, el conquistador de Babilonia y sucesor de Belsasar, fue Darío, el medo, personaje desconocido por la historia.

Bajo el reinado de este soberano tiene lugar un complot de los sátrapas contra Daniel que derivó en su encierro en el pozo de los leones; esta intriga se valió de la fidelidad a Dios del protagonista, pues un edicto caprichoso sugerido al rey por aquellos prohibía cualquier petición, fuera a un dios o a un hombre excepto el soberano, durante 30 días (Daniel 6:1-9). Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró a su casa y oró tres veces al día, como lo solía hacer anteriormente; entonces dichos hombres lo hallaron orando a Dios, por lo que fue acusado de violar el edicto real del rey y, por ello, arrojado al foso de los leones (Daniel 6:10-16).
En el foso de los leones el profeta no sufrió daño alguno.
A la mañana siguiente, cuando Darío comprobó el portento, ordenó liberar a Daniel y echar al foso a sus acusadores, quienes perecieron inmediatamente al ser brutalmente devorados por las bestias (Daniel 6:19-28).
En esas mismas secciones se menciona la sucesión de Astiages, la entronización de Ciro II el Grande y el episodio por el cual Daniel revela el fraude de los sacerdotes de Bel que habían convencido al rey de que el dios comía las ofrendas, siendo que eran ellos quienes lo hacían.
Durante gran parte de su vida, cuenta el libro homónimo, Daniel recibió diversas visiones apocalípticas que anunciaban, por medio de símbolos y claves numéricas, la instauración del Reino de Dios sobre la tierra.
Acerca de la muerte de Daniel no existen testimonios bíblicos y las tradiciones posteriores no aclaran si regresó al territorio de Judea o permaneció en Mesopotamia, pero esto último parece lo más seguro.
Dado que aún vivía durante el reinado de Ciro, en Babilionia a partir de 539 a. C., es posible que alcanzara una edad centenaria. Su muerte se sitúa, entonces, entre el tercer año del reinado del mencionado soberano persa, es decir entre 536 y 530 a. C., cuando muere Ciro (pues ya no se menciona su presencia en tiempos de Cambises). Es muy probable que tuviera lugar en Babilonia pero, dado que su tumba se veneraba en Susa, algunos autores se inclinan por esta última ciudad.

Existe una referencia sobre Daniel en el libro de Ezequiel (capítulo 14:14); en la misma se lo considera como un modelo de sabio, esto ha llevado a considerar que el pasaje se refiere a Dan-El, un mítico héroe cananeo y fenicio. Los defensores de la historicidad del personaje sostienen que, puesto que en dicha referencia se le considera justo, es improbable que Ezquiel elogiara a Dan-El, un adorador de dioses paganos.

La tendencia entre los comentaristas bíblicos que utilizan el método de análisis literario es, por contrario, que el libro de Daniel sería un relato popular destinado a subrayar algunos temas importantes para la nación judía en años previos a la persecución de Antíoco Epífanes. El lenguaje del libro y la minuciosidad de las descripciones de Antíoco tienden a sugerir esta noción.

1.1.1.10.2.Profetas menores.

1.1.1.10.2.1.Oseas.

Oseas (norte de Israel, siglo VIII a. C.) fue hijo de Beeri y el primero del grupo de los doce profetas menores. Se le atribuye la autoría del llamado Libro de Oseas, en el que el profeta denuncia la infidelidad del pueblo para con HaShem y revela el amor tierno de Dios, comparable al del esposo que perdona a su esposa infiel o al del padre que ama a su hijo rebelde. El profeta combate las bien conocidas tendencias idolátricas del reino septentrional y el culto del becerro de oro (una polémica que tendría en Jerusalén sabor arcaico), llamando a su pueblo a la piedad interior, a la devoción espiritual que lo unirá a Dios en unos esponsales de amor. La presunta tumba de Oseas se encuentra en el monte que lleva el mismo nombre, y todavía los beduinos le ofrecen sacrificios.
Su nombre significa "salvación de Dios" o "la salvación es Dios"

1.1.1.10.2.2.Joel.

Joel  es el segundo de los doce profetas menores seguido por Amós.

Parece que profetizó en el reino de Judá, después de la ruina de Israel, y el transporte de las diez tribus a Asiria. Su profecía que no contiene más que cuatro capítulos. Anuncia cuatro grandes acontecimientos a saber:

1)Una nube de insectos que debía destruir los campos y producir un hambre en el reino de Judá. Jeremías habla de esta hambre
2)Un ejército de extranjeros que debía venir y acabar de devastar la Judea. Es de presumir que fue el de Nabucodonosor que destruyó el reino de Judea y llevó los judíos a Babilonia
3)La vuelta de esta cautividad y los beneficios con que Dios debía colmar después a su pueblo
4)Por último, la venganza que sacaría de los pueblos enemigos de los judíos.

En las Actas de los apóstoles, aplica San Pedro a la venida del Espíritu Santo lo que Joel había dicho de los favores que Dios quería conceder a su pueblo y de las señales que debían aparecer con este motivo en el cielo y en la tierra. De aquí han deducido muchos padres y algunos comentadores que la profecía de Joel no se había cumplido en toda su extensión a la vuelta de la cautividad de Babilonia. Que por consecuencia se necesitaba darle un doble sentido. Algunos modernos que han visto que tampoco se habían verificado todas las circunstancias en la venida del Espíritu Santo y en la predicación del Evangelio, han pensado que lo que se dice del juicio que Dios debía ejercer sobre las naciones, debe entenderse del fin del mundo y del juicio final. En consecuencia, que hay en las palabras de Joel un tercer sentido profético.

1.1.1.10.2.3.Amós.

Fue profeta en Israel y el Reino del Norte durante el reinado de Jeroboam II (783 a.C - 743 a. C.). Le es atribuido el libro de la Biblia que lleva su nombre.
Amós, con la rudeza y estilo directo de un pastor e inspirado por la fidelidad a Dios,  condenó la corrupción de las élites, la injusticia social y el ritualismo ajeno al compromiso de vida, anunciando el fin de Israel. Acusado por el sacerdote Amasías de conspirar contra el rey (Amós 7:10-11), fue expulsado del templo de Betel (Amós 7:12-13).
Según la Biblia (Isaías), el padre del profeta Isaías se llamaba también Amós. Sin más base que el hecho de tratarse de homónimos que vivieron hacia la misma época, algunos han pensado que se trata del mismo personaje, pero la mayoría de expertos descartan esa hipótesis, dado el origen social de Isaías.

Amós fue ganadero y punzaba higos de sicomoro, una clase de higos considerados alimento de pobres. La práctica de punzar higos tenía por objeto acelerar su maduración y aumentar el tamaño y la dulzura de la fruta. Al igual que el pastor David a quien HaShem llamó para efectuar servicio público, Dios procedió a tomar a Amos de seguir tras el rebaño y lo convirtió en profeta. De la soledad del desierto meridional, a Amos se le envió al reino idólatra de diez tribus con su capital Samaria. Amos comenzó su profecía de Dios dos años antes del gran terremoto que ocurrió en el reinado de Ozías, rey de Judá. La profecía de Amos queda dentro del periodo de 26 años entre 829 y 804 a. C. Amos como profeta fue de tal magnitud que Zacarías hizo mención de él unos 300 años después.

1.1.1.10.2.4.Abdías.

Abdías es el cuarto profeta menor y a quien se adjudica el más breve de los libros proféticos del antiguo testamento (contiene veintiún versículos). El título del libro es dedicado al nombre del autor. Sin embargo, recientemente algunos académicos consideran que debería ser reconocido como un apellido, debido a que comúnmente "sirviente de Dios" (de donde procede el nombre Abdías) sería adjudicado sólo como apellido o sobrenombre, por otra parte, no se da ninguna otra distinción informativa acerca del escritor, quien es identificado como Abdías.
Es cierto que al carecer de información con autoridad, tanto judíos como cristianos han llegado a suplir libremente esa carencia en términos de autor, pero también queda la evidencia de que no se conoce nada de Abdías, en términos de familia, período de vida, lugar de nacimiento, muerte y otras circunstancias que son desconocidas a nosotros. La única información identificable acerca del autor es que pertenecía al reino de Judá. La breve profecía de Abdías trata casi exclusivamente con el destino de Edom, tal y como es dado a conocer en las primeras palabras. Dios ha convocado a las naciones contra Edom, que confía en su reacción rápida y dura, contundente, pero es en vano. Los ladrones la destruirían completamente. Los aliados y amigos han dado la espalda y la sabiduría que cree poseer le fallará. Los castigos vendrán por la conducta mostrada hacia Judá, será cuando los extraños echen suertes sobre Jerusalén. Los resultados surgen a raíz de la conducta indigna. El "día de Dios" está cerca sobre "todas las naciones", en que donde la ruina espera a Edom y la compartirá unida a la "casa de Jacob" y "la casa de José" (16-18). En cuanto a Israel, las fronteras se ampliarán en cada dirección; los "salvadores" aparecerán en el montaje de Sion para "juzgar" el montaje de Esaú, y la ley de Dios será establecida.

No se conocen muchos datos biográficos sobre Abdías.

1.1.1.10.2.5.Jonás.

Jonás, que significa "paloma", en latín Ionas, o en árabe, fue un profeta de Dios según el Antiguo Testamento. Es el quinto de los profetas menores del Nevi'im, hijo de Amitai. En el Corán (Corán 37, 139–148), Jonás es también un profeta.
En cumplimiento de la palabra de HaShem, difundida por boca de Jonás, el rey Jeroboán II de Israel alcanzó logro positivo en restablecer "el límite de Israel, desde el punto de entrada de Hamat hasta el mismo mar del Arabá (el mar Muerto)". De modo que al parecer Jonás fue profeta en el reino de diez tribus durante el reinado de Jeroboán II. Es la misma persona a quien Dios comisionó para proclamar juicio contra Nínive, por lo que es considerado el autor del libro bíblico homónimo.
En lugar de cumplir con su asignación de predicar a los nínivitas, Jonás decidió huir de ella. En el puerto de Jope consiguió un pasaje en una nave que se dirigía a Tarsis (que por lo general se relaciona con España o la península ibérica), a más de 3.500 km al oeste de Nínive.
Después de embarcar, Jonás se durmió profundamente en las "partes más recónditas" del barco. Mientras tanto, los marineros se enfrentaron a un viento tempestuoso enviado por Dios que amenazaba con destrozar la nave. Clamaron a sus dioses por ayuda y arrojaron objetos por la borda para aligerar la nave. El capitán de la nave despertó a Jonás, instándole a que también invocase a su Dios. Finalmente los marineros echaron suertes para determinar por culpa de quién se había originado la tormenta. HaShem hizo que la suerte cayera sobre Jonás. Cuando se le preguntó, confesó que había sido infiel a su comisión y, como no deseaba que otros perecieran por su culpa, pidió que le arrojasen al mar. Una vez que fracasaron todos los esfuerzos por volver a tierra, los marineros le hicieron a Jonás según su palabra y el mar detuvo su furia.
Cuando se hundió en el agua, se le envolvieron algas marinas alrededor de la cabeza. Por fin cesó su sensación de ahogo, y se halló dentro de un gran pez o ballena, depende de la traducción. Jonás oró a Dios glorificándole como salvador y prometiéndole pagar lo que había prometido en voto. Al tercer día el pez o ballena vomitó al profeta en tierra seca.
Cuando se le comisionó por segunda vez para ir a Nínive, Jonás emprendió el largo viaje hacia esa ciudad. "Finalmente Jonás comenzó a entrar en la ciudad por distancia de un día de camino, y siguió proclamando y diciendo: Solo cuarenta días más, y Nínive será derribada."
La Biblia no dice si Jonás conocía el idioma asirio o si se le facultó de forma milagrosa para hablarlo. Quizás habló en hebreo y alguien que conocía este idioma hizo de intérprete. En tal caso, es posible que las palabras de Jonás suscitaran gran curiosidad y mucha gente se preguntara qué decía ese extranjero.
Después de haber pasado cuarenta días sin que le ocurriera nada a Nínive, Jonás estaba muy disgustado porque Dios no había destruido la ciudad. Incluso oró a HaShem para que le quitase la vida. Pero Dios le contestó con la pregunta: "¿Es con razón que te has enardecido de cólera?". Posteriormente el profeta dejó la ciudad y más tarde se hizo una cabaña. Desde ese lugar, al oriente de Nínive, vigiló para ver lo que le ocurría a la urbe.
El relato dice que cuando de manera milagrosa creció una calabaza vinatera para proveerle sombra, el profeta estuvo muy satisfecho, pero su alegría fue efímera. Al día siguiente, muy de mañana, un gusano hizo que la planta se secase. Privado de su sombra, Jonás quedó expuesto a un viento abrasador procedente del este y al sol ardiente que batía sobre su cabeza. De nuevo, pidió morir.
Por medio de esta calabaza vinatera Dios le enseñó a Jonás una lección de misericordia. Él sentía lástima por la calabaza vinatera cuando ni la había plantado ni cuidado. De modo que HaShem  le dijo a Jonás: "Por mi parte ¿No debería Yo sentir lástima por Nínive, la gran ciudad, en la cual existen más de ciento veinte mil hombres que de ningún modo saben la diferencia entre su mano derecha y su izquierda, además de muchos animales domésticos?".
Se ha dicho, de varios sitios, que son el lugar donde fue enterrado Jonás, pero ninguno de ellos ha sido confirmado como tal.
La más reconocida de sus tumbas se encontraba en la ciudad iraquí de Mosul, en la provincia de Nínive, donde el profeta vivió y cumplió su mandato divino, aunque no descansaba cuerpo alguno en ella. El sitio era un lugar sagrado para judíos, cristianos y musulmanes, pero fue destruido el 24 de Julio del 2014 por el Estado Islámico.

1.1.1.10.2.6.Miqueas.

Su labor se cumplió en tiempos de los reyes Jotán de Judá, Acaz y Ezequías y fue contemporáneo de los profetas Isaías, Oseas y Amós. Demostró un gran celo por el pacto con Dios y consideró que la infidelidad al amor de HaShem se hace sentir en la explotación del prójimo. Amó a su pueblo campesino y pastoril y vio en él el interés de Dios. Denunció a los ricos y poderosos y a los sacerdotes y falsos profetas que actuaban para conseguir poder y privilegios. Rechazó el abuso de los aristócratas de Jerusalén contra la mayoría del pueblo campesino y la instrumentalización de la religión para ocultar las injusticias sociales.
Especial significado y valor representa el pasaje Miqueas 5:1 citado expresamente en Mateo 2:6 como profecía del lugar del nacimiento del Mesías, Belén de Judá:

Y tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial.-Miqueas 5:1.

Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel.-Mateo 2:6.

El libro de Miqueas pertenece a los libros proféticos del Antiguo Testamento (la Biblia). Fue escrito a finales del siglo VIII a. C. por el profeta que lleva su nombre. Este libro contiene 7 capítulos.

Miqueas vivió un tiempo de guerra cruel. Vio desatarse la guerra entre el Reino del Norte y el Reino del Sur, con 120.000 muertos en el Reino del Sur (2 Crónicas 28:6) sin mencionar las víctimas del Reino del Norte. Después Asiria, una gran potencia militar de su época aplasta al Reino del Norte, sólo un milagro pudo evitar que estos mismos ejércitos entraran en Jerusalén (2 Crónicas 32).

Miqueas interpretó estos acontecimientos como el castigo de Dios sobre el Reino del Norte por pecados como: idolatría, adoración de Baal, sacrificios rituales de niños, magia y encantamientos (2 Reyes 17:16-17). Dichas actividades ahora se iban infiltrando hacia el sur, hacia Judá. De tal manera que Miqueas se refirió a Jerusalén como "lugar alto", nombre común que se le daba al lugar de adoración a dioses paganos (Miqueas 1:5), predicando así que el Juicio que cayó sobre el Reino del Norte caería ahora sobre Judá por causa de su desobediencia a Dios.

Sin embargo, no todo en el libro de Miqueas es juicio y castigo. Miqueas ve una luz en las tinieblas, percibió un majestuoso Dios que gobierna sobre todo suceso, que castigó a su pueblo solo para purificarlo y restaurarlo. También formuló algunas de las más francas predicciones de destrucción que hay en la Biblia.

Miqueas es sobre todo un profeta del juicio. Dios aparece como el juez universal. Uno de los más grandes legados espirituales de esta obra estriba en su enseñanza acerca de cómo aceptar y sobrellevar la ira divina. La ira de Dios pasa, pero su benignidad es eterna. Aún en su ira hay compasión. Por lo demás, sólo se acentúan aquellos atributos divinos que constituyen el fundamento de su predicación profética: la grandeza de Dios, su santidad su ira y su gran misericordia. Miqueas, como los otros profetas, abundan en grandes enseñanzas morales. Para él, el más grande pecado es la corrupción moral . Sólo concede valor a la religión en cuanto ella es capaz de producir la justicia en el individuo y en la sociedad. En 6:8 resume todo el contenido de la predicación de sus predecesores o contemporáneos: practicar la justicia(Amós), amar la misericordia (Oseas) y caminar humildemente con tu Dios (Isaías).

1.1.1.10.2.7.Nahum.

Nahum (en hebreo, Najum), fue el séptimo de los profetas menores. Originario de Galilea, es el autor de Libro de Nahum. Su nombre proviene del hebreo, y significa "lleno de consolación". Con todo, poco se sabe de este Najum. En el propio Libro de Nahum dice que era un "elkesita" o "elkoshita". El exégeta bíblico Jerónimo de Estridón, en su comentario respecto a este libro, nota erróneamente que "eljoshita" es una indicación patronímica: "hijo de Elqosh". Sin embargo, se trata de un gentilicio: el profeta nació en Eljosh.
La teoría más aceptada respecto a sitio proviene de Vidas de los profetas, obra que se suele atribuir a san Epifanio: Elqosh queda más allá de Beth-Gabre, en la tribu de Simeón.
Beth-Gabre (Beit Jibrín) sería la antigua Eleuterópolis, en la frontera de Judá con Simeón. Esta postura fue adoptada por el martirologio romano: el 1 de diciembre se celebra Begabar (lo cual posiblemente sea derivación de Beth Gabre).
El libro de Nahúm pertenece a los libros de los profetas menores del Antiguo Testamento (la Biblia).
Nahum profetizó hacia el año 626 a. C. Los asirios iban perdiendo su dominio sobre los pueblos que esclavizaban y que los odiaban profundamente. Uno de estos pueblos eran los judíos.
Los poemas de Nahúm reflejan el corazón de un patriota que cree que Dios gobierna la historia de los pueblos, se preocupa que se le reconozca solo a Él como Dios en todo lo que sucede en la naturaleza y en Su fidelidad a Sus amigos.
El Libro de Nahúm profetiza la inminente desaparición del Imperio asirio y la destrucción de Nínive su capital. Aunque es imposible ser preciso en cuanto a la fecha exacta de la composición del libro, el término a que puede ser fijado en 663 a. C., mientras que el término parece ser 612 a. C. La caída de Tebas en el 663 a. C. se considera como un evento pasado reciente (3:8-10), mientras que la caída de Nínive en el 612 AC y el extremo final del Imperio en el 609 a. C. parecen ser o representar eventos futuros.
Que el libro de Nahúm esté exactamente comprendido entre el 663-612 a. C. es algo que aún se debate. Sin embargo, varios factores pueden contribuir a aclarar los hechos. En primer lugar, Nahúm anunció que nunca más sería subyugado por Asiria (1:12) ni invadir Judá (1:15 [2:1]). Así que probablemente pronunció sus oráculos después de 640 a. C., la fecha de la última campaña asiria conocida en la zona occidental; cuando el asirio Ashurbanipal temporalmente reafirmó la soberanía sobre Judá y otras como Siria-Palestina vasallos. En segundo lugar, Nahúm presenta a Asiria como un fuerte tirano imperialista que aplastaba a sus enemigos y opresores en homenaje de la extracción de sus vasallos (1:12, 2:13, 3:1). Esto probablemente refleja la situación antes de la meteórica caída de Asiría, después de la muerte de Ashurbanipal en 627 a. C.
El objetivo de la profecía de Nahúm era anunciar el juicio sobre Nínive. Jonás ya había profetizado acerca de Nínive, pero él había vivido 150 años antes que Nahúm. En el libro de Jonás, la Gracia de Dios triunfa, mientras que en el de Nahum solo se anuncia la justa ira de Dios y la inevitable destrucción de esta ciudad impía. La visión de Nahúm está enfocada sobre este enemigo del pueblo de Dios; es muy sorprendente que no se mencione nada acerca de los pecados de Israel y de Judá. Efectivamente, al tiempo que es anunciada la santa y justa ira de Dios contra los enemigos, el pueblo de Dios recibe palabras reconfortantes (1:12-15). En el capítulo 1 (el cual es similar a un salmo), vemos a Dios celoso y vengador en toda su majestad. Los dos capítulos siguientes profetizan con exactitud la caída y destrucción de Nínive. Nahum profetiza la destrucción de Nínive, que simboliza la liberación de todas las esclavitudes.

1.1.1.10.2.8.Habacuc.

Habacuc es el nombre del profeta hebreo y del libro de la Biblia cuya autoría se le atribuye y que de acuerdo con los expertos se escribió cerca del año 612 a. C., puesto que Habacuc 1:6 Se refiere al surgimiento de los Caldeos como potencia internacional, lo cual se relaciona con la caída de Nínive y el fin del poder de Asiria. Esta referencia significaría también que el libro se escribió antes del 605 a. C. pues no se da noticia la primera invasión los babilonios a Judea.
La primera parte del libro de Habacuc (1:1 a 2:4) expone en un diálogo con HaShem, el drama de los poderes humanos, políticos y económicos, ansiosos por conquistar pueblos, territorios y riquezas y como consecuencia las víctimas tiranizadas, saqueadas y masacradas. El profeta asume la vocería de las víctimas y clama por la redención. Expresa la certeza de la intervención de Dios en favor de los débiles y ratifica que la visión profética se cumplirá en una fecha concreta y si se tarda hay que esperarla, porque vendrá ciertamente y el justo por su fe vivirá.
La segunda parte es una colección de condenas a los explotadores, opresores e idólatras. El rechazo a la ganancia injusta y a la avaricia se expresa en estilo literario que prepara la tercera parte, un cántico de gran belleza a la salvación de Dios, cuya elevada calidad literaria ha hecho pensar a varios críticos que se trata de la obra de un autor diferente al de las dos primeras partes.
El Libro de Daniel (14,32-38) habla de que, cuando, en tierras judías, Habacuc se disponía a llevar la comida kosher que había preparado a los campesinos judíos, un ángel lo tomó por los pelos, lo llevó a Babilonia y lo introdujo en la fosa de los leones donde estaba encarcelado el profeta Daniel, para que éste se alimentara con aquélla; después, fue devuelto por el ángel a "su sitio". Recordemos que Daniel pertenecía a una familia judía noble, pero servía como funcionario en la corte dominadora babilónica, tras la destrucción del Primer Templo de Jerusalén. Este pasaje está bellamente representado por Gian Lorenzo Bernini en una magnífica escultura que se conserva en la Capilla Chigi de la Basílica de Santa María del Popolo, en Roma, y que guarda un gran parecido formal con el Éxtasis de Santa Teresa, escultura también debida a su privilegiada mano y que se halla en la Capilla Cornaro de la Iglesia de Santa María de la Victoria, igualmente en Roma. Estas esculturas forman parte de la misma concepción plástica que, por ejemplo, la pintura del ángel guiando la escritura de San Mateo, de Caravaggio, que se conserva en la Capilla Contarelli de la Iglesia de San Luis de los Franceses (Roma). Sin estos dos grandes artistas de la Contrarreforma, Roma no sería tan eterna como es. También está reproducido dicho pasaje en fresco de 1657de Agostino Scilla (1629-1700), , en la Cappella del Sacramento del Duomo de Siracusa.

1.1.1.10.2.9.Sofonías.

Sofonías es el noveno de los profetas menores del Antiguo Testamento, hijo de Cusi, de la tribu de Simeón. Empezó a profetizar bajo el reinado de Josías de Judá (c. 624 a. C.), probablemente antes de que ese piadoso rey haya reformado los desórdenes de su nación. Las predicciones de Sofonías se contienen en tres capítulos bíblicos. Exhorta en ellas a los judíos a la penitencia, predice la ruina de Nínive y después de hacer terribles amenazas a Jerusalén, concluye con promesas consoladoras sobre la vuelta de la cautividad de Babilonia, el restablecimiento de la ley y la vocación de los gentiles.
Escribió en un estilo vehemente, muy semejante al de Jeremías.
La Iglesia católica celebra su fiesta el 3 de diciembre.
El mensaje principal del libro es el Día del Señor,  día que el profeta anuncia como un castigo divino por los pecados del Reino de Judá. Los versículos 15 y 16 del capítulo primero: "Día de ira el día aquel, día de angustia y de aprieto, día de devastación y desolación, día de tinieblas y de oscuridad, día de nublado y densa niebla, día de trompeta y de clamor, contra las ciudades fortificadas y las torres de los ángulos", inspiraron el himno Dies irae, que fue una parte fija de la Misa de Requiem entre el Concilio de Trento y el Vaticano II.

1.1.1.10.2.10.Hageo.

 Su nombre significa fiesta, solemnidad. Hageo, Zacarías y Malaquías fueron los tres profetas posteriores al Destierro de Babilonia. Hageo y Zacarías fueron coetáneos, y Malaquías vivió un siglo después.
Empezó su ministerio aproximadamente dieciséis años después del retorno de los judíos a Jerusalén. El trabajo de reconstruir el templo se había detenido por el desánimo de los exiliados y las intrigas de los samaritanos. Zorobabel, hijo de Salatiel, y Josué (Jesúa), el sumo sacerdote, eran los encargados de llevar a cargo la obra.​ Después de haber estado paradas las obras de reconstrucción del templo durante dieciocho años, se reanudaron las obras después de los esfuerzos de Hageo y Zacarías. Ellos exhortaron al pueblo, que despertó de su letargo, y les indujeron a aprovecharse del cambio de política hacia los judíos del gobierno persa bajo Darío I de los aqueménidas. Su principal mensaje fue el restaurar la confianza del pueblo judío en Dios por medio de ilustraciones, y de llevarlos a la meditación del respaldo de Dios al pueblo. El libro de Hageo, el cual naturalmente se cree que él mismo lo escribió, termina con una pequeña exhortación a la infidelidad del pueblo, y con una promesa hacia el gobernador Zorobabel por haber obedecido en la construcción del templo.

1.1.1.10.2.11.Zacarías.

Zacarías es uno de los profetas menores, a quien se atribuye el libro que lleva su nombre. Su nombre significa Dios ha recordado. Zacarias "el grande" se llama a sí mismo hijo de Berekías hijo de Idó (Zac 1:1,7) pero en otros pasajes se omite el nombre de Berekías. Probablemente nació en algún lugar de Babilonia, puesto que su actividad profética empezó tan solo diecisiete años después del regreso del exilio, y es razonable pensar que para entonces tenía más de diecisiete años, aunque todavía se le consideraba joven. HaShem se valió de Zacarías y Hageo para animar a Zorobabel, al sumo sacerdote Jesúa y a los exiliados que habían regresado a terminar la reconstrucción del Templo de Dios, aun cuando todavía estaba en vigor una prohibición del gobierno persa. La profecía de Zacarías contiene mensajes que pronunció con ese fin durante un período de dos años y un mes.
Según la interpretación cristiana, una de las profecías mesiánicas que recogería el libro de Zacarías en el capítulo 11:12-13 haría referencia al precio (treinta piezas de plata) que los sacerdotes principales ofrecieron a Judas por entregarles a Jesús. Ver el Evangelio de Mateo en el capítulo 26 y versículo 15.
En otra de las profecías de Zacarías (14:4-5 sobre la llegada del día del Señor) se dice que el monte de los Olivos se separaría en dos y se allanaría, como el valle del Hinón se allanó por un terremoto que ocurrió en tiempos de Ozías (o Azarías), rey de Judá que reinó desde el 809 al 759 a. C. En el registro de terremotos anteriores al siglo xx cristiano, hay uno datado en octubre del 759 a. C. en Israel, y tal año es precisamente el último año del reinado de Ozías en Judá. En fecha hebrea era el año 3002 de la Era Hebrea que comenzó un 7 de octubre, el mismo día y mes de ese terremoto en Israel.

1.1.1.10.2.11.Malaquías.

Malaquías es un libro del Antiguo Testamento en la Biblia cristiana y de la Tanaj en la religión judía, escrito por el profeta Malaquías. Posiblemente este no era el verdadero nombre del autor, puesto que Malaki significa "mi mensajero", "mi enviado" o "mi ángel" en hebreo.
Algunos eruditos observan afinidades entre la segunda parte del libro de Zacarías. Mantienen que esta colección estaba formada originalmente por tres profecías independientes y anónimas. Dos de ellas fueron añadidas al libro de Zacarías formando lo que ellos llaman el Deutero-Zacarías o Segundo Zacarías y la tercera profecía es el actual libro de Malaquías. Por tanto el libro de Malaquías sería la obra de un autor quien podía ser identificado por el título de Malaquías (Mi Mensajero).

La actual división de los oráculos del libro de los profetas menores en doce partes presenta un paralelismo con los doce hijos de Jacob que fueron los patriarcas de las doce tribus de Israel.

Nada se sabe de la biografía del autor del libro de Malaquías aunque se ha sugerido que era un levita, lo cual es curioso teniendo en cuenta que Esdrás fue un sacerdote judío. Los libros de Zacarías y Hageo fueron escritos durante la vida de Esdrás, consultar el libro de Esdrás capítulo 5, versículo 1, lo que quizás explique las semejanzas de estilo. Aunque la teoría de que Esdrás fue el autor del libro de Malaquías es discutible, no hay ninguna otra teoría que sea dominante.

1.1.1.11.Dios en el judaísmo. Evolución del concepto.

La palabra Dios se puede definir de cuatro formas distintas. Dos de ellas religiosas, y dos de ellas no religiosas. La primera de ellas es la que todos en Occidente conocemos: Dios es el Ser Supremo, responsable de la Creación del Universo de las religiones monoteístas. Se Le atribuyen cualidades como la Omnipotencia, la Omnisciencia, Omnibenevolencia y Omnipresencia, aunque no siempre y no con la misma definición.
Así, la Omnipotencia divina es sin duda alguna la cualidad que mas diferencias de definición nos ofrece. Se presentan así, cuatro principales:

1)Dios es capaz de trascender no sólo las leyes físicas o de probabilidad, sino también las verdades lógicas. Dios es, entonces, perfectamente capaz de crear un círculo cuadrado, o de hallarle la circunferencia al triángulo, puesto que Él no está limitado por nada. Esta solución resuelve ciertas paradojas, pero plantea ciertas dudas sobre las Promesas de Dios.

2)Dios puede trascender las leyes físicas y de probabilidad, pero no las verdades lógicas. Esta es la visión más extendida entre los teólogos modernos, que sostienen que Dios puede efectivamente intervenir el Cosmos alterando sus leyes fundamentales, pero que es imposible, y un sinsentido, que Este pueda hacer un círculo cuadrado.

3)Dios no puede trascender las leyes físicas ni de probabilidad, sino que Su Omnipotencia deriva de Su Omnisciencia en el manejo perfecto de estas leyes.

4)Dios puede hacer todo aquello que es consistente con Su Naturaleza. Dios es capaz de hacer sólo lo que es consistente con la perfección del Verdadero Poder. Las leyes lógicas se verían entonces incluidas en la Naturaleza divina. Sin embargo, Dios sí puede alterar las leyes físicas, ya que estas no pasan de ser un medio para un fin, sin ser parte de Su Naturaleza y siendo a lo mucho un reflejo Suyo.

Quisiera resaltar lo que mencioné en el punto número dos, dado que ha sido fuente de una de las más interesantes formas que el ateísmo tiene de atacar la noción de un Dios Omnipotente. Estamos hablando de la Paradoja de la Omnipotencia.
Esta paradoja nos plantea la siguiente pregunta: ¿Puede Dios crear una piedra tan pesada que ni Él mismo sea capaz de levantarla? Este es el argumento favorito de muchos ateos que conozco a la hora de sostener su posición. Y es que, vamos a ser sinceros, para alguien poco conocedor de la teología, no sería raro que esta idea causara confusión.
Pero ¿Realmente tiene fundamentos tamaña pregunta? A mis ojos, los de un agnóstico radical...no.
Esto por lo que ya vimos arriba: quien sostiene esta posición, ignora por completo la definición de Omnipotencia que manejan los religiosos, que suele ser la número dos.
Hace tiempo me planteé además una posible solución a la Paradoja, que es sin embargo mía e inconsistente con la de la idea de Dios como Ser Necesario, que veremos más adelante.
Sostengo que la pregunta está en la mayoría de los casos mal formulada.  Imaginemos que la opción número dos es correcta y que Dios no es un Ser Necesario y es, en su lugar, contingente. En este caso, Dios podría sencillamente elegir dejar de ser Omnipotente con el acto mismo de crear la piedra, con lo que no habría contradicción lógica alguna. Claro, para que esto funcione, es necesario considerar a la Omnipotencia, como ya dije, como una cualidad de un ser capaz de perderla, lo que contradice a la teología mas desarrollada.
Pero, continuando con el listado de Cualidades divinas, podríamos seguir con la Omnisciencia, que posee, otra vez, mas de una definición: o se trata de una Omnisciencia absoluta, si Dios está mas allá de la lógica, en cuyo caso Este conocería absolutamente todo, incluso la forma de hacer lo mas absurdo, o se trata en su defecto de un Conocimiento infinito, pero no ilimitado, en que Dios conoce todo lo que es lógicamente posible.
Se puede distinguir también entre Omnisciencia inherente, la capacidad de saber todo lo que se desee saber, y la Omnisciencia total, el efectivo conocimiento de todo lo que se puede conocer.
Como la Omnipotencia, la Omnisciencia presenta paradojas. La primera de ellas, menos conocida, nos plantea el cómo es posible que Dios conociera todo antes de crear el conocimiento. El error en esta paradoja es pretender que Dios tiene Conocimiento, en lugar de ser este parte de Su Esencia. En esta respuesta, podemos decir que se confunde el Ser con el Conocer.
La segunda, es la famosa Paradoja de la Predestinación, que se pregunta por el papel del libre albedrío en el marco de la Omnisciencia divina. Y es que, si Dios conoce todo lo que va a pasar, el hombre no podría elegir nada que Este no conozca ya. Y por tanto, no hay libertad. Esta paradoja, en mis limitados conocimientos, permanece sin una respuesta clara al día de hoy.
La cuarta cualidad es la Omnibenevolencia: Dios permanentemente Se preocupa por el bienestar de los demás. El problema con esta Cualidad es obvio: ¿Cómo encaja entonces el mal en el mundo? A mi juicio, la idea del libre albedrío es una excusa...bastante mala, primero por lo que ya vimos anteriormente, y también por la simple razón de que muchos males no se pueden explicar como productos del accionar humano. Desastres naturales, enfermedades mentales y genéticas, etcétera. En una discusión sobre el tema con un sacerdote amigo, se me planteó una postura que vale la pena tener en cuenta: según él, el mal aparentemente de origen natural, deriva del  hecho de que hay una conexión entre el orden interno del hombre y el del Universo. Así el terremoto de Japón del 2011 es producto de un desorden interno causado por el pecado original. Hay un pequeño problema con esta idea que se me ocurrió mas adelante, y es que, en realidad, el mal existe en el mundo desde mucho antes de que siquiera hubiera hombres. Un meteorito aniquiló a los dinosaurios decenas de millones de años antes de que el primer hominido caminara sobre la Tierra.
Mi solución favorita es, sin embargo, la del filósofo moderno Gottfried Whilhelm Leibinz: este es el mejor de los mundos posibles. Dios, en Su infinita Bondad y Sabiduría, no podía crear nada mas que el mundo ideal. Pero entonces: ¿Porqué tantos niños mueren de hambre? ¿Porqué hay guerras, enfermedades, y demás? La respuesta de Leibinz es que nuestro conocimiento es tan acotado que no podemos ni de lejos alcanzar a concebir todos los detalles que el Eterno si tuvo en cuenta. Así, Dios saca de cada mal un bien incalculablemente mayor, que nuestra limitada percepción no nos permite notar.
Omnipresencia significa la capacidad de estar presente en todas partes. El judaísmo fue probablemente el que introdujo esta noción, que el cristianismo y el Islam heredaron.
Existen multitud de referencias a este atributo de Ubicuidad divina en la Biblia, siendo sin embargo el mas claro el de Jeremías 23: 23,24: ¿No lleno Yo[...]el cielo y la Tierra?
La inclusión de esta Cualidad entre las de Dios sumada a Su Omnipotencia, da origen a lo que se llama la Paradoja de Epicuro, o Problema del Mal, que se resume en:

¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es Omnipotente.
¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo.
¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal?
¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarLo Dios?

A este problema se pueda quizá responder con el argumento de Leibinz, pero hay otras respuestas.
La escolástica medieval refutó esta afirmación argumentando que Dios es el Acto (Ser) Puro, que reúne en Si todas las perfecciones, y al ser creados todos los seres en el mundo, recibieron el acto de ser por Participación divina, reuniendo en sí ciertos actos y ciertas potencias. El mal, entonces, no se considera una creación de Dios, sino una ausencia de bien, así como la oscuridad no pasa de ser ausencia de luz. Dios es la Fuente de todo, pero no es todo.
El Infierno plantea un problema similar, en que si Dios está en todas partes, habría de estar también allí. La religión católica resuelve este conflicto argumentando que el Infierno no debe entenderse como un lugar literal, sino como un estado del alma.
Sin embargo, es curioso el hecho de que la noción de un Dios Omnipotente, Omnisciente, Omnipresente y Omnibenevolente, que con Su Poder alcanza a todo el Universo, no parece haber surgido en el judaísmo desde sus inicios. Mas bien, todo parece indicar que, ya por revelación progresiva o por mera imaginación humana esta idea se desarrolló a partir de una forma de henoteísmo.
El henoteísmo o monolatría es la creencia en múltiples dioses, pero con adoración de sólo uno. Muchos estudiosos sugieren que este fue el tipo de religión en que podría encuadrarse el judaísmo, al menos hasta el siglo VII a.C. La evidencia de esto se encuentra en la misma Biblia, en que con frecuencia se parece insinuar la existencia de otros dioses aparte del Señor de los hebreos.
Ejemplos son Éxodo 15:11, Éxodo 18:11, Éxodo 20:3, Éxodo 20:5, Éxodo 34:14, Salmos 93:4, Salmos 97:9, Salmos 136:2, y Miqueas 7:18.
Otro ejemplo es aquel curioso episodio en que, para el ritual del Día de la Expiación, se echaban suertes sobre dos machos cabríos, uno para el Dios de Israel, y otro para una misteriosa figura de nombre Azazel, identificado más adelante en la historia del cristianismo como un ángel caído.
En las antiguas creencias, los dioses eran territoriales, a la manera de los reyes, y no sería sorprendente que lo mismo aplicara para el judaísmo más arcaico. No sería hasta tiempos de los profetas cuando, por razones que no están del todo claras, los hebreos llegarían al monoteísmo.
Ahora: ¿Cómo fue exactamente que llegamos al riguroso monoteísmo judío actual? No hay una respuesta concluyente a esta pregunta. Una de las hipótesis no las plantearía un historiador, sino un filósofo: Friedrich Nietzsche. Él sostenía que, originalmente, HaShem era el Dios particular de Israel, a Quien este honraba y daba gloria por sus victorias. Sin embargo, cuando los hebreos fueron sometidos por otros imperios, tuvieron que, so pena de perderLo, cambiar su noción de lo que su Dios era. Así, el Santo de Israel se convirtió en una Divinidad universal, benevolente y justa. La idea de que su Dios era una deidad territorial que les concedía gloria en este mundo tuvo que ser reemplazada por la gloria del mundo futuro, de la Resurrección de los justos.
Ya para terminar con este espinoso asunto, quisiera señalar cómo la palabra que se utiliza en la Biblia para referirse a Dios por primera vez (Génesis 1:1) es curiosamente una palabra en plural, que traducida significa Los Poderosos o Los Fuertes. Así, la traducción correcta de este pasaje sería: Con principio Los Poderosos crearon los cielos y la Tierra.

Habrá notado el lector, a lo largo de la obra, que utilicé más de una vez una palabra bastante peculiar para referirme a Dios. Estoy hablando, por supuesto, de la expresión hebrea HaShem, que sospecho, habrá llamado mucho la atención la primera vez.
HaShem significa literalmente El Nombre, en el ya mencionado idioma. Y la razón por la que la utilicé es, aparte de por el una cuestión de estilo, en consideración al enorme respeto del pueblo judío por el Nombre de Dios.
Verán: En la tradición judía, se considera que Dios tiene diferentes Nombres. Algunos sabios cuentan 11, otros, 72. El filósofo judío Maimónides contó siete, y afirmó que no deben ser pronunciados ni destruidos, al ser este un grave pecado.
La prohibición judía de decir los Nombres de Dios, no procede, sin embargo, de Maimónides. Esta procede de la Biblia, que nos dice que HaShem no dará por inocente a quien use Su Nombre en vano.
El que es considerado el Nombre personal de Dios, es el famoso Tetragramatón (Las Cuatro Letras), que era pronunciado por el Cohen Gadol en el lugar más santo del Templo de Jerusalén, y que dejó de serlo después de la destrucción del mismo.

1.1.1.12.Historia de los judíos en Israel tras la caída de los dos reinos.

En el año  853 a.C., Salmnasar III de Asiria y posteriormente Sargón II en el 722 a.C. conquistaron las diez tribus norteñas de Israel, destruyendo su capital, Samaria, y enviando a la población al exilio y cautiverio. La mayoría de los habitantes, incluida la clase dirigente, fue deportada a otras tierras controladas por los asirios y se llevó gente de esos lugares a Samaria. Así, dispersos entre esas naciones, perdieron su identidad original. Nunca volvieron, como pueblo, a la tierra de Israel. Se les llamó las diez tribus perdidas.
En el 586 a.C., Babilonia conquista Judá y su capital, Jerusalén. Gran parte de la población, sobre todo la nobleza, fue deportada a Babilonia. A ello se refiere la expresión, Cautiverio de Babilonia.
Muchos consiguieron huir a Egipto, Siria, Mesopotamia, o Persia. El rey de Judá (ciego y sometido), conservaba su título nominal, y los hebreos valiosos eran ubicados en cargos importantes de la administración imperial. No  obstante, la sensación general era de esclavitud, ya que quien impartía los dictámenes en relación a la vida ritual y el culto era el rey babilónico. Los judíos estaba cautivos, y las fuerzas imperiales los empujarían a la idolatría. En Babilonia, los judíos permanecerían casi 50 años.
Siete decenios después, Dios transmitía al rey de Babilonia que su imperio sería dado a los persas.
En el año 559 a.C., Ciro el Grande se convirtió en rey de Persia y conquistó Babilonia en 539 a.C. El Imperio Persa gobernó Asia occidental, incluyendo Israel, hasta el 332 a.C.
Como la mayoría de los grandes emperadores de la Antiguedad, Ciro permitió a sus súbditos practicar su propia religión en la medida en que incluyeran al monarca en ella. Respecto a los judíos, Ciro decidió acabar con su estatus de nación esclava, aunque la relación siguió siendo una de dependencia. Estas medidas se reflejan en el cilindro de Ciro y en los libros bíblicos de I Crónicas y Esdras, que indican que Ciro sacó a los israelitas de la servidumbre en Babilonia, permitiéndoles regresar a la tierra de Israel y reedificar el Templo de Jerusalén, cosa que parte de ellos llevó a cabo.

Ciro permitió que Sesbasar, príncipe de la tribu de Judá, y Zorobabel, llevaran a los judíos de Babilonia a Jerusalén.
Se les permitió volver con los objetos del Templo que los babilónicos habían tomado, y comenzaron la construcción del Segundo Templo, que se concluirá en 525 a. C. bajo la dirección espiritual de los profetas Ageo y Zacarías. En este tiempo Tierra Santa era una satrapía persa conocida como Yehud.

Los papiros de Elefantina (circa 450 - 419 a. C.) de la colonia militar judía en Egipto demuestran que en este tiempo algunos judíos seguían siendo politeístas, y consideraban que HaShem tenía como esposa a la diosa Anat.
En 445 a. C. Artajerjes nombró virrey de Judá a Nehemías, que fortificó Jerusalén para defenderse del gobernador de Samaria. Los pocos miles de judíos retornados estaban despojados de las riquezas materiales. La vida se les tornaba difícil bajo el dominio persa. La reformada vida israelí fue conducida por los escribas judíos Nehemías (Nehemías 1-6) y Esdras; este último instituyó la sinagoga y sus servicios de rezos, y coronó la Toráh leyéndola en público ante la gran asamblea que instaló en Jerusalén. Comenzaba a renacer el impulso de comunidad religiosa, logrando que Dios volviera a estar en medio de ellos (Ageo 2:5,6,20).
Los persas fueron derrotados por Alejandro Magno, en el 331 a. C., en cuyo imperio estaba incluido Israel. Se dice que no atacó Jerusalén después que una delegación de judíos lo convencieran de su lealtad, mostrándole las profecías contenidas en las escrituras que esto debía ocurrir:

Se levantará luego un rey valiente, el cual dominará con gran poder y hará su voluntad. Pero cuando se haya levantado, su reino será quebrantado y repartido hacia los cuatro vientos del cielo; no a sus descendientes, ni según el dominio con que él dominó; porque su reino será arrancado y será para otros fuera de ellos.-Daniel 11:3-4.

 Y el macho cabrío se engrandeció sobremanera; pero estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo. Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho al sur, y al oriente, y hacia la tierra gloriosa.-Daniel 8:8-9.


En el 323 a. C. moría Alejandro, y en la lucha por el poder Israel cambió de manos por lo menos cinco veces en apenas veinte años. Babilonia y Siria fueron gobernadas por los seléucidas, y Egipto por los ptolomeos. Durante el reinado de Ptolomeo II (281-246 a. C.) se tradujo la Septuaginta en Alejandría. En esta época comenzaron a tomar importancia algunas sectas, como los fariseos, saduceos y esenios.

El rey seléucida Antíoco IV Epífanes atacó y venció a los ptolomeos y conquistó su imperio, saqueando Jerusalén para usar los fondos del Templo. Entre 174-163 a. C. promulgó varias ordenanzas para conseguir la helenización de los judíos: trató de suprimir el culto al Dios de Israel, prohibió el judaísmo suspendiendo toda clase de manifestación religiosa y trató de establecer el culto a los dioses griegos. Las imposición de ideas griegas hacía sentir "esclavizados" a los judíos.
Pero el sacerdote judío Matatías y sus dos hijos (los Macabeos) consiguieron levantar a los "judíos piadosos" (jasidim) en su contra y lo expulsaron. La fiesta judía de Jánuca (o Fiesta de las Luces) conmemora este hecho (I Macabeos).

Judas Macabeo recuperó Jerusalén en 164 a. C., purificando el Templo, reanudando los sacrificios; en 150 a. C. se expulsó a los sirios de Jerusalén, formándose Judá como Estado judío independiente. Comenzaba el reinado de los Asmoneos, apoyado por los fariseos (168-142 a. C.). Cuando el imperio seléucida cayó en 129 a. C., el estado judío adquirió plena autonomía.

Juan Hircano, hijo de Simón Macabeo y Sumo sacerdote, gobernó desde Jerusalén entre 134 y 104 a. C., pero no fue reconocido como rey al no ser descendiente de David. Se anexionó Jordania, Samaria, Galilea e Idumea, con el apoyo de Roma. Los idumeos fueron forzados a convertirse al judaísmo.

En 105 a. C. el nuevo rey y sumo sacerdote de Judá, Alejandro Janneo, cambió el apoyo de los fariseos por el de los saduceos.

En el año 63 a. C. Pompeyo conquistó la región, convirtiéndola en reino tributario de Roma, y entre 57 y 55 a. C. Aulo Gabinio, procónsul de Siria, repartió el reino asmoneo en Galilea, Samaria y Judea, con 5 distritos bajo la jurisdicción del Sanedrín. Reprimió una revuelta popular y restituyó a Juan Hircano II como sumo sacerdote. Durante su campaña en Egipto, Alejandro, hijo de Aristóbulo II, arrebató a Hircano II el título de sumo sacerdote, pero en el año 54 a. C. Gabinio restableció el orden.

En 40 a. C. Herodes el Grande fue designado rey de los judíos por el Senado romano, lo que no indicaba independencia pero sí una cierta autonomía, y una total exención de impuestos. Durante su reinado nacieron Jesús de Nazareth y Juan Bautista. Le sucedió Herodes Antipas, nombrado tetrarca de Galilea y Perea el año 4 a.C.

En el año 6, Arquelao, etnarca de Samaria, Judea e Idumea fue depuesto por Augusto, y el territorio se anexionó a Siria como Provincia de Judea, con capital en Cesárea, bajo gobierno directo de Roma. Quirino, legado de Siria, organizó el primer censo de Judea al que se oponían los zelotes dirigidos por Judas el Galileo.
Siguió un breve periodo de paz en Judá y Galilea durante los años 7-26, durante los cuales murió (en el año 9) Hillel, presidente del Sanhedrin y opuesto a la rigidez religiosa de Shammai, y el año 18 el prefecto Valerio Grato nombró Sumo Sacerdote a Caifás, que sería depuesto en el 36 por el legado sirio Vitelio.

En el año 26 Poncio Pilatos fue nombrado gobernador de Judea. Durante su mandato (26 - 36) fue decapitado Juan Bautista y crucificado Jesús. También fue depuesto por Vitelo.

Tras la muerte de Herodes Antipas el año 39, Claudio designa como rey de los judíos a Herodes Agripa I (41-44), a Herodes de Calcis y posteriormente a Herodes Agripa II, (48-100), séptimo y último rey de la familia Herodes.

La primera guerra judeo-romana comenzó en el año 66, cuando Eleazar ben Ananías, cesó los rezos y los sacrificios en el Templo en honor al emperador romano y mandó atacar a la guarnición de Jerusalén, todo ello debido al robo del tesoro del Templo. Herodes Agripa II huyó y los judíos consiguieron hacer frente al legado de Siria hasta la llegada del general Vespasiano en el año 67, que logró conquistar el norte. En el 69 fue nombrado emperador, dejando a su hijo Tito el encargo de tomar Jerusalén.

Tito logró tomar la ciudad y arrasar con la población en el año 70, destruyendo el segundo Templo, del cual solo se mantuvo parcialmente en pie la pared occidental, conocida actualmente como el "muro de los lamentos". La última fortaleza rebelde, Masada, cayó el año 73. A continuación, los romanos sustituyeron la figura del procurador por un pretor, y estacionaron de forma permanente la X Legión.

El rabino Yochanan ben Zakai, huido de Jerusalén, obtuvo el permiso del general romano para establecer un centro de aprendizaje judío y formar el Sanhedrin en la ciudad de Yavne, lo que se considera el comienzo del judaísmo rabínico, cuando se recopiló la halajá. El Sanhedrin se convirtió en el cuerpo religioso, político y judicial supremo para los judíos por todo el mundo hasta el 425, cuando fue disuelto por el emperador Marciano.

La segunda guerra judeo-romana, la llamada guerra de Kitos, comenzó en el 113 debida a las medidas de Trajano contra los judíos: prohibición del estudio de la Torah y la observancia del Shabbat, medidas tomadas para asegurarse la retaguardia mientras luchaba contra el Imperio Parto. La revuelta se produjo en varios lugares debido a la diáspora: en Cirene, desde donde se extendió a Alejandría, en Chipre, y en Mesopotamia, siendo duramente reprimida por los romanos. En el 118 fue nombrado emperador Adriano, que prometió autorizar la reconstrucción del Templo, lo que trajo la paz a la región.

En 132 estalló la rebelión de Bar Kojba, debida a varias razones, pero sobre todo a los decretos dictados por Adriano que prohibían el brit milá, la celebración del Shabbat, y las leyes de pureza en la familia, así como por las noticias de que pretendía levantar un templo en honor de Júpiter sobre las ruinas del de Jerusalén.

Akiva ben Iosef, que presidía el Sanhedrin, convenció al resto de sus miembros de nombrar nasí (príncipe) a Simón bar Kojba, que declaró la independencia frente al Imperio romano, manteniendo a Israel durante tres años como estado independiente y llegando a emitir su propia moneda. Los romanos enviaron nueve legiones para reconquistar Israel, adoptando una estrategia de tierra quemada: según Dión Casio, murieron 580.000 personas y se arrasaron 50 pueblos fortificados y 985 aldeas. Bar Kojba se refugió en la fortaleza de Betar, donde fue capturado y muerto por los romanos en el 135.

Jerusalén también fue arrasada, y para evitar el retorno de los judíos se construyó una ciudad romana, Aelia Capitolina, y se aposentó una guarnición en el lugar donde se había levantado el Templo. Para completar la humillación, se llamó desde entonces a la región Provincia de Palestina, eligiendo el nombre de los filisteos a quienes Roma identificó como enemigos de los judíos. La mayoría de la población judía fue asesinada, esclavizada o exiliada y la religión judía prohibida, con lo que el centro de la vida religiosa judía pasó a Babilonia. En el siglo IV, Constantino I el Grande permitió a los judíos regresar a Jerusalén a lamentar su derrota una vez al año, el 9 de Av, en el Muro de los  Lamentos.

1.1.1.13.El Mesías.

En las religiones abrahamánicas, el Mesías (en su pronunciación original, Mashíaj) es la figura enviada por Dios para una misión salvífica para con la humanidad.
En el judaísmo y el cristianismo, se trata de un descendiente de David, prometido por los profetas al pueblo hebreo, que vendrá como rey y salvador a instaurar una era de paz y de conocimiento de Dios en el mundo.
La palabra "Mashíaj" procede del hebreo "masah", "ungir". Significa literalmente, "ungido", y su título hacía referencia a la costumbre hebrea de ungir con aceites especiales a los reyes hebreos. Y es que en efecto: en las religiones judía y cristiana, el Mesías es un rey, aunque en sentidos diferentes. Para los judíos, se trata de un rey físico desde el inicio, del futuro líder de Israel, destinado a librar a los judíos de la servidumbre extranjera y reestablecer la edad dorada del pueblo. Para los cristianos, en cambio, la figura del Mesías es la del enviado de Dios (o del Dios mismo) que se sacrifica por los pecados de la humanidad, para que todo aquél que crea en él y su sacrificio sea perdonado por sus pecado y llevado a la vida eterna, tras la Resurreción de los muertos, y el Juicio Final.
En el cristianismo trinitario, este Dios encarnado es la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, engendrado por Dios Padre desde la eternidad, y que en la unidad del Espíritu Santo (surgido del Amor entre el Padre y el Hijo), es objeto de una misma adoración y Gloria por los siglos de los siglos, según el catequismo católico.
Hay, sin embargo, ciertos grupos minoritarios del cristianismo que rechazan la Trinidad, considerando a Jesús un ser de alta jerarquía pero no Dios mismo, identificándolo incluso con el ángel Miguel.
La palabra griega que equivale a Mashíaj es khristós, de donde procede la palabra Cristo. Este término fue ampliamente utilizado en la Septuaginta y el Nuevo Testamento.

1.1.1.14.El Talmud.

El Talmud (del hebreo instrucción o enseñanza) es una obra que recoge las discusiones rabínicas sobre la ley judía, ética, tradiciones, costumbres, narraciones y dichos, parábolas, historias y leyendas. Elaborado entre los siglos III y V, se trata de un inmenso código civil y religioso, redactado por los sectores hebreos de Babilonia y Palestina.
Existen dos conocidas ediciones del Talmud: el Talmud de Jerusalén, el primero, y el Talmud de Babilonia, redactado en dicha región mesopotámica. Ambas versiones fueron redactadas a lo largo de muchos siglos por generaciones de eruditos provenientes de muchas escuelas rabínicas establecidas desde la Antiguedad.
Para el judaísmo son importantes tanto la tradición oral como la escrita. La Ley Escrita, la Torah y el Talmud, tiene su origen último en tradiciones orales. Habiendo sido recopilados, redactados y escritos, conforman la tradición escrita del judaísmo, si bien varios conceptos expresados en el Talmud proceden de hagadot y de midrashim, es decir, relatos y narraciones propios de la tradición oral hebrea.
El Talmud extiende, cuestiona, explica y complementa el Tanaj, pero no puede, por definición, contradecir a la parte mas importante o la esencia misma de la Torah, en cuya unidad conforma la halajá, el cuerpo colectivo de las leyes religiosas judías, que comprende los 613 mitzvot (mandamientos), la subsecuente Ley Rabínica y Talmúdica y las costumbres y tradiciones recogidas en el Shulján Aruj (Código de la Ley Judía).
El Talmud está dividido en dos partes: la Mishná y la Guemará.
La Mishná (del hebreo, estudio, repetición), es un cuerpo exegético de la Ley Judía, que recoge y consolida la tradición oral judía desarrollada desde los tiempos de la Torah, y hasta su codificación en manos del rabino Yehuda Hanasí, hacia fines del siglo II. A su vez, la Mishná fue ampliada y comentada durante siglos por los sabios de Babilonia (la Guemará).
La Mishná está redactada en versículos cortos escritos en idioma hebreo, que clasifican, resumen, y consolidan, las numerosas leyes orales desarrolladas y comentadas por los sabios de la época, los tanaím. Los versículos conforman 527 capítulos, y estos, diversos tratados o masejtot. Todos ellos conforman los seis libros en que la Mishná se divide, y que comprenden prácticamente todos los ámbitos de la halajá judía. Estos libros son Zeraim (semillas, preceptos relacionados con el trabajo de la tierra), Moed (festividades, sobre fiestas, shabbat y ayunos), Nashim (mujeres, relacionado a la vida matrimonial), Nezikín (daños y perjuicios, compila la halajá referente al derecho civil y mercantil), Kodashim (santidades, leyes religiosas sobre el Templo de Jerusalén), y Tohorot (purificación, preceptos referentes a la purificación ritual del cuerpo).
En los tres siglos posteriores a la redacción de la Mishná, rabinos de la tierra de Israel y Babilonia, analizaron, debatieron y discutieron este trabajo. Estas discusiones conforman la Guemará (finalización), que pone foco en elucidar y elaborar las opiniones de los tamaín.
Los rabinos de la Guemará son conocidos como amoraim. Todas las fuentes tanaíticas no midráshicas son conocidas como baraitot. Una buena parte de la Guemará consiste en análisis legal. El punto de partida generalmente es una afirmación legal encontrada en la Mishná. La afirmación es entonces analizada y comparada con otras afirmaciones utilizadas como interpretaciones bíblicas, y presentadas en la forma de una discusión (frecuentemente anónima y a veces metafórica) entre dos rabinos disputantes, denominados el maskshan (cuestionador), y el tartzan (respondedor).
Otra función de la Guemará es identificar la correcta base bíblica para una ley en particular presentada en la Mishná, y el proceso lógico de conectar entre ambas fuentes. Esta actividad es conocida como talmud antes de la existencia del Talmud como texto.
En referente a la cuestión temática, el Talmud se divide en halajá y hagadá (del hebreo, narración o discurso), que comprende textos que no son legales, sino que tienen un carácter exegético, ético, homilético, histórico y/o proverbial.

1.1.1.15.Fariseos, saduceos, esenios y zelotes.

Los saduceos, también conocidos como zadokitas, son los descendientes del Sumo Sacerdote Sadoq, de la época de Salomón. El nombre de saduceos significa justos o rectos.
Eran la élite de la sociedad judía en tiempos de la dominación romana, y se encontraban divididos en dos grupos: los que ponían su fe exclusivamente en la Torah (los primeros cinco libros de la Biblia), rechazando el resto de los textos judíos, y los, mas minoritarios, que aceptaban la Biblia hebrea al completo.
Con todo, la mayoría de saduceos rechazaban, consecuentemente con su creencia, doctrinas como las de la vida después de la muerte, la resurrección, la existencia de los ángeles, o de los espíritus. Creían que Dios recompensaba aquí, en la Tierra, con lo que ellos, siendo ricos, eran el pueblo bueno. Según Flavio Josefo, creían en el libre albedrío y enfatizaban la libertad humana para escoger el bien y el mal.
Tomaban la Torah literalmente, rechazando las tradiciones rabínicas que mitigaban los castigos establecidos por Moisés. Eran, de hecho, tan rígidos, que el día que su código fue abolido por el Sanhedrin Farisaico, bajo el liderazgo de Simón ben Shetah, se celebró como una fiesta. Insistieron fuertemente en la literalidad de la Ley del Talión (ojo por ojo, y diente por diente), que rechazaron el Judaísmo Farisaico, y, posteriormente, el Judaísmo Rabínico.
Ya en la Edad Media, los caraítas (existentes hasta el día de hoy) se proclamaron sucesores de los saduceos, afirmando que la Torah sola nos brinda la totalidad de la información referente a los mitzvot, sin necesidad de ningún tipo de aclaración posterior.
Son mencionados en el Nuevo Testamento. El Evangelio de Mateo y los Hechos de los Apóstoles nos relatan que no creían en la resurrección de los muertos.

A diferencia de los saduceos, los fariseos si lograron que sus ideas fueran aceptadas entre el pueblo llano. Por eso, a la destrucción del Templo, los fariseos tomaron el control del judaísmo oficial, y lo transformaron a su imagen. El cargo de Sumo Sacerdote, destruido el Templo, se volvió innecesario y el culto se trasladó a la sinagoga (del hebreo, beit knéset, casa de reunión). De los antiguos fariseos surgió la línea rabínica ortodoxa de los doctores de la Ley, que fue la redactó los distintos Talmud.
Creían en la libertad humana, que si bien se veía influida por el destino, permite al hombre hacer lo que quiera con su vida. Creían en la inmortalidad del alma, y en que las almas de los malos serian confinadas en el Infierno para recibir su castigo, y las de los buenos en el Paraíso para ser premiadas.
Creían en la Resurrección. Las almas de los buenos recibirían un cuerpo nuevo, esta vez para toda la Eternidad. Aceptaban también la obligación de obedecer su tradición interpretativa referida a las obligaciones religiosas, y estaban dispuestos a obtener influencia política en la vida de Israel. Quizá contaron ya con cierto peso antes de Herodes, pero este se perdió a su reinado. El Nuevo Testamento menciona que Pablo era un fariseo antes de convertirse al cristianismo.

Los zelotes o zelotas, por su parte, fueron un movimiento político-nacionalista fundado por Judas el Galileo en el primer siglo después de Cristo. Fueron la facción judía mas violenta de su época, cuando se enfrentaron frecuentemente con fariseos y saduceos, a quienes acusaban de tener celo por el dinero. De hecho, hasta el día de hoy, la palabra zelota es en varios idiomas sinónimo de radicalismo militante. Algunos los han considerado incluso de los primeros grupos terroristas de la historia, puesto que utilizaban el asesinato de civiles que a su entender colaboraban con el gobierno romano para disuadir a otros de hacer lo mismo. Dentro del movimiento zelote, una vertiente conocida como sicarios se distinguió por su especial radicalidad y sectarismo.
Su objetivo era una Judea independiente del Imperio Romano, mediante la lucha armada, tal y como sucedió  en la Primera Guerra Judeo-Romana del 66-73, durante la cual controlaron Jerusalén hasta que la misma fue tomada por los romanos, que destruyeron el Templo, y tres años mas tarde ocuparon la fortaleza de Masada, último refugio zelote, hasta el suicidio de sus defensores.
El hace décadas fallecido Robert Eisler (judío, historiador del arte y erudito bíblico) creyó encontrar un vínculo entre el cristianismo naciente y el movimiento zelote. Según él, el mensaje de Jesús se correspondería al de un mesianismo político tendente a instaurar un reino, en caso necesario, en un Israel libre de romanos e idólatras.
Lo único que sabemos con certeza es que el mundo en que vivió Jesús estaba lleno de influencia zelota.
Judas el Galileo es mencionado como uno de sus líderes más relevantes y recordado por sus acciones en la época del primer censo en Judea, tal como figura en los Hechos de los Apóstoles. En el Nuevo Testamento es conocido el capítulo en la que la libertad de Barrabás, quien podría ser un líder zelote preso, es preferida por una muchedumbre a la de Jesús de Nazaret, atestiguando la popularidad de dicho movimiento en su época.

Uno de los discípulos de Jesús, escogido por él como apóstol, provenía posiblemente de este movimiento, pues es designado inequívocamente como Juan Simón el Zelote en el Evangelio de San Lucas.

La teoría mas aceptada en torno al surgimiento de los esenios es la que relaciona a los habitantes de Qumrán (lugar de descubrimiento de los Manuscritos del Mar Muerto, una gran cantidad de textos religiosos fechados entre los siglos III-I a.C.) con el movimiento esenio y coloca los orígenes del mismo en el grupo de los hasidim de la época macabea. Serían una suerte de escisión  de este grupo (caracterizado por su gran apego a la Ley Mosaica), por no estar de acuerdo con la política llevada a cabo por el Partido Nacionalista.

Josefo asegura en Antiguedades de los Judíos que en el siglo I a.C., los esenios eran un grupo en torno a cuatro mil personas en toda Judea. Vivían en comunas en el extraradio de las ciudades, aunque algunos de ellos se habían retirado de las mismas y habían roto con el Templo por conflictos en el calendario con el resto de los esenios, y el desacuerdo con el sacerdocio.

Estos esenios escindidos formaron la comunidad de Qumrán en el desierto del Mar Muerto, pues creían ser el último resto del verdadero Israel.
Una de las cracterísticas principales de la cosmovisión de los esenios es el fuerte determinismo. Consideraban que todo lo que ocurra está determinado previamente por Dios, todos los seres humanos están ya predestinados, Dios crea sabiendo cuál será el destino de lo creado. Sin embargo, también creían en la relativa libertad de elección de parte de los seres humanos, y que estos debían escoger la senda del bien (de la mano de los ángeles) dejando de lado la senda del mal (de la mano de Satán). Poseían una gran cantidad de libros de literatura religiosa propia, que estudiaban y aceptaban como sagrados con la misma intensidad que las mismas Escrituras. Estos libros versaban sobre el origen de la comunidad y los preceptos de la misma. Algunos esenios consideraban que podían adivinar e interpretar el futuro a través de los textos sagrados.

Los esenios estaban totalmente convencidos de la proximidad de la llegada del Reino de Dios, que vendría tras la lucha contra el mal, representado por todos aquellos pueblos que rechazaban la Ley de Moisés, principalmente los romanos. Las ideas mesiánicas de los esenios eran muy diversas, aunque la doctrina más generalizada es la creencia en la venida de un mesías doble: uno sacerdotal, encargado del cumplimiento de la Ley; otro guerrero, que libraría las batallas contra los extranjeros que dominaban Israel.

Entre sus creencias también se contaban la concepción corruptible del cuerpo y la inmortalidad del alma. Consideraban al cuerpo como la cárcel temporal. Como los griegos, pensaban que a las almas buenas les estaba reservada una morada mas allá del Océano, y a las malas una caverna oscura. Eran muy respetuosos con Dios y con Moisés, hasta el punto de que todo aquél que blasfemara contra ellos era castigado con la muerte. La observancia del Shabbat era muy estricta: era un día en que siquiera se atrevían a cambiar los objetos de lugar o a atender sus necesidades naturales.

Los interesados en ingresar al grupo recibían tres insignias: una azuela, un mandil y una túnica blanca. Tras tres años de preparación, hacían un juramento en que la persona se comprometía a una franqueza total con los hermanos y a guardar secreto ante los extraños acerca de las doctrinas de la orden. Sólo tras este tiempo de preparación podían integrarse totalmente a la comunidad.

Eran admitidos sólamente adultos, pero guardaban consigo a sus hijos para educarlos en sus principios. Muchos de ellos eran célibes, ya que observaban a la mujer como algo corrupto, pese a lo cual el matrimonio no les estaba prohibido. Josefo lo cuenta así en sus obras:

Desprecian el matrimonio, pero adoptan hijos de otros mientras aún son dóciles a sus enseñanzas (…) y los modelan según sus costumbres. (…) Se guardan de la lascivia de las mujeres y están persuadidos de que ninguna guarda fidelidad a uno solo.

Poseían una enorme cantidad de rituales, normalmente relacionado con la purificación y oraciones. Según palabras del gran historiador:

Para con la divinidad solo dicen son verdadera y singularmente piadosos. Así, antes de que nazca el sol (…) solo dicen ciertas oraciones tradicionales dirigidas a él. Después (…) de trabajar con tesón hasta la hora quinta (…) se lavan el cuerpo con agua fría (…) y van juntos a un edificio especial (…), un recinto sagrado. (…) El sacerdote dice una oración antes de la comida y nadie puede probar cosa alguna antes de la oración, después de comer añade una nueva oración; de forma que, tanto al principio como al fin, veneran a Dios como suministrador de lo necesario para la vida. Luego (…) vuelven nuevamente a sus trabajos hasta el atardecer.

Entre los esenios, nadie poseía mas que otro, pues había un organismo administrativo que se quedaba con los bienes que las personas tuvieran y se repartían todos por igual. Ocurre lo mismo con los salarios que ganan generalmente en la agricultura, el trabajo mas común entre los esenios. Les estaba prohibido dedicarse al comercio, así como comprar o vender de cualquier forma. Si necesitaban algo o se enfermaban, se les atendía desde el fondo común.

Son despreciadores de las riquezas (…) siendo imposible hallar entre ellos alguno que posea más que los otros (…), todos tienen, como hermanos, un solo patrimonio.

Estaban considerados por Josefo como maestros de la moral. Eran, en resumen, abstemios, sencillos y parcos en sus deseos. Comían y bebían lo justo para saciar el hambre y la sed. Evitaban las emociones pasionales, ya fuera deseo sexual, la rabia o la ira y no optaban a grandes posesiones, solo a lo que les era necesario, desechando únicamente lo que iba quedando inservible por el uso.

Aunque en general se establezca el esenismo como una corriente paralela a la de los fariseos o los saduceos, algunos investigadores, como el teólogo protestante Emil Schürer, los diferencian de entre estas corrientes al no formar un partido político, sino más bien una especie de “orden monacal”.



1.2.Jesús de Nazaret.

Por todos conocido, Jesús de Nazaret es probablemente la figura mas influyente de la historia del mundo. Tanto así, que incluso el calendario usado a día de hoy se basa en su supuesta fecha de nacimiento.
Según la opinión mayoritariamente aceptada en medios académicos, basada en el análisis crítico de las fuentes, Jesús (o Yeshúa, en hebreo) fue un predicador judío que nació en algún momento alrededor del año 0, y murió por crucifixión alrededor del año 30 de la Era Común, bajo el gobierno de Poncio Pilato.
Para la mayoría de denominaciones cristianas, es, como vimos, el Hijo de Dios, y siendo así, encarnación de Dios mismo. Su importancia radicaría entonces en que, con su muerte y posterior resurrección, el género humano fue redimido del pecado original de Adán y Eva, pudiendo acceder a la gloria celestial. En el judaísmo, se le considera no mas que otro falso Mesías y dios. Se niega su divinidad, puesto que esto es incompatible con la visión hebrea de Dios. En el Islam, por su parte, Jesús, llamado Isa, es el Mesías y uno de los profetas más importantes.
La mayor parte de la información que tenemos de Jesús procede de las tradición cristiana (aunque se le menciona en fuentes no cristianas), especialmente de la utilizada para componer los evangelios sinópticos (los evangelios canónicos de Mateo, Marcos y Lucas), redactados, según la opinión mayoritaria, unos treinta o cuarenta años, como mínimo, después de la muerte de Jesús.

1.2.1.Nacimiento.

Los relatos referentes al nacimiento e infancia de Jesús proceden exclusivamente de los evangelios de Mateo y Lucas. No hay relatos de este tipo en los evangelios de Marcos y Juan. Las narraciones de Mateo y Lucas difieren entre sí:

*El Evangelio de Mateo no relata ningún viaje previo al nacimiento de Jesús, por lo que se puede suponer que María y su esposo José vivían en Belén.. María quedó inesperadamente embarazada y José resolvió repudiarla, pero un ángel se le presentó en sueños anunciándole que el embarazo de María era obra del Espíritu Santo, y profetizó, con palabras del profeta Isaías, que su hijo será el Mesías que esperan los judíos.
Unos magos del Oriente llegaron por esas fechas Jerusalén preguntando por el rey de los judíos que acaba de nacer, lo que alerta a Herodes el Grande que resuelve acabar con cualquier posible rival. Los magos, guiados por una estrella, llegan a Belén y adoraron al niño. De nuevo, el ángel visitó a José advirtiéndole de la inminente persecución de Herodes, por lo que la familia huye a Egipto, permaneciendo allí hasta el aviso del ángel de la muerte del rey. Tras este, José retornó y se instaló con su familia en Galilea.

*El Evangelio de Lucas, por su parte, relata que María y José viven en la ciudad galilea de Nazaret. La historia de la concepción de Jesús se entrelaza aquí con la de Juan el Bautista-ya que en este Evangelio María e Isabel, madre del Bautista, son parientes-y el nacimiento de Jesús es notificado a María por el ángel Gabriel (la Anunciación). El emperador Augusto ordena entonces un censo con el cual cada uno debe empadronarse en su lugar de nacimiento, y José debe viajar a Belén, por ser originario de este lugar. Jesús nace en Belén mientras se encuentran de viaje, y es adorado por pastores. Lucas añade además breves relatos sobre la circuncisión de Jesús, sobre su presentación en el Templo, y su encuentro con los doctores, en que les admirar con su gran conocimiento, en un viaje realizado con motivo de la Pascua cuando contaba doce años.

En los evangelios de Mateo y Lucas se nos narra la genealogía de Jesús. El de Mateo se remonta al patriarca Abraham, mientras que el de Lucas nos lleva hasta Adán, el primer hombre según el Génesis. Ambas genealogías son idénticas hasta David, pero difieren a partir de este último, ya que la de Mateo hace a Jesús descendiente de Salomón, mientras que la de Lucas lo hace descendiente de Natam, otro de los hijos de David. En todo caso, lo que se muestra es la ascendencia de José, a pesar de que según los relatos dela infancia, este sólo había sido padre adoptivo de Jesús.

La llegada de Jesús fue profetizada por el Bautista, por quien fue bautizado en el río Jordán. Durante el bautismo, el Espíritu de Dios, en forma de paloma, descendió sobre Jesús y se escuchó la Voz de Dios.

Según los evangelios sinópticos, el Espíritu condujo a Jesús al desierto, donde ayunó durante cuarenta días, y superó las tentaciones a que el Demonio lo sometió. No se menciona este episodio en el Evangelio de Juan. Después, Jesús marchó a Galilea, se estableció en Cafarnaún, y comenzó a predicar la llegada del Reino de Dios.
Acompañado de sus seguidores, recorrió las regiones de Galilea y Judea predicando el Evangelio (la Buena Noticia) y realizando numerosos milagros.
El orden de los hechos y dichos de Jesús varía según los diferentes relatos evangélicos. Tampoco se indica cuánto tiempo duró la vida pública de Jesús, aunque el Evangelio de Juan menciona que Jesús celebró la fiesta anual de la Pascua judía (Pésaj) en Jerusalén en tres ocasiones. En cambio los Evangelios sinópticos mencionan solo la fiesta de Pascua en la que Jesús fue crucificado.

Gran parte de los hechos  de la vida pública de Jesús narrados en los evangelios, tienen como escenario la zona septentrional de Galilea, en las cercanías del mar de Tiberíades, o lago de Genesaret, especialmente en la ciudad de Cafarnaún, pero también en otras, como Corozaín o Betsaida. También visitó, en el Sur de la región, localidades como Caná o Naín, y la aldea en que había sido criado, Nazaret, donde fue recibido con hostilidad por sus antiguos vecinos. Su predicación se extendió también a Jerusalén, que visitó tres veces desde el comineo de su vida pública, y estuvo en Jericó y Betania, donde resucitó a su amigo Lázaro.

Escogió a sus principales seguidores, llamados por los evangelios, apóstoles, en número de doce de entre el pueblo de Galilea. En los sinópticos, estos fueron: Simón, llamado Pedro y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Zelote y Judas Iscariote, el que posteriormente traicionaría a Jesús.
Algunos de ellos eran pescadores. Mateo se identifica frecuentemente con Leví el de Alfeo, un publicano de quien los tres sinópticos narran cómo fue narrado por Jesús, lo que acarreo al Cristo numerosos reproches de los fariseos.

El Evangelio de Juan sólo menciona por nombre a nueve de los apóstoles, aunque en varias partes se deja en claro que eran doce.

Predicó tanto en sinagogas como al aire libre, y las muchedumbres se congregaban para escuchar sus palabras. Entre sus discursos, destaca el llamado Sermón del Monte, en el Evangelio de Mateo, en que se instauró la oración cristiana por excelencia: el Padre Nuestro.

Utilizó a menudo parábolas para explicar a sus seguidores el Reino de Dios. Las parábolas de Jesús son breves relatos cuyo contenido es enigmático (ha menudo han de ser explicadas a posteridad por él). Tienen en general un contenido escatológico, y aparecen exclusivamente en los Evangelios sinópticos. Entre las más conocidas están la Parábola del Sembrador, la del Grano de Mostaza, la del Trigo y la Cizaña, la de la Oveja Perdida, la de los Dos Hijos, la de los Talentos, y la del Juicio Final.

Mantuvo controversias con miembros destacables de las más importantes sectas del judaísmo de la época, y muy especialmente con los fariseos, a quienes acusaba de hipocresía y de no cuidar lo más importante de la Torah: la justicia, la compasión y la lealtad.

La originalidad de su mensaje radicaba en la importancia que daba al amor a los enemigos, así como en su estrechísima relación con Dios a quien llamaba en arameo Abba (Padre), que ni Marcos ni Pablo traducen. Se trata de un Dios cercano que busca a los marginados, a los oprimidos,  y a los pecadores, para ofrecerles Su Misericordia.

En cuanto a los milagros de Jesús, se cuentan veintisiete, entre los cuales se cuentan catorce curaciones milagrosas, cinco exorcismos, tres resurrecciones, dos prodigios de tipo natural, y tres signos extraordinarios, con un alto contenido simbólico.

En esos tiempos, los escribas, fariseos, y otros, atribuyeron a una confabulación con Baal Zabub (conocido en español como Belcebú) este poder de expulsar a los demonios, de lo que Jesús se defendió enérgicamente. Según los relatos evangélicos, Jesús no sólo tenía el poder de expulsar a los demonios, sino que transmitió ese poder a sus seguidores. Incluso se menciona el caso de un hombre que, sin ser seguidor de Jesús, era capaz de expulsar demonios en su nombre.

Los Evangelios sinópticos relatan que Jesús subió a un monte a orar con sus apóstoles, y mientras oraba se transformó el aspecto de su rostro, y su vestido se volvió blanco y resplandeciente. Aparecieron junto a él Moisés y Elías. Los apóstoles dormían mientras tanto, pero al despertar vieron a Jesús junto a los dos profetas. Pedro sugirió hacer tres tiendas para ellos. Entonces, apareció una nube en el cielo, y una Voz se oyó diciendo: Este es Mi Hijo elegido, escuchadle. Los apóstoles no contaron lo que habían visto.

Según los cuatro evangelios, Jesús viajó en una ocasión a Jerusalén para celebrar la Fiesta de Pascua. Entró a lomos de un asno, para que se cumplieran las palabras del profeta Zacarías: He aquí que tu rey viene a ti, manso y montado sobre un asno, sobre un pollino hijo de una bestia de carga.

Fue recibido por la multitud, quien lo aclamó como hijo de David (en cambio, según el Evangelio de Lucas fue aclamado sólo por sus discípulos). En los evangelios de Lucas y Juan, Jesús es aclamado como rey.
Según los Evangelios sinópticos, a continuación fue al Templo de Jerusalén, y expulsó de allí a los cambistas y a los vendedores de animales para sacrificios rituales (el Evangelio de Juan, ubica este suceso en cambio al comienzo de la vida pública de Jesús, y lo relaciona con una profecía de la destrucción del Templo.

En Betania, cerca de Jerusalén, fue ungido con perfumes por una mujer. Según los sinópticos, la noche de Pascua cenó en Jerusalén con los apóstoles, en lo que en la tradición cristiana se denomina como Última Cena. En el transcurso de esta cena pascual, Jesús predijo que sería traicionado por uno de los apóstoles, Judas Iscariote. Tomó pan en sus manos, diciendo: Tomad y comed, este es mi cuerpo. A continuación, cogiendo un cáliz de vino, dijo: Bebed de él todos, porque esta es la sangre de la Alianza, que será derramada por la multitud para la remisión de los pecados.

Profetizó también, según los sinópticos, que no volvería a beber vino hasta que no lo bebiera de nuevo en el Reino de Dios.

Tras la cena, según los sinópticos, Jesús y sus discípulos fueron a orar al huerto de Getsemaní. Los apóstoles, en lugar de orar, se quedaron dormidos, y Jesús sufrió un momento de fuerte angustia con respecto a su destino, aunque decidió acatar la voluntad de Dios.

Judas había efectivamente traicionado a Jesús, para entregarlo a los sacerdotes y los ancianos de Jerusalén a cambio de treinta piezas de plata. Acompañado de un grupo armado de espadas y garrotes, enviado por los mencionados, llegó a Getsemaní, y reveló la identidad de Jesús besándolo en la mejilla. Jesús fue entonces arrestado, no sin resistencia de parte de sus apóstoles, que sin embargo se dispersaron y huyeron.

Tras su detención, Jesús fue llevado a casa del sumo sacerdote Caifás. Allí, fue juzgado ante el Sanhedrin. Se presentaron falsos y contradictorios testimonios, que por obvias razones no fueron aceptados. Finalmente, Caifás preguntó a Jesús si era él el Mesías, a lo que este replicó: Tú lo haz dicho. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras ante lo que consideraba una blasfemia. Los miembros del Sanhedrin escarnecieron cruelmente a Jesús. En el Evangelio de Juan, este fue llevado primero ante Anás, suegro de Caifás, y luego ante este último. Sólo se detalla el interrogatorio ante Anás bastante diferente al que aparece en los sinópticos. Pedro, que había seguido a Jesús en secreto tras su detención, se encontraba oculto entre los sirvientes del sumo sacerdote. Reconocido como discípulo suyo por los sirvientes, le negó tres veces, (dos según el Evangelio de Juan), como él le había profetizado.
A la mañana siguiente, Jesús fue llevado ante Poncio Pilato, el procurador romano de la región. Tras interrogarle, Pilato no le halló culpable, y pidió a la muchedumbre que eligiera entre liberar a Jesús o a un posible zelote llamado Barrabás. La multitud, persuadida por los sacerdotes, pidió que se liberase a Barrabás, y que Jesús fuese crucificado. Pilato se lavó simbólicamente las manos para denotar su inocencia ante la muerte de Jesús.

Jesús fue azotado, lo vistieron de un manto rojo, le pusieron en la cabeza una corona de espinas y una caña en su man derecha. Los romanos se burlaban de él diciendo: Salud, rey de los judíos.
Fue obligado a cargar la cruz en que iba a ser ejecutado hasta un lugar llamado Gólgota, que en arameo significa lugar del cráneo. Le ayudó a llevar la cruz un hombre llamado Simón de Cirene.

Dieron de beber a Jesús vino con hiel, que probó pero no quiso tomar. Tras crucificarlo, los soldados se repartieron sus vestiduras. En la cruz, sobre su cabeza, pusieron un cartel en arameo, griego y latín con el motivo de su condena: Este es Jesús, rey los judíos, que a menudo en pinturas se abrevia INRI.

Hacia las tres de la tarde, Jesús proclamo según los evangelios de Mateo y Marcos: Dios mío, Dios mío ¿Por qué me haz abandonado?

Las palabras finales de Jesús difieren en los otros dos evangelios. También hay diferencia en cuanto a qué discípulos de Jesús estuvo con él en Gólgota. En Mateo y Marcos, son varias de las mujeres seguidoras de Jesús. En  el Evangelio de Juan, se menciona también a la madre de Jesús y al discípulo a quien amaba (el apóstol Juan, según la tradición cristiana).

Un seguidor de Jesús, de nombre José de Arimatea, solicitó a Pilato el cuerpo de Jesús la misma tarde del Viernes en que había muerto, y lo depositó en un sepulcro excavado en la roca. Cubrió el sepulcro con una gran piedra. Según el Evangelio de Mateo, al día siguiente los sacerdotes y fariseos pidieron a Pilato que colocase una guardia armada, para evitar que los seguidores de Jesús robasen su cuerpo y difundieran el rumor de que había resucitado, a lo que este accedió.

Los cuatro evangelios relatan que Jesús resucitó de entre los muertos, al tercer día después de su muerte, y se apareció a sus discípulos en varias ocasiones. En todos ellos, la primera  en descubrir  la resurrección de  Jesús es María Magdalena. Dos de los evangelios (Marcos y Lucas) relatan también su ascensión al Cielo. Los relatos sobre Jesús resucitado varían, sin embargo, según los evangelios:

En el Evangelio de Mateo, María Magdalena y la otra María fueron al sepulcro en la mañana del Domingo. Sobrevino un terremoto, y un ángel vestido de blanco removió la piedra del sepulcro, y se sentó sobre ella. Los guardias, que presenciaron la escena, temblaron de miedo, y se quedaron como muertos. El ángel anunció a las mujeres la resurrección de Jesús, y les encargó que dijeran a los discípulos que fueran a Galilea, donde podrían verle. Al regresar, el propio Jesús les salió al encuentro, y les repitió la orden del ángel. Entre tanto, los guardias avisaron a los sacerdotes de lo ocurrido. Estos los sobornaron para que divulgaran la idea de que los discípulos habían robado su cuerpo. Los once discípulos restantes (puesto que Judas se había suicidado a causa del arrepentimiento) fueron  a Galilea, y Jesús les hizo el encargo de predicar el Evangelio.

En el Evangelio de Marcos, tres seguidoras de Jesús, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé, fueron al sepulcro el Domingo, muy de mañana, con la intención de ungir a Jesús con perfumes. Vieron que la piedra que cubría el sepulcro estaba removida, y que dentro de este había un joven  vestido con una túnica blanca, que les anunció que Jesús había resucitado, y les ordenó que dijesen a los discípulos  y a Pedro que fuesen a Galilea para así verlo.  Se indica que María y sus compañeras no dijeron nada a nadie, pues tenían miedo. A continuación, Jesús se apareció a María Magdalena, y que esta dio al resto de seguidores de Jesús la Buena Noticia (en griego, Evangelio), pero no se le creyó. Jesús volvió a aparecerse, esta vez a dos que iban de camino. Cuando estos dos contaron lo ocurrido, tampoco se les creyó. Finalmente, se apareció a los once apóstoles, a los que se reprendió por no haber creído en su resurrección. Les encomendó predicar el Evangelio, y tras esto subió al Cielo, donde está sentado a la derecha de Dios.

En el Evangelio de Lucas, algunas mujeres, entre las que se cuentan María Magdalena, Juana y María de Santiago, y otras cuyos nombres no se mencionan acudieron al sepulcro para ungir a Jesús con perfumes. Encontraron removida la piedra del sepulcro, entraron en él, y no encontraron el cuerpo. Entonces se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes, quienes les anunciaron la resurrección. Las mujeres hicieron el anuncio a su vez a los apóstoles, quienes no les creyeron, excepto Pedro, que fue al sepulcro y comprobó que el cuerpo de Jesús había desaparecido. Ese día Jesús se apareció a dos discípulos que caminaban de  Jerusalén a Emaús, que lo recordaron en el momento de la fracción del pan. Poco después se presentó antes los once, que creyeron que se trataba de un espíritu, pero les demostró que era él en carne  hueso, y comió en su presencia.

Les explicó el sentido de su muerte y resurrección y, mas tarde, los llevó cerca de Betania, donde ascendió al Cielo.

En el Evangelio de Juan, María Magdalena fue al sepulcro muy de madrugada, y descubrió que la piedra había sido removida. Corrió en busca de Pedro y del discípulo a quien Jesús amaba para avisarles. Los dos corrieron hacia el sepulcro. El discípulo a quien Jesús amaba llegó primero, pero no entró. Pedro entró primero y vio las fajas y el sudario, pero no el  cuerpo. El otro discípulo entró después y vio y creyó. Magdalena se quedó fuera, y se le aparecieron dos ángeles vestidos de blanco. Le preguntaron: ¿Por qué lloras, mujer?. A esto, ella contestó: Porque han tomado a mi Señor, y no se donde lo han puesto. Se volvió hacia atrás y vio a Jesús resucitado, quien le preguntó a su vez porqué lloraba. María lo confundió con el hortelano, y le preguntó donde había puesto a su señor.
Jesús la llamó: ¡María!, a lo que esta contestó: ¡Rabbuní! Jesús le pidió que no lo tocara, ya que aún no había subido al Padre, y pidió que notificara a sus hermanos de esto. Magdalena fue entonces a anunciar lo ocurrido a los discípulos. Ese mismo día, por la tarde, Jesús se apareció en el lugar en que los discípulos estaban escondidos por temor de los judíos. Les saludó diciendo: Hevenu shalom a'lejem (La paz sea con vosotros), y, soplando, les envió el Espíritu Santo. Uno de los once, Tomás, no estaba con el resto cuando aconteció la aparición de Jesús, y no creyó que el aparecido fuera realmente él. Ocho días después, Jesús reapareció, permitiéndole a Tomás tocar sus heridas. Así, este finalmente creyó. Más adelante, Jesús se apareció a siete de sus discípulos que se encontraban pescando en el mar de Tiberíades. No habían pescado nada. Les pidió que volvieran a echar la red y la sacaron llena de peces. Entonces lo reconocieron y comieron con él panes y peces. Tras esto, se relata una conversación entre Jesús y Pedro, en que interviene también el discípulo amado.

1.2.2.El judaísmo y la mesianidad de Jesús.

Según los autores del Nuevo Testamento, Jesus cumplimentó con varias profecías mesiánicas del Antiguo. Sin embargo, esto no llevó a los judíos de aquél tiempo, y menos aún a los de ahora, a aceptar la mesianidad del Cristo. Ahora...¿Realmente es cierta esta afirmación?

Las razones por las que los judíos consideran a Jesús un falso Mesías son varias:

En principio, y quizá la mas importante, Jesús no cumplió, según los judíos, con las profecías mesiánicas. Se supone, según su interpretación de la Biblia, que el Mesías tiene que construir el Tercer Templo (Ezequiel 37:26-28), reunir a todos los judíos de regreso en la tierra de Israel (Isaías 43:5-6), traer una era de paz mundial, acabar con el odio, la opresión, el sufrimiento y la enfermedad (Isaías 2:4),  y esparcir un conocimiento universal  sobre el Dios de Israel (Zacarías 14:9).
El libro de Zacarías también nos muestra al parecer a un mundo gentil aceptando la veracidad de la fe judía.

Todos los que sobrevivan de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a HaShem de los ejércitos, y para celebrar la fiesta de los Tabernáculos.-Zacarías 14:16.

Es evidente que Jesús no cumplió hasta la fecha con ninguna de estas profecías. Y aunque es aquí donde alguien podría argumentar que las cumplirá en el futuro, yo podría así mismo decir que soy el Mesías, y que lo probaré cuando vuelva, como hizo cierto rabino en un debate contra un cristiano que tuve la oportunidad de ver. Completamente distinto es el caso de quien argumenta que se refiere a un texto simbólico.

También se argumenta en los debates como el tema que las traducciones del texto bíblico referentes a Jesús son erróneas. A veces, hasta malintencionadas manipulaciones. Veamos algunos ejemplos:

*Una virgen dando a luz: El libro de Isaías describe un almá dando a luz. La palabra hebrea almá siempre ha significado una mujer joven. Pero los teólogos cristianos con frecuencia la traducen como virgen.
*Crucifixión: En Salmos 22:17, se dice: Como un león ellos están en mis manos y pies. La palabra keari (como un león) es gramaticalmente similar a la palabra hebrea para clavado. Siendo así, el cristianismo lee: Ellos perforaron mis manos y pies.

*Un siervo sufriente: Los cristianos sostienen que Isaías 53 se refiere a Jesús. Sin embargo, esto es improbable, dado el contexto del capítulo:

1) ¿Quién ha creído nuestro anuncio? ¿Sobre quién se ha manifestado el brazo del Eterno?
(2) Subió como un retoño delante de él, y como una raíz de tierra seca. No hay parecer en él, ni hermosura; lo vimos, pero no tenía atractivo como para que lo deseáramos.
(3) Fue despreciado y desechado por los hombres, varón de dolores y experimentado en la enfermedad. Y como si escondiera su rostro, lo menospreciamos y no lo estimamos.
(4) Ciertamente él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores. Nosotros le tuvimos por azotado, como herido por HaShem, y afligido.
(5) Pero a él lo han angustiado nuestras transgresiones, nuestros pecados lo han afligido. El castigo que nos trajo paz fue sobre él, y en sus heridas fuimos nosotros sanados.
(6) Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; cada cual se apartó por su camino. Y el Eterno lo hirió, con el pecado de todos nosotros.
(7) Él fue oprimido (económicamente) y afligido, pero no abrió su boca. Como un cordero, fue llevado al matadero; y como una oveja que enmudece delante de sus esquiladores, así no abrió su boca.
(8) Por medio de la opresión y del juicio fue quitado. Y respecto a su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y a causa de la transgresión de mi pueblo fueron heridos.

(9) Y dispuso con los impíos su sepultura, y con los ricos en sus muertes. Aunque nunca hizo violencia, ni hubo engaño en su boca.

(11) Por su vivo esfuerzo verá y quedará satisfecho. En su conocimiento mi siervo justo hará lo justo para muchos, y sus pecados él tolerará.

(12) Por tanto, yo le daré parte con los muchos y con los fuertes repartirá botín, porque derramó su vida hasta la muerte, y a los transgresores ha contado; y él que llevó el pecado de muchos, para los transgresores intercederá.

Vamos a ver: En la Biblia, con frecuencia se habla de Israel como el siervo de Dios. En particular, en el libro de Isaías, se nos dan varios ejemplos de este trato:

"Pero tú, oh Israel, eres Mi siervo; tú, oh Iaacov, a quien escogí, descendencia de Avraham mi amigo. Yo te tomé de los extremos de la tierra, y de sus regiones más remotas te llamé diciéndote: 'Tú eres Mi siervo; Yo te he escogido y no te he desechado."- Isaías 41:8-9.

Mi siervo eres tú, oh Israel; en ti Me gloriaré-Isaías 49:3.

Es quizá irónico el que muchos judíos consideren a Isaías 53 un preludio de la persecución de los judíos en nombre de Jesús.

Por si le interesa a usted, estimado lector, conocer una más completa respuesta judía a esta interpretación, le dejo este enlace.

1.2.3.Controversia con respecto a su existencia.

La cuestión de la fiabilidad histórica de los evangelios está reñida. Están los que consideran que los cuatro evangelios canónicos cumplen con los principales criterios de fiabilidad histórica, y los que consideran que muy poco en ellos puede considerarse históricamente fiable.

Casi todos los eruditos antiguos consideran que Jesús existió históricamente. Sin embargo, difieren sobre la historicidad de los eventos narrados en el Nuevo Testamento, y los únicos dos sujetos a asentimiento (casi) universal son su crucifixión por órdenes de Poncio Pilato y su bautismo por parte de Juan el Bautista. Eventos cuya autenticidad histórica son objeto de debate son las dos narraciones de su nacimiento, los eventos milagrosos, y detalles en cuanto a su crucifixión.

Los historiadores someten a los evangelios a un exámen crítico, en un intento por diferenciar mejor lo auténtico de posibles invenciones, exageraciones y alteraciones.

Puesto que hay mas variantes del Nuevo Testamento (200-400 mil) que letras en sus escritos, los estudiosos utilizan la crítica textual para determinar que variantes del Evangelio pueden considerarse como originales. Para responder a esta pregunta, los historiadores tienen que preguntarse quien, cuando y para qué se escribieron los evangelios, y cuan alejadas estaban las fuentes de las historias que narran, o si se alteraron después.

Para analizar la fiabilidad de estas fuentes, los estudiosos también pueden mirar la evidencia interna del texto. Por ejemplo, si este cita adecuadamente elementos del Tanaj judío, si hace afirmaciones incorrectas sobre geografía, o si el autor parece estar ocultando deliberadamente información.

Por último, los investigadores recurren a fuentes externas, como testimonios de líderes de la Iglesia primitiva, escritores fuera la Iglesia (principalmente judíos, griegos y romanos) que habrían sido mas propensos a criticarla, y la evidencia arqueológica.

Los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas son referidos como los evangelios sinópticos, debido a su similar redacción y secuencia. Mas aún, coinciden con frecuencia palabra por palabra, siendo el de Marcos la fuente primaria de información acerca de Jesús.

En cuanto al Evangelio de Juan, este fue probablemente compuesto en Éfeso, aunque otras posibilidades son Antioquía, Palestina y Alejandría. Algunos estudiosos creen que las enseñanzas de Jesús en este evangelio no pueden conciliarse con las de los otros tres.
En la perspectiva mayoritaria, es poco probable que el apóstol Juan escribiera el Evangelio que lleva su nombre. Muchos estudiosos creen que el discípulo amado es una persona que escuchó y siguió a Jesús, y el Evangelio de Juan se basa en buena medida en el testimonio de este discípulo. Se lo data hacia el 80-95 d.C.

Sobre la consistencia interna de los evangelios, no hay, como vimos, mucho que decir: Estos están llenos de contradicciones importantes, siendo las más destacables las que rodean a la muerte de Jesús, y las de otra muerte, la de Judas: En Mateo 27:3-8, Judas lanza el dinero recibido por la entrega de Jesús en el templo antes de ahorcarse. Los sacerdotes del templo no quisieron regresar el dinero manchado a la tesorería, y en su lugar lo usaron para comprar un terreno conocido como Campo del Alfarero, como una parcela para la sepultura de los extranjeros. En Hechos 1:18, por su parte, Judas utiliza el dinero de los sobornos para comprar ese mismo campo, y su muerte se atribuye a lesiones por una caída.

La Mishná hebrea parece referirse a Jesús en algunos pasajes, mas sólo para desacreditarlo y no para negar su existencia.

La hipótesis del mito de Jesús tiene, como vimos, muy poco apoyo en el mundo moderno, pese a haber una gran cantidad de posibles candidatos al Jesús histórico. La idea detrás de esta hipótesis es que, o  bien Jesús fue una invención absoluta, o bien no tuvo nada que ver con el surgimiento del cristianismo y los relatos de los evangelios. Esta hipótesis tuvo, pese a todo, su apoyo a lo largo de la historia. Su punto álgido fue en tiempos de la extinta Unión Soviética, donde fue apoyada por Sergey Kovalev, Alexander Kazhdan, Abram Ranovich, Nikolai Rumyantsev, Robert Wipper y Yuri Frantsev, entre otros. Mas tarde, sin embargo, varios estudiosos, entre ellos Kazhdan, se habían retractado de su punto de vista sobre Jesús, y a finales de la década de 1980 el apoyo a la teoría se volvió prácticamente inexistente en el mundo académico soviético.

Algunas de las principales evidencias de la existencia de Jesús son los testimonios de autores no cristianos de la época, como lo son los de:

Tácito: El historiador romano menciona a Cristo en sus Anales escritos hacia el 116 d.C. al hablar sobre Nerón y el incendio de Roma en el año 64. Informa de la sospecha de que el emperador mismo había ordenado el fuego, y como para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba “crestianos”, [un grupo] odiado por sus abominables crímenes. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato. Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo, no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo

Pilinio el Joven: Procónsul de Bitinia, del 111 al 113, y sobrino de Pilinio el Viejo. Se conservan diez libros de cartas que escribió. En la carta 96 del libro 10 escribe al emperador Trajano, para preguntarle que debía hacer con los cristianos, a los que condenaba si eran denunciados. En ella cita tres veces a Cristo, y señala que los cristianos decían que toda su culpa consistía en reunirse un día antes del alba y cantar un himno a Cristo como a un dios: Decidí dejar marcharse a los que negasen haber sido cristianos, cuando repitieron conmigo una fórmula invocando a los dioses e hicieron la ofrenda de vino e incienso a tu imagen, que a este efecto y por orden mía había sido traída al tribunal junto con las imágenes de los dioses, y cuando renegaron de Cristo (Christo male dicere). Otras gentes cuyos nombres me fueron comunicados por delatores dijeron primero que eran cristianos y luego lo negaron. Dijeron que habían dejado de ser cristianos dos o tres años antes, y algunos más de veinte. Todos ellos adoraron tu imagen y las imágenes de los dioses lo mismo que los otros y renegaron de Cristo. Mantenían que la sustancia de su culpa consistía sólo en lo siguiente: haberse reunido regularmente antes de la aurora en un día determinado y haber cantado antifonalmente un himno a Cristo como a un dios. Carmenque Christo quasi deo dicere secum invicem. Hacían voto también no de crímenes, sino de guardarse del robo, la violencia y el adulterio, de no romper ninguna promesa, y de no retener un depósito cuando se lo reclamen. Trajano contestó a Pilinio diciéndole que no buscara a los cristianos pero que, cuando se les acusara, debían ser castigados a menos que se retractaran.

Suetonio: Hace referencia en su libro Sobre la Vida de los Césares, donde narra la vida de los primeros doce emperadores romanos. En el libro V se refiere a un tal Chrestus, al mencionar la expulsión de los judíos de Roma ordenada por el emperador Claudio: Expulsó de Roma a los judíos que andaban siempre organizando tumultos por instigación de un tal Chrestus. La mayoría de los historiadores coinciden en que Chrestus es Cristo, porque era frecuente que los paganos confundieran Christus y Chrestus y no existe ningún testimonio sobre algún Chrestus agitador desconocido.

Luciano: El escritor griego Luciano de Samosata satiriza a los cristianos en su obra La Muerte de PeregrinoConsideraron a Peregrino un dios, un legislador y le escogieron como patrón…, sólo inferior al hombre de Palestina que fue crucificado por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres [...]Su primer legislador les convenció de que eran inmortales y que serían todos hermanos si negaban los dioses griegos y daban culto a aquel sofista crucificado, viviendo según sus leyes.

Mara Bar Sarapión: Filósofo estoico de la provincia romana de Siria. En una de sus cartas a su hijo, se refiere así aparantemente a Jesús, aunque no lo menciona por nombre: ¿Qué provecho obtuvieron los atenienses al dar muerte a Sócrates, delito que hubieron de pagar con carestías y pestes? ¿O los habitantes de Samos al quemar a Pitágoras, si su país quedó pronto anegado en arena? ¿O los hebreos al ejecutar a su sabio rey, si al poco se vieron despojados de su reino? Un dios de justicia vengó a aquellos tres sabios. Los atenienses murieron de hambre; a los de Samos se los tragó el mar; los hebreos fueron muertos o expulsados de su tierra para vivir dispersos por doquier. Sócrates no murió gracias a Platón; tampoco Pitágoras a causa de la estatua de Era; ni el rey sabio gracias a las nuevas leyes por él promulgadas.

Celso: Filósofo griego que vivió en el siglo II. En Discurso Verdadero, ataca a los cristianos. Aunque no se conserva su libro, sí se conservan muchas de sus citas por la refutación de Orígenes, de unos 70 años después.

Sin embargo, quizá el mas famoso es el así llamado Testimonio Flaviano.  Se denomina así a los párrafos 63 y 64 del capítulo XVIII del libro Antiguedades Judías, escrito por el historiador judío Flavio Josefo, en los que se menciona claramente a Jesús, llamado Cristo. Si bien gran parte de su texto presenta interpolaciones posteriores, se mantiene un núcleo auténtico.

Las Antiguedades Judías son una crónica escrita hacia el 93 d.C., que narra la historia del pueblo judío de forma razonablemente completa.

Josefo no menciona a los líderes del pequeño grupo de cristianos, ni a María. Sin embargo, dos párrafos tratan directa e indirectamente a Jesús:

Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio [si es que es correcto llamarlo hombre, ya que fue un hacedor de milagros impactantes, un maestro para los hombres que reciben la verdad con gozo], y atrajo hacia Él a muchos judíos [y a muchos gentiles además. Era el Cristo]. Y cuando Pilato, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado a la Cruz, aquellos que lo habían amado primero no le abandonaron [ya que se les apareció vivo nuevamente al tercer día, habiendo predicho esto y otras tantas maravillas sobre Él los santos profetas]. La tribu de los cristianos, llamados así por Él, no ha cesado de crecer hasta este día.-Antiguedades Judías, 18,3,3.

Acerca de su autenticidad, hay posiciones enfrentadas:

Primero, están los que consideran al pasaje entero como falso. Los fundamentos principales de esta visión son:

*Josefo no podía representar a Jesús como un simple moralista y por otra parte no podría enfatizar las expectativas y profecías mesiánica sin herir las susceptibilidades romanas.

*El pasaje mencionado arriba parece haber sido desconocido por Orígenes y los primeros escritores patrísticos.

Un segundo grupo no considera la totalidad del pasaje como falso, pero sí sostiene que existe una interpleación de las partes marcadas arriba con corchetes. Las razones asignadas para esta posición son las siguientes:

*Josefo debe haber mencionado a Jesús, pero no puede haberlo reconocido como el Cristo, por lo que parte del texto actual flaviano debe ser genuina y parte interpolada.

*Igualmente, la misma conclusión se sigue del que Orígenes conocía un texto del autor judío acerca de Jesús, pero no le era familiar el analizado, ya que, de acuerdo con el gran doctor de Alejandría, Josefo no creía que Jesús fuera el Mesías.

Esta hipótesis recibió una sólida confirmación en 1971, al descubrirse la versión árabe del texto de Josefo, que no contenía las interpolaciones cristianas:

En este tiempo existió un hombre de nombre Jesús. Su conducta era buena y era considerado virtuoso. Muchos judíos y gente de otras naciones se convirtieron en discípulos suyos. Los convertidos en sus discípulos no lo abandonaron. Relataron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo. Según esto fue quizá el mesías de quien los profetas habían contado maravillas.

Un tercer grupo considera que el pasaje completo de Josefo, tal y como se encuentra hoy en día, es genuino. Sus argumentos son:

*Primero, todos los códices o manuscritos del trabajo de Josefo contienen la cita en cuestión. Para sostener tal falsificación deberíamos admitir que todas las copias de libro estaban en manos cristianas, y fueron cambiadas de la misma manera.

*Si bien es cierto que ni Tertuliano ni Justino utilizan el pasaje de Josefo acerca de Jesús, es probable que su silencio se deba al desprecio del mundo judío de la época hacia Josefo, y a la relativamente poca autoridad que tenía entre los lectores romanos. Los escritores de la época de Tertuliano podían recurrir a testigos vivos de la tradición apostólica.

*Eusebio, Sozomeno, Nicéforo , Isidoro de Peluium, San Jerónimo, Ambrosio, Casiodoro, etc., recurren al testimonio de Josefo, por lo que en el tiempo de estos ilustres escritores no debían de existir dudas en cuanto a su autenticidad.

*El silencio de Josefo acerca de Jesús hubiera sido un testimonio aún mas elocuente del que tenemos del presente texto. Este último no contiene ninguna afirmación que sea incompatible con su origen flaviano: El lector romano necesitaba la información de que Jesús era el Cristo, el fundador de la religión cristiana. Las maravillosas obras de Jesús y su resurrección eran permanentemente mencionadas por los cristianos de tal manera que sin estos atributos el Jesús de Josefo no hubiera sido reconocido como el fundador de la religión cristiana.